Onomatopeyas de Estados: Kira-kira, Pika-pika y el Mundo Visual Japonés

Veinte palabras japonesas para mirar el mundo: kira-kira, pika-pika, sube-sube, sukkiri. J-Beauty, Marie Kondo y la mirada perfeccionista del archipiélago.

Diego, periodista cultural barcelonés de cuarenta y un años con dos décadas de experiencia cubriendo cine asiático para La Vanguardia, aterriza en el aeropuerto de Narita un miércoles a las dos y diez de la tarde, durante su primer viaje a Tokio. Es una de esas visitas mil veces imaginadas que se acaba materializando tras un cierto rodeo profesional —Diego había escrito sobre Kurosawa, Ozu, Kore-eda, Hamaguchi durante veinte años sin haber pisado Japón nunca, una situación habitual entre cinéfilos europeos que cubren cine asiático desde Europa— y trae todas las expectativas saturadas del que ha leído mucho sobre el país antes de visitarlo. Toma el Narita Express hasta Shinjuku, deposita la maleta en el hotel de la salida Este (la Torre Hilton de Nishi-Shinjuku, vista del Monte Fuji al amanecer prometida en el dossier de prensa), y a las cinco y veinte de la tarde sale a hacer el primer paseo de reconocimiento por el barrio. Lo que va a ver en los siguientes noventa minutos —desde la salida Este del hotel hasta Shinjuku Sanchōme, pasando por Kabukichō y volviendo por Yotsuya— le va a producir el primer shock cultural-estético de su vida adulta, el que ningún libro le había preparado para procesar y que tres años después seguirá apareciendo en sus artículos como referencia recurrente cuando escribe sobre Japón. El shock no es lo monumental ni lo exótico ni lo turísticamente esperado. El shock es el estado de las superficies. El suelo de mármol del lobby del hotel está literalmente impecable, sin una mota de polvo, reflejando las luces de los apliques con la nitidez de un espejo de baño recién pasado por la microfibra: 「ピカピカ」 (pika-pika), murmurará después el guía cuando Diego se lo describe. El escaparate de la joyería Wako del primer cruce a la izquierda exhibe diamantes bajo luz LED calibrada con precisión cinematográfica para producir destellos exactos: 「キラキラ」 (kira-kira). El cartel publicitario del cosmético 「肌キワミ」 (Hada Kiwami, "máximo de piel") de Shiseido en la pared del andén de Marunouchi promete a la consumidora japonesa "スベスベな肌" (piel sube-sube) en sesenta días. El cristal de la máquina expendedora de bebidas frías del primer Family Mart que Diego ve está brillante y limpio, sin huellas dactilares, sin polvo en las rendijas: 「ツルツル」 (tsuru-tsuru). El asfalto de la calle Yasukuni-dōri, recientemente pavimentado, está sin grietas ni manchas de aceite, en una uniformidad gris-azulada perfecta que ningún hispanohablante asocia mentalmente con la palabra "calle de capital": 「サラサラ」 (sara-sara) habría dicho un escritor japonés haciéndole el favor cinematográfico al asfalto si la palabra no estuviera reservada para arena seca. Y, sobre todo, la baldosa pública de la zona de tránsito peatonal de Sanchōme, treinta años de servicio público continuo bajo treinta millones de pares de zapatos al año, sigue, contra toda probabilidad termodinámica, manteniendo el patrón geométrico original intacto —rectángulos beige con franjas blancas— sin desgaste visible, sin manchas, sin remiendos chapuza, sin la entropía mineral acumulada que cualquier baldosa pública madrileña o parisina o bonaerense exhibiría en condiciones idénticas. Diego, a las seis y media de la tarde, sentado en un café de la salida sur de Shinjuku con un cold brew delante, escribe en su cuaderno la primera frase que va a publicar diez días después en La Vanguardia: "Tokio es la ciudad donde las superficies parecen recién hechas todo el tiempo. Es desconcertante e hipnótico". Tres días después, su anfitrión japonés —Tanigawa-san, periodista de cine de la NHK, sesenta años, gran lector de filosofía estética occidental contemporánea— le explica con una sonrisa amable durante la cena de bienvenida que el shock estético que Diego está procesando tiene un nombre léxico japonés: lo que Diego siente al mirar el suelo del hotel, los diamantes de Wako, la máquina expendedora, el asfalto, las baldosas peatonales, es la presencia simultánea y sostenida del catálogo léxico de los estados visuales japoneses: pika-pika, kira-kira, tsuru-tsuru, sube-sube, sukkiri. Una constelación de quince palabras que organizan culturalmente la relación entre la cultura japonesa contemporánea y el estado material del mundo objetivo, y que produce, en boca de los hablantes y en la mirada de los productores —ingenieros, arquitectos, diseñadores, limpiadores, jardineros, peluqueros, dermatólogos, cocineros, todos—, un Japón cotidiano objetivamente más pika-pika que el resto del mundo desarrollado. Diego, esa noche en su hotel, abre un nuevo cuaderno léxico y escribe en la primera página: 「状態のオノマトペ」 (jōtai no onomatope, "onomatopeyas de estado"). A lo largo de los diez días siguientes va a llenar treinta páginas con observaciones.

La escena de Diego en Shinjuku —repetida con variantes en miles de viajeros culturales occidentales que llegan a Tokio cada año sin estar emocionalmente preparados para el grado de pika-pika sostenido del paisaje urbano japonés contemporáneo— es la mejor puerta de entrada posible al campo léxico que vamos a recorrer en este artículo: el catálogo de las onomatopeyas de estado, dominio prototípico del 擬態語 (gitaigo) propiamente visual-táctil, categoría onomatopéyica que nombramos en el artículo 205 dedicado a la clasificación de Tamori. Si los artículos anteriores nos enseñaron a percibir el mundo desde sus dimensiones específicas —la lluvia, la textura, la emoción, el animal, el dolor— este artículo nos enseña a percibir el estado general de las cosas materiales: si están limpias o sucias, si brillan o están apagadas, si son suaves o ásperas al tacto, si están ordenadas o desordenadas, si son nuevas o desgastadas, si los cuerpos están vigorosos o decaídos. Es un campo léxico que toca la cultura material japonesa entera, desde la limpieza obsesiva del transporte público hasta la industria cosmética doméstica más sofisticada del mundo, pasando por el manga, el anime, los nombres de niños, los discursos de Marie Kondo y la filosofía contemporánea japonesa de la organización doméstica. Es un capítulo más ligero, más estético y más optimista que el del dolor que acabamos de cerrar, y, como prometí al final del artículo 210, la mejor manera posible de salir del peso clínico del capítulo anterior. Empezamos.

El Tokio "pika-pika" que dejó a Diego sin palabras

Volvamos un momento sobre la escena ampliada de Diego en Shinjuku, porque la constelación visual sostenida que el periodista barcelonés observa en sus primeros noventa minutos en Tokio merece análisis cultural con cierta densidad antes de pasar al catálogo léxico propiamente dicho. Lo que Diego ve no es ilusión turística ni cherry-picking del viajero entusiasta; es una característica empíricamente documentable del paisaje material japonés contemporáneo, y vale la pena situarla en su contexto socioeconómico y cultural para entender por qué el campo léxico que vamos a estudiar tiene la densidad que tiene en japonés y no la tiene en castellano.

