Yamato Damashii: El Espíritu Japonés y su Legado Complejo

Mil años de Yamato Damashii: del Genji Monogatari a Motoori Norinaga, del secuestro militarista a los kamikaze, hasta su regreso deportivo contemporáneo.

Frankfurt, Alemania, 17 de julio de 2011, final de la Copa Mundial Femenina de la FIFA. Japón se enfrenta a Estados Unidos, la selección favorita de los últimos quince años, en un partido que arrastra el peso de cuatro meses excepcionales: el terremoto del 11 de marzo, el tsunami que arrasó la costa nordeste de Tōhoku, el accidente nuclear de Fukushima Daiichi, las imágenes de familias enteras buscando los cuerpos de sus seres queridos entre los escombros, la nación entera en estado de duelo. Nadeshiko Japan —el nombre del equipo, derivado del 「大和撫子」 (yamato nadeshiko, "el clavel chino de Yamato", figura clásica de la feminidad japonesa)— no es la favorita estadística del partido. Estados Unidos juega un fútbol físicamente más potente, técnicamente más probado, mentalmente más experimentado en finales. Y, sin embargo, las japonesas resisten dos veces el empate, llevan el partido a la prórroga, lo llevan a los penaltis, y ganan el campeonato del mundo. La capitana, Sawa Homare, recibe el trofeo, el balón de oro de mejor jugadora del torneo, y la bota de bronce de máxima goleadora. En la rueda de prensa posterior, una periodista japonesa le pregunta qué ha sentido el equipo durante el partido. Sawa responde, sin retórica, con voz baja: "Hemos jugado con el corazón de las Yamato Nadeshiko". La nación que la mira por televisión a las cuatro de la madrugada llora.

Once años después, el 23 de noviembre de 2022, en el estadio Khalifa de Doha, durante el Mundial de Qatar, el seleccionador masculino japonés Moriyasu Hajime ve a su equipo —los Samurai Blue— derrotar a la Alemania campeona del mundo 2014 por 2-1. Una semana más tarde, el 1 de diciembre, el mismo equipo derrota a España por idéntico marcador y avanza primero de su grupo a los octavos. El capitán Yoshida Maya da entrevistas en las que aparece la palabra 「大和魂」 (Yamato damashii): han mostrado, dice, "el alma de Yamato". La frase circula por toda la prensa mundial. Periodistas británicos, españoles, argentinos, alemanes traducen con prudencia: "Japanese fighting spirit", "espíritu samurái", "el alma japonesa". La palabra pasa, por unas horas, a formar parte del léxico futbolístico global.

Y, sin embargo, esa misma palabra —Yamato Damashii, "el alma de Yamato"— fue pronunciada hace solo ochenta años en otro contexto radicalmente distinto, por personas radicalmente distintas, en un contexto que la nación japonesa contemporánea recuerda con dolor irreparable. El 25 de octubre de 1944, en el golfo de Leyte, en Filipinas, el teniente Seki Yukio, veintidós años, despegó al mando de cinco aviones Zero cargados de bombas y los dirigió contra los portaaviones estadounidenses USS St. Lo y otros buques de la Tercera Flota. Era la primera misión organizada de las unidades 「神風特別攻撃隊」 (Shinpū Tokubetsu Kōgekitai, "Cuerpos Especiales de Ataque del Viento Divino"), las que la lengua de los aliados llamaría kamikazes. Las cuatro escuadrillas que formaron aquel primer cuerpo se llamaron 「敷島隊」 (Shikishima-tai), 「大和隊」 (Yamato-tai), 「朝日隊」 (Asahi-tai), 「山桜隊」 (Yamazakura-tai) — los cuatro sustantivos del poema más famoso de Motoori Norinaga, el del 「敷島の大和心」 ("el alma de Yamato de las islas tendidas"). Hasta 1945, los cuatro mil hombres jóvenes que murieron en misiones de ataque suicida fueron despedidos en sus bases con el grito 「大和魂で散れ」 (Yamato damashii de chire, "muere con el alma de Yamato").