Primer factor: la inversión pública sostenida en mantenimiento de infraestructura. Japón gasta, según datos del Ministerio de Tierras, Infraestructura, Transporte y Turismo (「国土交通省」 Kokudo Kōtsū-shō), aproximadamente el 5,3% de su PIB anual en mantenimiento de infraestructura existente (carreteras, ferrocarriles, parques, escuelas, hospitales públicos, sistemas de agua y saneamiento). La proporción es la más alta del mundo desarrollado: España invierte alrededor del 2,1%, Francia el 2,4%, Alemania el 2,8%, Estados Unidos el 1,9%. La diferencia acumulada a lo largo de décadas explica buena parte del estado visual de las superficies urbanas que Diego observa. Las baldosas peatonales de Shinjuku no están en estado pika-pika por accidente; están mantenidas activamente mediante presupuestos públicos sostenidos durante setenta años.

Segundo factor: la cultura laboral de la limpieza pública. La función social del 「清掃員」 (seisō-in, "limpiador") en Japón tiene un estatus profesional mayor que el equivalente en muchas culturas occidentales: salarios decentes (típicamente entre 1.700 y 2.500 yenes por hora), formación específica, uniforme reconocible, protocolos detallados de procedimiento. Las estaciones de tren de la red JR East se limpian, en promedio, doce veces al día: cuatro pasadas profundas y ocho repasos puntuales entre los horarios de máxima afluencia. El famoso fenómeno del 「七分間の奇跡」 (shichi-fun-kan no kiseki, "el milagro de los siete minutos") —el equipo de limpieza del Shinkansen que limpia el tren entero, cambia las fundas de los asientos, recoge la basura y deja el coche 完璧 en exactamente siete minutos entre llegada y salida en Tokio Estación— ha sido documentado por The New York Times, Le Monde y BBC como uno de los rituales laborales más eficientes del mundo. Detrás de cada superficie japonesa pika-pika hay trabajo humano remunerado y profesionalizado.

Tercer factor: la cultura del consumo nuevo. El japonés contemporáneo, especialmente el urbano, renueva sus electrodomésticos y su mobiliario con una frecuencia significativamente mayor que el europeo promedio. La fórmula cultural 「新品同様」 (shinpin dōyō, "como nuevo") no es solo descriptiva sino aspiracional: el coche, el sofá, los electrodomésticos, los productos electrónicos deben mantenerse en estado pika-pika el mayor tiempo posible y reemplazarse cuando el estado se deteriora visiblemente. Esta sensibilidad estética del "como nuevo" sostenido —que tiene costes ambientales legítimamente discutibles— produce, en el agregado, un paisaje material objetivamente más nuevo y más brillante que el de cualquier capital europea o latinoamericana de tamaño comparable.

Cuarto factor: la cultura estética histórica del 「清潔感」 (seiketsu-kan, "sensibilidad de limpieza"). La tradición cultural japonesa, desde el periodo Edo si no antes, ha valorado especialmente la limpieza visible como signo de civilización, de respeto colectivo y de cuidado personal. La práctica del 「掃除」 (sōji, "limpieza") como ritual escolar diario —en el que los niños japoneses, desde primaria hasta secundaria, limpian sus propias aulas y pasillos al final de cada jornada— transmite a cada generación una socialización temprana en la responsabilidad personal sobre el estado de las superficies. El adulto japonés que tira un papel correctamente en la basura, que se quita los zapatos antes de entrar en una vivienda, que limpia las migas de su propia mesa de café antes de irse del establecimiento, está actualizando rituales aprendidos en su infancia escolar y transmitidos culturalmente durante generaciones.

La combinación acumulativa de los cuatro factores —inversión pública, profesionalización de la limpieza, cultura del consumo nuevo, sensibilidad estética histórica— produce el paisaje material que Diego observa durante sus primeros noventa minutos en Shinjuku, y el campo léxico denso que el japonés ha desarrollado para nombrarlo. Las quince palabras que vamos a catalogar a continuación son léxico técnico para hablar de una cultura material objetivamente distinta de la castellana contemporánea. Aprenderlas no es ornamento; es adquirir la herramienta perceptiva con la que el sujeto japonés mira el mundo, herramienta que produce, retroactivamente, el mundo japonés tal como objetivamente es. Vamos al catálogo.

El catálogo de los veinte estados: brillos, suavidades, durezas y desgastes

Recorramos ahora el catálogo razonado de las veinte onomatopeyas centrales de estado del japonés contemporáneo, agrupadas en seis subcampos. Para cada palabra ofrezco forma fonética, categoría según Tamori (artículo 205, todas son gitaigo propiamente dicho, sin componente sonoro), referente visual o táctil prototípico, valencia afectiva y ejemplo de frase natural.

Subcampo 1: brillos y luces (cinco palabras nucleares)

「キラキラ」 (kira-kira) — brillo intermitente bonito, característico de las estrellas en una noche clara, los diamantes bajo luz cinematográfica, los ojos brillantes de un niño emocionado, las gotas de rocío al amanecer, las lentejuelas de un vestido de fiesta. Valencia: intensamente positiva. 「子供がキラキラした目で見ている」 (kodomo ga kira-kira shita me de mite iru, "el niño mira con ojos kira-kira"). Es probablemente la palabra del catálogo más exportada internacionalmente, gracias al éxito de las marcas cosméticas y de la cultura pop japonesa. La palabra ha generado el fenómeno controvertido del 「キラキラネーム」 (kira-kira nēmu, "nombres kira-kira") sobre el que volveremos más adelante.

「ピカピカ」 (pika-pika) — brillo metálico de superficie pulida, característico del coche recién pulido, los zapatos lustrados, el suelo recién encerado, el inodoro recién limpiado. La palabra cubre simultáneamente la dimensión visual (la superficie refleja luz) y la dimensión semántica de "como nuevo" que ya mencionamos. Valencia: positiva con dimensión de orgullo de propietario y/o cuidador. 「新しい靴がピカピカだ」 (atarashii kutsu ga pika-pika da, "los zapatos nuevos están pika-pika"). La palabra es también el origen léxico del nombre del Pokémon más famoso del mundo, 「ピカチュウ」 (Pikachū), cuya etimología combina pika (brillo eléctrico) + chū (sonido del ratón), y a través del cual probablemente más hispanohablantes han internalizado pasivamente la palabra que a través de cualquier otra vía.

「ピカッ」 (pikatto) o 「ピカリ」 (pikari) — destello momentáneo de luz, característico del relámpago, el flash de la cámara, el destello del faro. Diferencia con pika-pika: pika-pika es brillo sostenido, pikatto es destello puntual instantáneo. 「カメラがピカッと光った」 (kamera ga pikatto hikatta, "la cámara destelló pikatto"). Es la onomatopeya canónica del 「ひらめき」 (hirameki, "la idea súbita") en el manga: cuando el personaje tiene una idea brillante, el dibujante representa el momento con una bombilla encima de la cabeza y la palabra ピカッ al lado.

「ギラギラ」 (gira-gira) — brillo intenso, deslumbrante, ocasionalmente agresivo, característico del sol del mediodía en pleno verano (especialmente del verano de Tokio), las luces de neón de Kabukichō, ciertas miradas de codicia humana, los reflejos demasiado fuertes del aceite caliente. Diferencia con kira-kira: kira-kira es bonito y deseado, gira-gira es excesivo y potencialmente molesto. Valencia: mixta, frecuentemente negativa. 「夏の太陽がギラギラしている」 (natsu no taiyō ga gira-gira shite iru, "el sol de verano brilla gira-gira"). Es la palabra perfecta para describir el sentimiento del agosto japonés.

「チカチカ」 (chika-chika) — parpadeo, brillo intermitente irregular, característico de las luces estroboscópicas, las luces fluorescentes con tubo defectuoso, las pantallas con problemas de señal, y, clínicamente, las migraine auras que un paciente con migraña describe como 「目がチカチカする」 (me ga chika-chika suru, "los ojos me hacen chika-chika"). Valencia: mixta, ligeramente negativa. La palabra es marcador clínico del aura visual de la migraña con aura, dato que ya vimos en el artículo 210.

Subcampo 2: suavidades y texturas táctiles (cinco palabras nucleares)

「スベスベ」 (sube-sube) — textura suave, sedosa al tacto, característica de la piel cuidada, las telas de seda, la superficie de mármol pulido. Es la palabra-estrella de la industria cosmética japonesa: cualquier anuncio televisivo de crema hidratante, jabón, exfoliante, mascarilla facial o tratamiento dermatológico contiene la palabra al menos una vez. 「赤ちゃんの肌はスベスベです」 (akachan no hada wa sube-sube desu, "la piel del bebé es sube-sube"). El concepto subyacente —la piel adulta debe aspirar a la suavidad sedosa de la piel del bebé— estructura culturalmente la industria de la belleza japonesa entera.

「ツルツル」 (tsuru-tsuru) — textura lisa y resbaladiza, característica del hielo, el mármol mojado, las superficies plásticas brillantes, ciertos fideos (los udon de Kagawa, particularmente). Diferencia con sube-sube: sube-sube es suavidad sedosa cálida, tsuru-tsuru es lisura fresca resbaladiza. La piel del bebé es sube-sube; el cristal de una ventana es tsuru-tsuru. La distinción es clínicamente fina pero culturalmente importante. 「ガラスがツルツルしている」 (garasu ga tsuru-tsuru shite iru, "el cristal está tsuru-tsuru"). Tiene también un uso humorístico para describir la cabeza calva: 「ツルツル頭」 (tsuru-tsuru atama).

「サラサラ」 (sara-sara) — textura seca, suelta, fluida, característica de la arena fina, el cabello lacio recién lavado, los granos de azúcar. La palabra es icono de los anuncios de champú japoneses: cualquier producto capilar promete cabello sara-sara (suelto y fluido al pasar la mano). 「サラサラの髪」 (sara-sara no kami, "cabello sara-sara"). La onomatopeya tiene también un uso poético tradicional para describir el sonido del agua corriente o de hojas secas movidas por el viento, uso que el haiku clásico explotó masivamente.

「しっとり」 (shittori) — textura húmeda agradable, sin estar mojada, característica de la piel hidratada, el pelo recién acondicionado, la atmósfera después de la lluvia fina (que ya vimos en el artículo 206 sobre la lluvia). Valencia: positiva. 「肌がしっとりしている」 (hada ga shittori shite iru, "la piel está shittori"). En el léxico cosmético, shittori es el estado deseado tras la aplicación de cualquier producto hidratante; lo opuesto es 「カサカサ」 (kasa-kasa, "piel reseca").

「プルプル」 (puru-puru) — textura tembloroso-elástica, característica del pudding japonés, la gelatina, la nata montada y, en contexto cosmético, los labios bien hidratados. Ya la mencionamos en el artículo 207 como onomatopeya de textura culinaria; aquí adquiere connotación adicional como onomatopeya estética del labio joven y carnoso. 「プルプルの唇」 (puru-puru no kuchibiru, "labios puru-puru"). La palabra es marcador léxico de los productos de pintalabios hidratantes (「リップグロス」 rippu gurosu) y de los tratamientos labiales contemporáneos.

Subcampo 3: orden, limpieza, organización (cuatro palabras nucleares)

「スッキリ」 (sukkiri) — estado limpio, ordenado, despejado, refrescado. Es la palabra cultural más cargada del subcampo entero y volveremos a ella en una sección entera dedicada a Marie Kondo. Se aplica simultáneamente a: la habitación recién ordenada (「部屋がスッキリした」 heya ga sukkiri shita, "el cuarto ha quedado sukkiri"), la cabeza despejada tras una buena noche de sueño (「頭がスッキリする」 atama ga sukkiri suru, "la cabeza se siente sukkiri"), el estado emocional ligero tras resolver un conflicto pendiente (「気分がスッキリした」 kibun ga sukkiri shita, "el ánimo está sukkiri"), la ducha caliente al final del día de trabajo. La palabra cubre tres dimensiones simultáneas —física, mental, emocional— que el castellano necesita tres palabras distintas para nombrar.

「キチキチ」 (kichi-kichi) — ajuste exacto, sin holgura, característica del horario apretado pero cumplido, la maleta llena hasta el límite, los zapatos justo de talla. La palabra tiene componente positivo (precisión, eficiencia) y componente negativo (tensión, falta de margen) que coexisten según el contexto. 「スケジュールがキチキチだ」 (sukejūru ga kichi-kichi da, "el horario está kichi-kichi"). En contexto de gestión de proyectos, la palabra describe un cronograma sin margen para imprevistos: ventaja de eficiencia, riesgo de colapso si algo falla.

「パリッ」 (paritto) — estado almidonado y crujiente de prendas de vestir, papel o billetes de banco, característica del traje recién recogido de la tintorería, la camisa de algodón perfectamente planchada, los billetes de yen recién salidos del cajero. 「パリッとしたスーツ」 (paritto shita sūtsu, "traje paritto"). La palabra es marcador léxico del 「身だしなみ」 (midashinami, "presentación personal cuidada") de la cultura empresarial japonesa: el oficinista que llega a la oficina con el traje paritto comunica respeto al trabajo y a los colegas, igual que el contrario comunica descuido.

「ゴチャゴチャ」 (gocha-gocha) — desorden, amontonamiento, caos visible, característica de la habitación de un adolescente desordenado, el escritorio sobrecargado, la maleta deshecha con prisas. Es la antítesis perfecta de sukkiri, y los dos términos funcionan como pareja léxica organizadora del subcampo entero. 「机がゴチャゴチャしている」 (tsukue ga gocha-gocha shite iru, "el escritorio está gocha-gocha"). Cualquier discurso de Marie Kondo sobre el estado pre-organización de las casas que visita usa esta palabra al menos una vez por episodio.