Estas dos escenas —Sawa Homare ganando el mundial femenino y el teniente Seki conduciendo a cinco hombres muy jóvenes a la muerte— pronuncian la misma palabra con sentidos casi opuestos. Entre ambas, mil años de historia léxica, política y emocional. Este artículo es sobre esos mil años. Es uno de los artículos más difíciles que vamos a publicar en NDV este año, porque la palabra de la que trata exige, por igual, honestidad histórica —no minimizar el secuestro militarista—, piedad por las víctimas —los pilotos kamikaze fueron primero víctimas de su propio mando antes que verdugos de nadie—, recuperación del sentido original —el yamato damashii nació en el Heian femenino del siglo XI como sinónimo de sensatez práctica y elegancia, no de coraje militar— y reconocimiento del uso contemporáneo —las Nadeshiko Japan, los Samurai Blue y los Samurai Japan han devuelto, en contextos pacíficos, una posibilidad de uso que la posguerra había sellado—. Recorreremos, en estas páginas, los orígenes Heian del término en boca de Murasaki Shikibu; el renacimiento kokugaku del periodo Edo con Motoori Norinaga y su célebre poema; la politización bakumatsu con Yoshida Shōin y los samuráis de Chōshū; la fórmula meijiana del 「和魂洋才」 (wakon yōsai, "alma japonesa, técnica occidental"); el secuestro militarista de 1930-1945 y la tragedia kamikaze; el silencio de la posguerra; y la rehabilitación deportiva contemporánea que ha devuelto la palabra al uso público sin —se espera— sus connotaciones más oscuras. Cerraremos con la pregunta inevitable: ¿qué nos enseña esta palabra, y de qué nos advierte? Lo hacemos con cuidado. Empezamos.

El origen olvidado: "Yamato Damashii" en el Heian femenino del siglo XI

La primera aparición documentada del término 「大和魂」 (yamato damashii) en la literatura japonesa no está en un manual de samuráis ni en una crónica militar: está en una novela escrita por una mujer, la dama Murasaki Shikibu, hacia el año 1008, en el capítulo veintiuno del 「源氏物語」 (Genji Monogatari, "La novela de Genji"). El capítulo se titula 「少女」 (Otome, "La doncella"). El contexto es educativo: el príncipe Hikaru Genji, protagonista de la novela, está reflexionando sobre la educación que debe dar a su hijo Yūgiri, un joven adolescente que acaba de recibir el cuarto rango cortesano y al que su padre quiere proteger de los privilegios fáciles. Genji decide que Yūgiri no estudiará los clásicos en casa, como hijo de aristócrata sin esfuerzo, sino que entrará en la universidad imperial a estudiar chino clásico —los Cinco Clásicos confucianos, los textos canónicos del saber continental— en condiciones iguales a las de los demás estudiantes. Justificando esta decisión, Genji pronuncia la frase que va a entrar en la historia del idioma japonés:

「なほ才をもととしてこそ、大和魂の世に用ゐらるる方も強うはべらめ」

(Nao zae wo moto to shite koso, Yamato-damashii no yo ni mochii-raruru kata mo tsuyō habera-me)

"Solo cuando se tiene la erudición china (zae) como base, el yamato damashii tiene fuerza para ser puesto en práctica en el mundo".

La frase es decisiva para entender qué significa originalmente el término, y conviene desmontarla pieza por pieza. Primero: el contexto es educativo y cortesano, no militar. No se está hablando de coraje en la batalla; se está hablando de cómo se forma un joven aristócrata Heian. Segundo: el término 「才」 (zae) designa específicamente el saber chino —el conocimiento profundo de los clásicos confucianos, la capacidad de componer poesía china formal, el dominio de la prosa china administrativa—; era el saber de prestigio máximo en el siglo XI japonés. Tercero: el término 「大和魂」 (yamato damashii) designa, por contraste con zae, el sentido práctico nativo japonés, la sensatez aplicada, la inteligencia de juicio, la capacidad de adaptar la doctrina abstracta a las situaciones concretas del mundo real. Cuarto: la frase no opone zae y yamato damashii: los complementa. La idea de Genji es que sin la base sólida del saber chino, el yamato damashii —el sentido práctico nativo— no tiene materia donde aplicarse; pero sin yamato damashii, el zae es saber ornamental sin capacidad de afectar la realidad.

Lo que esta primera aparición histórica establece es radical para cualquier lectura contemporánea: el yamato damashii original es, en el siglo XI, una virtud civil y aristocrática de carácter femenino, no marcial. Significa sentido común aplicado, inteligencia práctica, sensatez de juicio, elegancia social. Es lo que en castellano se llamaría savoir-faire —si admitiéramos la palabra francesa— o, con más fortuna, buen sentido. Murasaki, mujer de la corte imperial, autora de una de las novelas más sofisticadas de la historia mundial, define el alma de Yamato como el opuesto del saber doctrinal libresco: es lo que distingue al letrado culto pero estéril del letrado culto y eficaz, lo que distingue al estudiante brillante del cortesano capaz de moverse en el mundo. No tiene ninguna connotación marcial. No tiene ninguna referencia al coraje físico, al sacrificio, al heroísmo, al desprecio de la muerte. Es civilidad inteligente, nada más.