Subcampo 4: vigor, salud, juventud (tres palabras nucleares)

「ピチピチ」 (pichi-pichi) — vigor juvenil, frescura, elasticidad biológica, característica de la juventud humana y de los productos alimentarios recién pescados o cosechados. 「ピチピチの二十代」 (pichi-pichi no nijū-dai, "veinteañera pichi-pichi"), 「ピチピチの刺身」 (pichi-pichi no sashimi, "sashimi pichi-pichi"). La palabra tiene connotación de vitalidad biológica visible que el sushiman aplica al pescado del día con la misma naturalidad con que el abuelo japonés aplica a la nieta adolescente. En contexto contemporáneo, la palabra se usa cada vez menos para describir personas (puede sonar cosificador) y cada vez más para describir alimentos y plantas.

「ピンピン」 (pin-pin) — vigor saludable sostenido, característica del anciano que sigue activo a edad avanzada, la persona que se recupera completamente de una enfermedad seria. La palabra aparece sistemáticamente en la frase admirativa 「九十歳でもピンピンしている」 (kyūjū-sai demo pin-pin shite iru, "con noventa años sigue pin-pin"), formulación que cualquier japonés culto usa para hablar de los ancianos vivos y activos de su familia o entorno. La palabra es también el primer elemento del término cultural 「ピンピンコロリ」 (pin-pin korori, "vivir pin-pin y morir korori"), expresión del ideal japonés de envejecimiento saludable: mantenerse vigoroso hasta el final y morir rápido sin sufrimiento prolongado, contra el escenario opuesto del declive prolongado en cuidados intensivos. Es uno de los ideales culturales más bonitos y más comentados de la sensibilidad japonesa contemporánea sobre la vejez.

「ピチッ」 (pichi-tto) — ajuste corporal perfecto de prendas que abrazan la figura sin holgura, característica de los vaqueros ceñidos, las camisetas básicas modernas, el equipo deportivo de competición. 「ピチッとしたジーンズ」 (pichi-tto shita jīnzu, "vaqueros pichi-tto"). La palabra es marcador del registro estético del 「タイトフィット」 (taito fitto, "tight fit") en la moda japonesa contemporánea.

Subcampo 5: desgaste, envejecimiento, deterioro (tres palabras nucleares)

「ヨレヨレ」 (yore-yore) — estado arrugado y desgastado de prendas de vestir y, por extensión humorística, de personas exhaustas. La camisa que llevas tres días seguidos sin cambiar; la persona que sale de un turno de noche en el hospital; el pijama que dura más temporadas de las recomendables. Valencia: negativa con dimensión afectiva amable. 「ヨレヨレのシャツ」 (yore-yore no shatsu, "camisa yore-yore"). La palabra es la antítesis exacta de paritto y la pareja léxica funciona también en el subcampo del cuidado personal.

「ボロボロ」 (boro-boro) — estado de destrucción avanzada, característica de los objetos materialmente deteriorados (zapatos viejos, libros caídos en la lluvia, muebles llegados al fin de su vida útil) y, metafóricamente, de los estados emocionales devastados (relación amorosa terminada mal, corazón roto, salud mental colapsada). La palabra apareció ya en el artículo 208 en su uso emocional; aquí adquiere el uso físico original. 「靴がボロボロだ」 (kutsu ga boro-boro da, "los zapatos están boro-boro"). En el manga shōjo, 「心がボロボロ」 (kokoro ga boro-boro, "el corazón está boro-boro") es fórmula canónica de la heroína tras una decepción amorosa.

「シワシワ」 (shiwa-shiwa) — estado arrugado, característica del papel manipulado, las prendas de vestir mal guardadas, la piel envejecida. La palabra es léxicamente neutra en su valencia descriptiva, pero culturalmente puede tener connotaciones afectivas distintas según el referente: aplicada al papel es descriptiva, aplicada al rostro de un anciano es delicada y respetuosa (especialmente en formas literarias), aplicada a una camisa antes de una reunión importante es críticamente negativa. 「シワシワの顔」 (shiwa-shiwa no kao, "rostro shiwa-shiwa"). La industria cosmética antienvejecimiento japonesa lucha precisamente contra el estado shiwa-shiwa del rostro, ofreciendo retinol, ácido hialurónico, péptidos antiarrugas.

El mapa sensorial: vista, tacto y sensación general

Conviene cartografiar ahora las veinte palabras del catálogo en función de las tres dimensiones sensoriales que activan en el sujeto que las usa: vista, tacto, sensación general somático-emocional. La tabla simplificada queda así.

PalabraVistaTactoSensación generalValencia
kira-kirapositiva
pika-pikapositiva
pikattoneutra
gira-giramixta
chika-chikanegativa-clínica
sube-subepositiva
tsuru-tsurumixta
sara-sarapositiva
shittoripositiva
puru-purupositiva
sukkiripositiva
kichi-kichimixta
parittopositiva
gocha-gochanegativa
pichi-pichipositiva
pin-pinpositiva
pichi-ttomixta
yore-yorenegativa-amable
boro-boronegativa
shiwa-shiwamixta

Lo que la tabla muestra, vista en conjunto, son tres patrones organizativos interesantes del campo léxico.

Patrón 1: dominancia visual. Doce de las veinte palabras —kira-kira, pika-pika, pikatto, gira-gira, chika-chika, paritto, gocha-gocha, pichi-pichi, pichi-tto, yore-yore, boro-boro, shiwa-shiwa— tienen el canal visual como dimensión sensorial primaria. Es coherente con la observación general de que el campo léxico del estado funciona predominantemente como vocabulario de mirada: el hablante japonés mira el mundo y nombra lo que ve mediante este catálogo. Para el aprendiz hispanohablante, esto significa que aprender el catálogo es aprender a mirar ciertas dimensiones del mundo material que el castellano no marca léxicamente con la misma fineza.

Patrón 2: el subcampo táctil-cosmético. Cuatro palabras —sube-sube, sara-sara, shittori, puru-puru— forman un subcampo táctil concentrado en la cosmética y el cuidado corporal. La densidad de este subcampo refleja la importancia económica e identitaria de la industria de la belleza en la sensibilidad cultural japonesa contemporánea, sobre la que vamos a entrar en detalle en la sección 4. Cualquier hispanohablante que viva en Japón y use productos cosméticos japoneses se encontrará con estas cuatro palabras en cada envase y cada anuncio.