La aparición de Murasaki no es aislada. Sei Shōnagon, contemporánea suya, en el 「枕草子」 (Makura no Sōshi, "El libro de la almohada", c. 1002), usa la expresión vecina 「大和心」 (yamato gokoro, "corazón de Yamato") en sentido equivalente: la sensibilidad nativa, la elegancia japonesa de juicio, frente al saber importado. Akazome Emon, otra poetisa Heian del entorno de la corte imperial, usa también el término en su poesía privada. Las crónicas históricas del periodo Heian tardío —「大鏡」 (Ōkagami, "El gran espejo", siglo XII) y 「今鏡」 (Imakagami, "El espejo del presente", siglo XII)— emplean yamato damashii y yamato gokoro para describir a personajes históricos como Fujiwara no Tokihira o Fujiwara no Takaie alabándolos no por su valor militar sino por su astucia política, su capacidad de juicio en situaciones complejas, su inteligencia de gobierno. En todos los casos, durante todo el periodo clásico, el significado es el mismo: inteligencia práctica nativa, no coraje marcial.

Esto debe quedar claro al lector hispanohablante, porque la imagen contemporánea internacional del yamato damashii —fijada por las décadas militares del siglo XX— ha borrado completamente este origen femenino, civil y refinado. El término nace en la pluma de una mujer, designando una virtud civil, y vive bajo ese sentido sus primeros setecientos años de existencia documentada. Recuperar esto no es un ejercicio académico ocioso: es una operación de justicia histórica sobre una palabra que la historia subsiguiente desfiguró hasta volverla irreconocible para sus propios padres etimológicos. Murasaki Shikibu, si hubiera podido ver lo que el siglo XX hizo con su palabra, no la habría reconocido.

Motoori Norinaga y el renacimiento del Yamato-gokoro en el periodo Edo

Entre el siglo XI Heian y el siglo XVIII Edo, el término 「大和魂」 sobrevive en un uso menor, ocasional, mayormente literario. No es una palabra de combate ni de ideología en los siete siglos del Japón medieval y moderno temprano. Los textos militares samuráis del periodo Sengoku (siglos XV-XVI) y del Edo temprano usan otras categorías —「武士の心得」 (bushi no kokoroe, "lo que debe saber el guerrero"), 「武勇」 (buyū, "coraje marcial"), 「忠義」 (chūgi, "fidelidad")— para hablar del ethos guerrero. El 「武士道」 (bushidō, "el camino del guerrero"), formalizado teóricamente en el siglo XVII y XVIII, prácticamente no usa el término yamato damashii. La palabra duerme.

Quien la despierta, en el siglo XVIII, es Motoori Norinaga (1730-1801), médico de provincia, filólogo, fundador del movimiento 「国学」 (kokugaku, "estudios nacionales"). Nacido en Matsusaka, en la actual prefectura de Mie, formado como médico en Kioto en sus años jóvenes, Norinaga dedicó cuarenta años de su vida a una empresa intelectual única: leer el Kojiki en su lengua original. El 「古事記」 (Kojiki, "Crónica de cosas antiguas", 712 d.C.) es la primera crónica histórico-mitológica del Japón, escrita en una mezcla extremadamente difícil de chino clásico y de japonés arcaico transcrito con caracteres chinos. Nadie en el siglo XVIII podía leerlo realmente sin un esfuerzo filológico monumental. Norinaga dedicó treinta y cinco años de estudio paciente a producir el 「古事記伝」 (Kojiki-den, "Comentario al Kojiki", 1798), cuarenta y cuatro volúmenes de comentario filológico, lingüístico, mitológico y filosófico que constituyen, todavía hoy, uno de los monumentos más importantes de la erudición japonesa.

La empresa filológica de Norinaga estaba animada por una intuición fundamental: debajo de siete siglos de pensamiento japonés influenciado por el budismo, el confucianismo, el taoísmo y, desde el siglo XVI, el cristianismo, debía existir una sensibilidad japonesa original, anterior, no contaminada por el pensamiento continental. Esa sensibilidad —pensaba Norinaga— estaba sepultada en el lenguaje del Kojiki, del Manyōshū y del Genji, y solo una filología radical podía rescatarla. Su nombre técnico para esa sensibilidad nativa era 「大和心」 (yamato gokoro, "corazón de Yamato") o, según los contextos, 「大和魂」 (yamato damashii). El opuesto sistemático que Norinaga construye es 「漢心」 (karagokoro, "corazón chino"), el modo de pensar racionalista, sistemático, moralista, didáctico que el budismo y el confucianismo habrían superpuesto al alma japonesa original.

El 「敷島の大和心」 —el poema que cualquier japonés mínimamente culto conoce todavía hoy, y que aparecerá ochenta años después en la nomenclatura de los kamikaze— es el manifiesto poético comprimido de toda esta filosofía. Norinaga lo escribió a los sesenta y un años, en 1790, como inscripción autobiográfica para un retrato pintado que se conserva todavía en el santuario que le dedican en Matsusaka. El poema dice:

「敷島の大和心を人問はば 朝日に匂ふ山桜花」

(Shikishima no Yamato gokoro wo hito towaba / Asahi ni niou yamazakura-bana)

"Si alguien me preguntara qué es el corazón de Yamato de las islas tendidas / es la flor del cerezo silvestre que perfuma el sol de la mañana".

El poema es explícitamente antiguerrero. Si Norinaga hubiera querido decir que el alma japonesa es coraje marcial, habría escogido cualquier imagen marcial disponible —la espada, el arco, la armadura, el campo de batalla—. Lo que escoge es la flor del cerezo silvestre —no el cerezo ornamental cultivado, sino el silvestre, el de la montaña— en la luz de la mañana. La imagen es estética, contemplativa, vinculada a la naturaleza, conectada con la sensibilidad clásica del 「もののあはれ」 (mono no aware, "la emoción de las cosas") que Norinaga había desarrollado como concepto filosófico central en su lectura del Genji. El "alma de Yamato" de Norinaga es sensibilidad estética, capacidad de emocionarse ante la belleza fugaz del mundo natural, sentido del aware. Nada que ver con el coraje militar.

Hay que subrayar este punto con la mayor claridad posible, porque el siglo XX subsiguiente lo desfiguró por completo. Norinaga no era nacionalista expansionista, no era militarista, no era racista en sentido moderno, no defendía la superioridad japonesa sobre las naciones vecinas. Era un filólogo provincial profundamente cristiano (en sentido de bondad personal, no de religión confesional) que pasaba sus tardes leyendo el Genji y discutiendo con sus discípulos sobre la estética del aware. Su política, en la medida en que existía, era una política de conservación cultural: defender el lenguaje nativo, las antiguas costumbres, los antiguos santuarios sintoístas, contra la marea racionalista del confucianismo oficial bakufu. Era una posición políticamente menor, casi marginal, en el Japón Edo. Que su frase del 敷島の大和心 terminara, ciento cincuenta y cuatro años después, dando nombre a las escuadrillas suicidas del Shikishima-tai, Yamato-tai, Asahi-tai y Yamazakura-tai habría sido, para él, incomprensible. Norinaga celebraba el cerezo silvestre como emblema de sensibilidad estética, no como emblema de muerte joven. Esa transformación es obra del siglo XX, no suya.

Lo que el kokugaku de Norinaga sí hizo, indirectamente, fue proporcionar al Japón Meiji un vocabulario nacionalista preformado: la oposición yamato gokoro / karagokoro, la idea de una esencia japonesa pura anterior a las contaminaciones continentales, el culto de los textos fundadores del Kojiki, el énfasis en el linaje imperial ininterrumpido. Estos materiales, neutros en boca de Norinaga, serían rearmados después en sentidos que él no pudo prever. La culpa histórica de eso no es de Norinaga, pero la historia léxica del yamato damashii del siglo XX no se entiende sin el material que el kokugaku puso a disposición. Es una de esas paradojas trágicas de la historia de las ideas: el filólogo pacífico de Matsusaka, sin saberlo, escribió las dos sílabas que ochenta años después llamarían al sacrificio a cuatro mil pilotos veinteañeros.