Patrón 3: las palabras de la sensación general. Tres palabras del catálogo —sukkiri, pin-pin, gocha-gocha en su uso interno— operan menos sobre la percepción del objeto externo y más sobre la sensación somático-emocional general del sujeto. Sukkiri es la sensación de cabeza despejada tras dormir bien. Pin-pin es la sensación de cuerpo en forma a edad avanzada. Gocha-gocha puede aplicarse internamente como "tengo la cabeza hecha un lío". Estas palabras son las que más interés filosófico tienen para el aprendiz, porque atraviesan la frontera entre objeto y sujeto y permiten al hablante japonés describir simultáneamente lo que ve afuera y lo que siente adentro. La lengua castellana, con su separación más nítida entre adjetivos de estado del objeto (limpio, ordenado) y adjetivos de estado del sujeto (despejado, agobiado), tiene un repertorio menos elegante para hacer esta operación.

Para el aprendiz hispanohablante que pretenda aprender el catálogo en orden de rendimiento, la recomendación operativa es: empezar por las cinco palabras de brillo y luz (porque son las más visibles en el paisaje urbano cotidiano y las que más fácil se ven en la calle), seguir con las cuatro táctiles cosméticas (porque las verá en los envases que compre), continuar con las cuatro de orden y limpieza (porque las oirá en cualquier conversación doméstica con anfitriones japoneses), añadir las tres de vigor y juventud (porque organizan culturalmente la conversación intergeneracional sobre salud), y cerrar con las tres de desgaste (porque completan el campo y aparecen en el manga shōjo masivamente). Aprendidas en este orden a lo largo de quince días, las veinte palabras quedan internalizadas con una densidad utilizable.

J-Beauty: el vocabulario de los anuncios de cosmética japoneses

Conviene dedicar una sección al léxico cosmético del campo, porque la industria de la belleza japonesa es uno de los grandes vehículos de exportación cultural del país y porque sus anuncios saturan el paisaje urbano y mediático con una densidad de onomatopeyas de estado que cualquier hispanohablante recién llegado va a percibir antes que ninguna otra cosa. Conviene también, antes de empezar, situar la industria en su contexto sectorial.

El sector cosmético japonés en cifras. La industria cosmética japonesa facturó 2,3 trillones de yenes en 2023 (aproximadamente 15.000 millones de euros), lo cual la sitúa como la tercera industria cosmética nacional del mundo detrás de Estados Unidos (52.000 millones) y China (43.000 millones). Las marcas líderes —Shiseido (fundada en 1872 como farmacia en Ginza), Kosé (1946), Kao (1887, también productor de detergentes y bienes de consumo), Pola (1929), Kanebo (1887), DHC (1972), Albion (1956)— son patrimonio empresarial nacional y exportan masivamente a Asia oriental, Sudeste asiático, Europa, América. El segmento de cuidado de la piel (skincare) supone aproximadamente el 55% del mercado, frente al 25% del maquillaje y el 20% del cuidado del cabello. Japón es, dicho de otro modo, un país especialmente especializado en cuidado de la piel respecto a sus competidores internacionales.

El léxico canónico del anuncio cosmético. Cualquier anuncio televisivo de producto cosmético japonés contemporáneo —y se emiten miles de horas por mes en las cadenas comerciales— está construido alrededor de una promesa léxica nuclear: el producto promete transformar el estado actual del cuerpo en un estado nuevo que la onomatopeya nombra. Las promesas canónicas son:

「スベスベの肌に」 (sube-sube no hada ni, "hacia una piel sube-sube"). Es la promesa más universal de la cosmética facial japonesa contemporánea. Aparece en anuncios de cremas hidratantes, jabones limpiadores, sérums, mascarillas, tratamientos antienvejecimiento. La piel objetivo es la del bebé —cultural y biológicamente codificada como ideal estético— y el producto promete acercar la piel adulta a ese estado original.

「プルプルの唇」 (puru-puru no kuchibiru, "labios puru-puru"). Es la promesa específica de los bálsamos labiales hidratantes (ripu kuriimu) y de los pintalabios hidratantes (ripu gurosu). La textura objetivo combina hidratación, elasticidad y volumen. La industria del pintalabios japonés ha desarrollado fórmulas técnicamente sofisticadas para producir efectos puru-puru duraderos.

「サラサラの髪」 (sara-sara no kami, "cabello sara-sara"). Es la promesa nuclear de los champús y acondicionadores japoneses. El cabello objetivo cae suelto, fluye al pasar la mano, no se enreda, no produce electricidad estática. La industria del cuidado capilar japonés ha invertido décadas en desarrollar siliconas y polímeros que producen el efecto sara-sara tras cada lavado.

「しっとり保湿」 (shittori hoshitsu, "hidratación shittori"). Es la promesa de las cremas hidratantes faciales y corporales. La textura objetivo combina hidratación profunda con ausencia de sensación grasienta o pegajosa. La fórmula 「化粧水→乳液→クリーム」 (keshōsui → nyūeki → kuriimu, "tónico → leche → crema") del ritual cosmético facial japonés clásico está calibrada precisamente para producir el estado shittori final.

「キラキラ輝く」 (kira-kira kagayaku, "brillar kira-kira"). Es la promesa de los iluminadores (hairaitā), bases con brillo (tsuyaniku fandēshon), polvos perlados (paruru paudā). El efecto buscado es brillo sutil que dé a la piel apariencia luminosa, no maquillaje obviamente brillante. La distinción cultural con el maquillaje occidental con purpurina visible (glitter) es importante: la cosmética japonesa contemporánea busca luz natural, no brillo artificial.

「ピチピチの若々しい肌」 (pichi-pichi no waka-wakashii hada, "piel joven y pichi-pichi"). Es la promesa del segmento antienvejecimiento. Productos con retinol, péptidos, ácido hialurónico, niacinamida, vitamina C: todos prometen retorno a la elasticidad y firmeza juvenil que la palabra pichi-pichi nombra.

J-Beauty vs K-Beauty: dos filosofías estéticas adyacentes. Una distinción cultural útil para el lector hispanohablante interesado en cosmética asiática es la diferencia entre J-Beauty (cosmética japonesa) y K-Beauty (cosmética coreana). Las dos industrias son globalmente exitosas y comparten muchos aspectos —enfoque en cuidado de la piel sobre maquillaje, alta sofisticación técnica, énfasis en ingredientes activos— pero se diferencian en sensibilidades estéticas que el vocabulario onomatopéyico ilumina con precisión.

J-Beauty promueve los estados 「すっぴん風」 (suppin-fū, "estilo sin maquillaje") y 「素肌美人」 (suhada bijin, "belleza de piel desnuda"): el objetivo es piel objetivamente bonita que no necesite maquillaje para verse así. Las palabras-clave son sube-sube, shittori, sara-sara: estados táctiles internos de la piel. El maquillaje es discreto: bases ligeras, color natural, brillo mínimo.

K-Beauty promueve los estados 「ガラス肌」 (garasu hada, en español "piel de cristal", calco del coreano 유리피부 yuripibu) y 「グロウ」 (gurou, calco del inglés glow): el objetivo es piel visualmente luminosa, brillante, casi traslúcida. Las palabras-clave en su vocabulario adaptado al japonés son kira-kira, puru-puru, tsuru-tsuru: estados visuales externos de la piel. El maquillaje incluye highlighters más visibles y acabados más espectaculares.