Yoshida Shōin y el "Yamato Damashii" político del bakumatsu

La transición decisiva del yamato damashii sentimental-estético de Norinaga al yamato damashii político-activista del Japón Meiji tiene un nombre, un lugar y una fecha: Yoshida Shōin (1830-1859), Hagi (en la actual prefectura de Yamaguchi), y los años 1857-1859 del periodo bakumatsu —los últimos años convulsos del shogunato Tokugawa, cuando la presión de los acorazados estadounidenses del comodoro Perry (1853) había hecho saltar por los aires el viejo sistema de aislamiento.

Yoshida Shōin era un samurái de Chōshū, una de las provincias más reactivas a la presión occidental, formado en la tradición kokugaku y en el confucianismo neoconfucianista, lector apasionado de Norinaga y de los clásicos chinos por igual. En 1854, con veinticuatro años, intentó subir a uno de los barcos del comodoro Perry para irse a estudiar a Estados Unidos —era un crimen capital bajo la legislación Tokugawa que prohibía abandonar el país— y fue arrestado. Pasó los siguientes años entre prisiones y arrestos domiciliarios, durante los cuales abrió en Hagi una pequeña academia, el 「松下村塾」 (Shōka Sonjuku, "Academia del pueblo bajo los pinos"), en la que formó a una generación de samuráis jóvenes que serían, años después, los arquitectos de la Restauración Meiji: Itō Hirobumi (primer ministro de Japón cuatro veces), Yamagata Aritomo (artífice del ejército moderno), Kido Takayoshi (uno de los Tres Grandes Nobles de la Restauración), Takasugi Shinsaku (héroe militar de Chōshū). En 1859, a los veintinueve años, Yoshida Shōin fue ejecutado por orden del shogunato por participar en un complot contra un alto funcionario. Murió en la prisión de Edo el 21 de noviembre de 1859.

En el viaje en palanquín desde Hagi hasta la prisión de Edo, sabiendo que iba a morir, Yoshida Shōin compuso el segundo poema que va a entrar en la historia léxica del yamato damashii:

「かくすればかくなるものと知りながら やむにやまれぬ大和魂」

(Kaku sureba kaku naru mono to shiri-nagara / Yamu ni yamarenu Yamato damashii)

"Aun sabiendo que si hago esto pasará esto / no puedo dejar de hacerlo, ese es el alma de Yamato".

El poema es, en su brevedad, la primera politización completa del término. El yamato damashii ya no es —como en Murasaki— sensatez práctica para sobrevivir en la corte. Ya no es —como en Norinaga— sensibilidad estética para emocionarse con la flor del cerezo. Es ahora decisión moral irrevocable, convicción política que ningún cálculo prudencial puede frenar, compromiso heroico hasta la muerte. Yoshida Shōin sabe que su participación en el complot va a costarle la cabeza —"sabiendo que si hago esto pasará esto"— y, sin embargo, no puede no hacerlo: hay algo dentro de él, que llama yamato damashii, que le impide la prudencia. La palabra se vuelve, en este poema, un nombre para la voluntad política intransigente.

Esta transformación es históricamente comprensible —el bakumatsu es un periodo de elecciones radicales, de jóvenes que deciden morir por causas que creen necesarias para el futuro del país— y políticamente comprensible —Shōin pertenece a la generación que va a derribar el shogunato y crear el Japón moderno—. Pero es léxicamente decisiva: el yamato damashii entra ahora en el campo semántico de la voluntad política heroica, y de ahí en adelante ya no podrá salir sin lucha. Los discípulos de Shōin, formados en Hagi escuchando sus lecciones, llevarán este sentido del término a la maquinaria del Japón Meiji que ellos mismos van a construir. Itō Hirobumi lo pronunciará en discursos parlamentarios. Yamagata Aritomo lo escribirá en directivas militares. El espíritu de los pinos de Hagi —activista, decidido, antiprudencial— se inocula en el ADN ideológico del nuevo Japón.

Hay que mencionar también, junto a Yoshida Shōin, una variante femenina del mismo desplazamiento semántico que ocurre en los mismos años: la guerrera Niijima Yae (1845-1932), figura del Boshin y luego cristiana convertida y educadora, que recibió en su época el apodo de "yamato damashii femenino" por su coraje militar durante la defensa del castillo de Aizu-Wakamatsu en 1868. En boca de los contemporáneos de Niijima, yamato damashii ya designa, sin transición, coraje físico —exactamente lo que Murasaki Shikibu no quería decir y Norinaga no quería decir—. La transformación se ha completado en una sola generación. La palabra Heian de la sensatez de juicio civil se ha convertido en la palabra bakumatsu de la voluntad heroica armada. El siglo XX, que viene a continuación, simplemente recibirá la palabra ya transformada y la llevará hasta sus consecuencias últimas.

Meiji y Taishō: "Wakon Yōsai" y la nación moderna

El periodo Meiji (1868-1912), inaugurado por la Restauración que los discípulos de Yoshida Shōin pilotan, hereda el yamato damashii ya politizado del bakumatsu y lo institucionaliza como ingrediente central de la identidad nacional moderna que el nuevo régimen está construyendo a marchas forzadas. El Japón Meiji emprende, simultáneamente, una modernización tecnológica radical —ferrocarriles, telégrafo, marina de guerra, industria pesada, sistema educativo universal— y una construcción ideológica nacional que necesita un núcleo identitario propio para no disolverse en la ola occidentalizante. El yamato damashii entra en escena como ese núcleo.

La fórmula política que sintetiza la operación es 「和魂洋才」 (wakon yōsai, "alma japonesa, técnica occidental"), divisa que circula desde los años 1870 y que se enseña en las escuelas Meiji a millones de niños. La fórmula es eficaz porque resuelve, sobre el papel, una tensión real: el Japón quiere los trenes, los acorazados, la química industrial, las leyes administrativas alemanas y el liberalismo económico inglés, pero no quiere disolver su identidad cultural en ese flujo. Wakon yōsai dice: importemos la técnica, conservemos el alma. La palabra 「魂」 (kon) en wakon es el mismo kon de yamato damashii. La operación retórica es transparente: el yamato damashii se vuelve, en una sola jugada, el reservorio nacional irrenunciable frente a la modernización tecnológica externa.

El despliegue institucional del yamato damashii meijiano es masivo. Se enseña en las escuelas primarias a través de los manuales de moral (shūshin), donde aparece junto a otros conceptos identitarios —「忠君愛国」 (chūkun aikoku, "lealtad al emperador, amor a la patria"), 「武士道」 (bushidō), 「皇室」 (kōshitsu, "casa imperial")—. Se inscribe en los rescriptos imperiales sobre educación de 1890 y sobre soldados y marineros de 1882. Aparece en los discursos de los primeros ministros, en las arengas militares, en la prensa nacionalista, en las letras de canciones patrióticas. La marca de tabaco 「敷島」 (Shikishima), creada por el monopolio estatal en 1904 —justo al inicio de la Guerra ruso-japonesa—, toma el nombre directamente del primer verso del poema de Norinaga, y se convierte en el cigarrillo de elección de los soldados japoneses que combaten en Manchuria. Otros cigarrillos del monopolio se llamarán 「大和」 (Yamato), 「朝日」 (Asahi), 「山桜」 (Yamazakura) —los cuatro sustantivos clave del shikishima no yamato gokoro—. La poesía del filólogo pacífico de Matsusaka se ha vuelto, sin que él pueda objetar nada desde su tumba, el léxico ambiental del Japón militarmente expansivo.

La Guerra ruso-japonesa (1904-1905), terminada con la victoria japonesa de Tsushima, refuerza la asociación del yamato damashii con la superioridad espiritual sobre el enemigo material. La narrativa oficial dice: éramos militarmente más débiles que el Imperio ruso, pero ganamos por la fuerza del yamato damashii. Esta interpretación —discutible históricamente, pero eficaz ideológicamente— se vuelve dogma escolar durante toda la era Taishō (1912-1926) y temprano Shōwa (1926-...). Generaciones enteras de niños japoneses crecen oyendo, en clase, que el yamato damashii vale más que el armamento moderno. Esta inversión —el espíritu por encima de la materia, la voluntad por encima de la técnica— preparará psicológicamente al país, sin que nadie lo prevea conscientemente todavía, para la catástrofe del periodo 1937-1945.