Las dos filosofías son legítimas y producen consumidores y consumidoras felices en cada una de las dos industrias respectivas. La diferencia, vista desde el catálogo onomatopéyico que estamos estudiando, es que J-Beauty privilegia el subcampo táctil (las palabras de cómo se siente la piel al tacto) y K-Beauty privilegia el subcampo visual (las palabras de cómo se ve la piel desde fuera). Cualquier hispanohablante interesado en comprar cosmética asiática puede orientarse mejor en el mercado conociendo esta distinción y eligiendo, según su sensibilidad propia, productos del segmento que le resuene.

Marie Kondo y el "sukkiri" como filosofía global

Conviene dedicar otra sección a la figura cultural global que ha hecho más durante los últimos quince años por exportar el concepto de 「スッキリ」 (sukkiri) al mundo entero: Kondō Marie (近藤麻理恵, n. 1984, conocida internacionalmente como Marie Kondo o, en su firma profesional, KonMari), consultora japonesa de organización doméstica que ha vendido más de doce millones de ejemplares de su primer libro y cuya marca personal genera, según Forbes Japan, ingresos anuales superiores a los tres millones de dólares desde 2019.

La trayectoria. Kondō Marie publicó en 2010, a los veintiséis años, su primer libro 「人生がときめく片づけの魔法」 (Jinsei ga Tokimeku Katazuke no Mahō, "La magia mágica del orden que hace que la vida se ilusione"), traducido al inglés en 2014 como The Life-Changing Magic of Tidying Up. El libro fue un éxito editorial inmediato en Japón —vendió un millón de ejemplares en sus primeros doce meses—, y la traducción inglesa convirtió a la autora en un fenómeno cultural global a partir de 2015. La revista TIME la incluyó en su lista de las cien personas más influyentes del mundo ese mismo año. Su programa de Netflix Tidying Up with Marie Kondo se estrenó en enero de 2019 y fue uno de los contenidos más vistos del primer trimestre de la plataforma. La industria editorial de la organización doméstica —decluttering, en inglés, 断捨離 danshari en japonés— vivió durante los años posteriores un boom comercial directamente atribuible al efecto KonMari.

El método. La metodología KonMari, articulada en el libro original y refinada en publicaciones subsiguientes, propone organizar la casa por categorías de objetos (ropa, libros, papeles, objetos misceláneos komono, recuerdos sentimentales) en lugar de por habitaciones. Para cada objeto que el sujeto evalúa, la pregunta canónica es: 「これは私にときめきをくれるか?」 (kore wa watashi ni tokimeki wo kureru ka?, "¿esto me da tokimeki?"). Si la respuesta es sí, el objeto se conserva con cuidado. Si la respuesta es no, el objeto se agradece por el servicio prestado y se descarta. El criterio del tokimeki es subjetivo, afectivo y introspectivo: no se trata de utilidad objetiva sino de resonancia emocional. Y el estado al que conduce el proceso entero, el objetivo final del método KonMari, es el de la casa スッキリ: ordenada, despejada, ligera, sin acumulación caótica.

Los dos términos clave y su problema de traducción. La metodología Marie Kondo descansa léxicamente sobre dos palabras del catálogo que estamos estudiando: 「ときめき」 (tokimeki, ya catalogado en el artículo 208 sobre emociones) y 「スッキリ」 (sukkiri, este artículo). Las dos plantean problemas de traducción al inglés y al castellano que merecen comentario.

「ときめき」 se traduce al inglés canónicamente como spark joy, traducción acuñada por la traductora inglesa Cathy Hirano en 2014 y que ha pasado al imaginario internacional. La traducción es buena pero pérdida: el tokimeki japonés tiene componente corporal específico —es la palpitación cardíaca anticipatoria que el sujeto siente al ver algo que ama— que spark joy captura solo parcialmente. El castellano ha vacilado entre dar alegría, iluminar, emocionar, hacer vibrar; ninguna es plenamente satisfactoria. El concepto resiste la traducción.

「スッキリ」 ha resistido mejor la traducción al inglés porque es operativamente más simple: la casa sukkiri es la casa ordenada, limpia, despejada. Pero la operación cultural completa que la palabra hace en boca de Kondō Marie incluye una dimensión emocional y mental que el inglés clutter-free no captura del todo. La casa sukkiri japonesa no es solo ordenada físicamente; es un estado de ligereza vital integral en el que vivir la propia vida cotidiana se vuelve más liviano. Esta dimensión cultural —el sukkiri como filosofía de vida, no solo como técnica de organización doméstica— es lo que ha convertido el método KonMari en fenómeno cultural global en lugar de simplemente en libro de auto-ayuda más.

El impacto cultural global. El movimiento mundial del decluttering y la minimalist living durante la década de 2015-2025 está, en parte significativa, trazable culturalmente al impacto de Marie Kondo. Joshua Becker (Becoming Minimalist), Courtney Carver (Project 333), Francine Jay (The Joy of Less), todos los grandes exponentes anglosajones del movimiento minimalista contemporáneo reconocen explícitamente la influencia japonesa, especialmente de Kondo, en sus respectivos proyectos. El consumidor europeo y latinoamericano contemporáneo que decide reducir su acumulación material, vivir con menos, cultivar la 「シンプルライフ」 (shinpuru raifu, "vida simple"), está practicando, en gran medida, una versión adaptada de la filosofía sukkiri que la cultura japonesa contemporánea ha exportado al mundo entero. Las veinte palabras del catálogo que estamos estudiando son léxico operativo del movimiento global del que el lector hispanohablante probablemente forma parte sin saber que está participando de una corriente cultural japonesa.

El gitaigo visual en el manga, el anime y los "kira-kira nēmu"

Cerramos la dimensión cultural del campo con tres usos contemporáneos del catálogo léxico que merecen atención específica: la iconografía del manga, los efectos visuales del anime, y el fenómeno controvertido de los 「キラキラネーム」 (kira-kira nēmu) que ya mencionamos en pasada.

El manga como diccionario visual del gitaigo de estado. El manga japonés contemporáneo, especialmente el género shōjo (artículo 208) y el género bishōnen (manga de jóvenes guapos masculinos), ha desarrollado durante las últimas seis décadas una iconografía visual estandarizada para representar los estados que las onomatopeyas nombran. Cualquier lectura mínima de manga shōjo enseña al lector las convenciones visuales del gitaigo de estado sin necesidad de explicación verbal.

El kira-kira en los ojos. Cualquier momento de admiración, enamoramiento o ensueño en una heroína de manga shōjo se representa visualmente con destellos puntuales (estrellas pequeñas, círculos brillantes) dentro de los iris ampliados de la heroína, con la palabra キラキラ escrita en katakana grande junto a la cara. La convención es tan reconocible que cualquier lector hispanohablante de manga la identifica inmediatamente y la traduce mentalmente como "ojos de admiración".

El pikatto del momento eureka. Cuando un personaje del manga tiene una idea brillante, la convención visual canónica es una bombilla encima de la cabeza con la palabra ピカッ escrita junto al destello. La convención viene importada del cómic occidental (la bombilla de Edison) pero la onomatopeya es completamente japonesa.

El boro-boro del personaje derrotado. Tras una pelea perdida, un examen suspendido, una declaración amorosa rechazada, el personaje del manga aparece visualmente representado con ropa rasgada, postura encogida, lágrimas saliendo y la palabra ボロボロ escrita junto al cuerpo. La convención sirve para reportar simultáneamente el estado físico y el estado emocional del personaje.

El gocha-gocha de la habitación del adolescente. La habitación del personaje adolescente desordenado se representa con objetos esparcidos por todo el cuadro (ropa, libros, comida, cables) y la palabra ゴチャゴチャ escrita junto al panorama. La convención es uno de los recursos visuales más comunes del manga slice-of-life contemporáneo.

Aprender estas cuatro convenciones visuales junto con las cuatro palabras correspondientes equivale a internalizar buena parte del léxico visual del manga japonés contemporáneo. Es una inversión léxico-cultural de muy buen rendimiento para cualquier hispanohablante que lea manga regularmente.

El anime y los efectos visuales. Lo que el manga hace con palabras escritas dentro de los cuadros, el anime lo hace con animaciones explícitas y efectos sonoros. Las estrellas que aparecen alrededor de la cabeza en momentos de admiración (kira-kira visualizado), los rayos de luz divergentes que rodean al personaje iluminado (pikatto visualizado), las partículas de polvo que caen del cuerpo destruido (boro-boro visualizado), todas estas convenciones del lenguaje visual del anime están léxicamente ancladas en las onomatopeyas que estamos estudiando. Cualquier hispanohablante que vea anime con cierta frecuencia ha estado consumiendo el catálogo kira-kira / pika-pika / boro-boro / sukkiri durante años sin saberlo, traducido al lenguaje visual de la animación. Hacer explícita la conexión entre las palabras y las convenciones visuales es uno de los placeres de releer manga y revisualizar anime con el catálogo léxico ya aprendido.

El controvertido fenómeno de los kira-kira nēmu. A finales de los años 1990 y principios de los 2000, una proporción creciente de padres japoneses jóvenes empezó a registrar a sus hijos recién nacidos con nombres no convencionales que combinaban kanji raros, lecturas inventadas (lecturas no estándar de los caracteres) y referencias culturales pop. Los nombres resultantes —ejemplos representativos publicados en prensa son 「光宙」 (leído Pikachū en lugar del esperado Mitsuhiro, en referencia al Pokémon), 「黄熊」 (leído en referencia a Winnie the Pooh), 「碧空」 (leído Atora), 「愛羅」 (leído Tiara), 「心愛」 (leído Kokoa)— recibieron rápidamente el sobrenombre colectivo de キラキラネーム (kira-kira nēmu, "nombres kira-kira"), porque el efecto cultural que producían era análogo al brillo intermitente bonito pero ostentoso de la onomatopeya kira-kira.

El fenómeno ha sido objeto de debate cultural sostenido en Japón durante las últimas dos décadas. La defensa parental clásica es la libertad de elección sobre el nombre del propio hijo y la personalización afectiva del acto del nombramiento. La crítica social acumulada es doble: por un lado, los niños con kira-kira nēmu sufren con frecuencia bullying escolar por nombres percibidos como demasiado vistosos; por otro lado, atraviesan dificultades administrativas durante toda la vida (lecturas confusas que requieren explicación constante, problemas de transcripción romaji para documentos internacionales). Estudios cualitativos publicados en revistas de sociología de la educación japonesa durante los años 2010-2020 documentan correlaciones moderadas entre tener kira-kira nēmu y reportar dificultades de integración escolar durante la infancia tardía y adolescencia.

El debate cultural está vivo, pero la tendencia parece decreciente en los últimos cinco años: las estadísticas oficiales del Ministerio de Justicia japonés muestran que los nombres registrados como kira-kira nēmu alcanzaron su pico aproximado en 2008-2012 y han ido disminuyendo desde entonces. Una nueva generación de padres japoneses jóvenes parece estar reorientándose hacia nombres más tradicionales, aunque con personalización afectiva mantenida. El fenómeno ha dejado, como residuo léxico-cultural, el uso extendido del término kira-kira para describir cualquier estética contemporánea japonesa que se perciba como bonita pero excesiva.

El perfeccionismo japonés: luces y sombras del Japón pika-pika

Conviene dedicar la penúltima sección a un tema que el catálogo léxico ilumina con claridad pero sobre el que conviene mantener equilibrio crítico: el perfeccionismo cultural japonés, sus ventajas innegables y sus costes documentados. El Japón pika-pika que Diego encontró en Shinjuku es la cara visible del fenómeno; conviene también ver las caras menos visibles.

Las luces. El perfeccionismo japonés contemporáneo produce bienes públicos que cualquier ciudadano debe reconocer y valorar. La fiabilidad del transporte público japonés —los shinkansen tienen retrasos medios de 18 segundos por viaje, según datos oficiales de JR Central— es la más alta del mundo desarrollado y resulta directamente del esfuerzo perfeccionista del personal de mantenimiento, ingeniería y operación. La seguridad personal en las calles japonesas, urbanas y rurales, es una de las más altas del mundo: las tasas de criminalidad violenta están entre las más bajas de los países OCDE, y la práctica social de dejar la cartera o el portátil sobre la mesa del café y volver del baño con la confianza de que seguirá ahí es factualmente posible en Tokio como no lo es en la mayoría de las grandes capitales occidentales. La calidad de los productos manufacturados japoneses —automóviles, electrónica, herramientas, papelería— es notoriamente alta y proviene directamente de procesos productivos perfeccionistas que el resto del mundo ha intentado imitar (lean manufacturing, kaizen, kanban, just-in-time, todos términos de exportación japonesa). El paisaje estético urbano —los jardines públicos, los templos restaurados, los barrios residenciales bien cuidados, los parques nacionales— refleja inversión sostenida y atención al detalle que el visitante extranjero percibe como uno de los grandes encantos del país.

Las sombras. El mismo perfeccionismo produce costes psicosociales bien documentados que la salud mental pública japonesa lleva décadas tratando de gestionar. El 「過労死」 (karōshi, "muerte por exceso de trabajo") que catalogamos en el artículo 202 sobre gaman es una manifestación extrema del coste corporal del perfeccionismo laboral: los datos del Ministerio de Trabajo japonés registran aproximadamente 200 casos anuales reconocidos oficialmente de muerte por sobrecarga laboral, con cifras reales estimadas significativamente mayores. La depresión clínica afecta a aproximadamente el 6% de la población adulta japonesa, con tasas crecientes durante los últimos veinte años, en parte vinculadas a la presión perfeccionista del trabajo y la sociedad. El suicidio, que ya tratamos en el artículo 202, tiene tasas históricamente altas en Japón comparado con países OCDE de renta similar, y la presión perfeccionista figura sistemáticamente entre los factores citados por los expertos en salud mental como contribuyentes.

A nivel más cotidiano, el coste del perfeccionismo se manifiesta en fenómenos de extenuación cotidiana que cualquier observador atento del Japón contemporáneo reconoce: los oficinistas durmiendo en el tren de vuelta tras catorce horas en la oficina, las amas de casa que mantienen las casas en estado pika-pika a costa de su propio descanso, los estudiantes que estudian para los exámenes de acceso a la universidad hasta las tres de la mañana siete días por semana durante años. El 「燃え尽き症候群」 (moe-tsuki shōkōgun, "síndrome de quemado") es término clínico cotidiano en la psiquiatría japonesa contemporánea, no concepto reservado a casos extremos.

El movimiento cultural correctivo. Una de las cosas más interesantes del Japón cultural contemporáneo es que existe una corriente correctiva interna consciente de los costes del perfeccionismo y dedicada a proponer modelos alternativos. La filosofía Marie Kondo que vimos en la sección anterior, con su énfasis en quedarse solo con lo que provoca tokimeki y descartar el resto, es una manifestación de esta corriente: enseña explícitamente a no acumular y a renunciar a la perfección material excesiva en favor de la ligereza vital. El movimiento minimalista japonés contemporáneo, con figuras como Sasaki Fumio (autor de Goodbye, Things, 2015) y Honma Asako (autora de La nueva felicidad de tirar las cosas, 2018), propone activamente reducción material como filosofía de vida. La popularidad de estas figuras dentro de Japón sugiere que el Japón pika-pika está empezando a buscar el Japón sukkiri como ideal complementario o alternativo: menos brillo perfecto, más ligereza intencional.

Para el lector hispanohablante interesado en habitar Japón con equilibrio cultural, la lección operativa es: disfrutar las luces del perfeccionismo sin idealizarlo en bloque. El suelo pika-pika de Shinjuku es maravilloso; el sueldo del limpiador que lo produce y las horas de su jornada laboral son fenómenos que merecen también nuestra mirada. La cosmética sube-sube es técnicamente espectacular; la presión social que la convierte en obligación cuasi-universal sobre las mujeres japonesas tiene costes psicológicos legítimos. El ideal cultural complejo es disfrutar lo bueno y resistir lo problemático, en Japón como en cualquier otra cultura.

Lo que los estados visuales nos enseñan sobre la mirada cultural

Cerramos el capítulo —el penúltimo de la serie— con una reflexión sobre lo que la existencia misma de un catálogo de veinte palabras para nombrar estados visuales y táctiles del mundo material nos enseña sobre la relación entre lengua, mirada y vida cotidiana.

Primera lección: una lengua entrena la mirada de sus hablantes. El hablante japonés que aprende durante su infancia a distinguir entre pika-pika, kira-kira y gira-gira desarrolla, a lo largo de los años, una capacidad perceptiva fina para distinguir los tres tipos de brillo en el paisaje material que le rodea. El hablante castellano que dispone solo de brillante y reluciente no tiene mecanismo léxico para hacer la distinción y, lo más interesante, no la hace habitualmente. La diferencia no es solo lingüística; es perceptiva. Aprender el catálogo japonés es adquirir una sensibilidad visual fina que la lengua materna castellana no entrega de serie. Es una de las ganancias menos obvias y más profundas del aprendizaje serio del japonés para hispanohablantes.

Segunda lección: los catálogos léxicos densos producen cultura material densa. El Japón pika-pika que Diego observa en Shinjuku no es solo descrito por las palabras del catálogo; es producido por ellas. Los ingenieros, arquitectos, diseñadores, limpiadores, cosmetólogos japoneses son hablantes nativos del catálogo, lo cual significa que tienen la sensibilidad fina para distinguir los matices que el catálogo nombra y la motivación cultural para producir esos matices en su trabajo cotidiano. El suelo pika-pika de Shinjuku existe en parte porque hay limpiadores que entienden la palabra y trabajan para producir el estado que la palabra nombra. El círculo entre lengua y materia se cierra, en el caso japonés, con una intensidad que en otras culturas se cierra menos. Es una de las explicaciones lingüísticas más bonitas del paisaje material japonés.

Tercera lección: importar léxico ajeno es importar mirada ajena. Cualquier hispanohablante que internaliza las veinte palabras del catálogo japonés gana, sin saberlo del todo, veinte categorías perceptivas nuevas que va a empezar a aplicar al paisaje material que le rodea tanto en Japón como, después, en su propia ciudad de origen. Volver a Madrid, Buenos Aires, Bogotá o Lima después de un año en Tokio y ver el suelo del metro de la propia ciudad con los ojos entrenados por el catálogo japonés es una experiencia perceptiva extraña y enriquecedora: uno empieza a ver el mantenimiento (o falta de él), el desgaste (o conservación), el brillo (o apagamiento) con resolución que antes no tenía. El catálogo léxico no se queda en Japón; se viene en la cabeza del aprendiz a su propia cultura material de origen y la re-encuadra perceptivamente. Es uno de los regalos vitales del aprendizaje cultural serio.

Cuarta lección, y última: la mirada cultural también tiene política. Aprender a ver el Japón pika-pika implica simultáneamente aprender a ver el trabajo humano que lo produce: los limpiadores, los mantenedores, los productores invisibles del estado material que el viajero europeo admira. El catálogo léxico no es estéticamente neutro; nombra estados materiales que son producto histórico de trabajo y de elecciones colectivas, y nombrarlos sin nombrar el trabajo que los produce es la forma básica de la mirada turística superficial. La mirada cultural madura mira simultáneamente el estado y su producción, la superficie y los procesos, el resultado estético y los costes humanos. Aprender el catálogo léxico de los estados japoneses es, en este sentido, una invitación a la mirada cultural compleja, no a la admiración simple. El Japón pika-pika es maravilloso y producido por trabajo humano remunerado y sostenido por presupuestos públicos y acompañado de costes psicosociales legítimamente discutibles. Las cuatro proposiciones son simultáneamente verdaderas. La mirada cultural madura del hispanohablante que ha llegado hasta aquí debería poder sostenerlas las cuatro a la vez.

El próximo capítulo de la serie —el artículo 212— aborda el campo que más se ha visualizado y exportado culturalmente del catálogo onomatopéyico japonés entero: las onomatopeyas en el manga y el anime, donde todas las categorías del catálogo léxico —giongo, giseigo, gitaigo, gijōgo, giyōgo— se materializan visualmente como caracteres gráficos dentro del cuadro de viñeta, produciendo el lenguaje visual más reconocible internacionalmente del Japón contemporáneo. Si los estados visuales nos enseñaron a mirar el mundo material, las onomatopeyas del manga nos van a enseñar a mirar la cultura visual entera del Japón cotidiano y popular. Es uno de los capítulos más divertidos visualmente de la serie y la conexión más directa con la cultura pop que el lector hispanohablante consume habitualmente. Te espero allí.

Onomatopeyas de Estados: Kira-kira, Pika-pika y el Mundo Visual Japonés