El periodo Taishō introduce, como contrapunto, un breve interludio de liberalismo democrático y diversidad cultural: la "democracia Taishō" (1912-1926) es la apertura urbana, modernista, moga (la modan gāru, la chica moderna), parlamentaria, internacionalista que el Japón moderno solo va a producir esa primera vez. El yamato damashii se discute, se relativiza, se ironiza incluso en algunos círculos intelectuales —el filósofo Watsuji Tetsurō publica en 1934 Fūdo ("Clima"), un análisis culturalista que sitúa el alma japonesa en los rasgos materiales del archipiélago sin retórica nacionalista—. Pero la línea principal del discurso público, especialmente la línea militar, mantiene la palabra como núcleo intocable de la identidad nacional. La crisis económica de 1929, el asesinato del primer ministro Hamaguchi Osachi en 1930, los incidentes militares de 1931 en Manchuria, el golpe del 26 de febrero de 1936, marcan la deriva irrefrenable hacia el militarismo abierto. En este movimiento, el yamato damashii será el combustible ideológico principal. La palabra que Murasaki escribió hace nueve siglos como descripción del savoir-faire cortesano va a entrar, ahora sí, en la peor frase de su biografía.

1930-1945: el secuestro militarista — Shikishima-tai, Yamato-tai, los pilotos kamikaze

Conviene tratar este periodo con la mayor solemnidad posible, sin retórica y sin minimización. Entre 1937 —año del incidente del Puente Marco Polo que abre la guerra total con China— y 1945 —año de la rendición—, el régimen militarista japonés instrumentalizó el yamato damashii como legitimación ideológica del sufrimiento y de la muerte impuestos a millones de personas: soldados japoneses enviados a frentes sin víveres en China, en Birmania, en el Pacífico; civiles japoneses sometidos a movilización total y a bombardeos; soldados y civiles chinos, coreanos, filipinos, birmanos, indonesios, vietnamitas, taiwaneses, estadounidenses, británicos, australianos, neozelandeses, holandeses victimados por la guerra de agresión japonesa. La palabra del Genji, despojada de toda su densidad léxica original, se redujo a una sola función: persuadir a los japoneses jóvenes de que era razonable morir y matar por el emperador.

La página más dolorosa de esta operación es la de los 特別攻撃隊 (Tokubetsu Kōgekitai, "Cuerpos Especiales de Ataque"), conocidos internacionalmente como kamikaze. Creados oficialmente el 19 de octubre de 1944 por el vicealmirante Ōnishi Takijirō como respuesta desesperada al colapso japonés en el Pacífico —Japón no podía ya ganar ninguna batalla naval convencional, las pérdidas de aviones excedían en órdenes de magnitud la capacidad productiva japonesa, los pilotos veteranos habían muerto en oleadas anteriores—, los Tokubetsu Kōgekitai consistían en aviones cargados de explosivos pilotados deliberadamente contra blancos navales aliados, con muerte cierta del piloto. La primera misión se ejecutó el 25 de octubre de 1944 sobre el golfo de Leyte, en Filipinas. El piloto que la lideró fue el teniente Seki Yukio, veintidós años. Las cuatro escuadrillas iniciales se llamaron:

  • 「敷島隊」 (Shikishima-tai), del primer sustantivo del poema de Norinaga
  • 「大和隊」 (Yamato-tai), del segundo sustantivo
  • 「朝日隊」 (Asahi-tai), del cuarto sustantivo
  • 「山桜隊」 (Yamazakura-tai), del quinto sustantivo

La nomenclatura no era casual: el mando japonés tomó deliberadamente el poema más conocido de Motoori Norinaga sobre el alma de Yamato como cerezo silvestre y lo aplicó como sello identitario sobre las unidades suicidas. Cada una de las cuatro escuadrillas llevaba el nombre de una palabra del poema, y los pilotos eran instruidos en la idea de que estaban encarnando, literalmente, el yamato damashii del verso. El poema más pacífico de la tradición kokugaku se convirtió en el bautismo de las cuatro mil muertes más jóvenes del Japón de 1944-45.

Las cifras conservadas son aproximadas pero indicativas: 3.860 pilotos kamikaze murieron durante los últimos diez meses de la guerra, en misiones que hundieron 34 buques estadounidenses y dañaron a otros 368. La inmensa mayoría tenía entre 18 y 24 años; eran, mayoritariamente, estudiantes universitarios reclutados —los 学徒兵 (gakuto-hei, "soldados-estudiantes") movilizados desde 1943 cuando los pilotos profesionales ya se habían agotado—. Sus cartas de despedida (isho), conservadas por miles en el 「知覧特攻平和会館」 (Museo de la Paz Chiran, en Kagoshima) y otros archivos, son uno de los corpus documentales más conmovedores y más estudiados del Japón del siglo XX. Una lectura honesta de esas cartas —pueden consultarse en traducciones castellanas parciales— revela algo más complejo que la propaganda oficial que las enmarcaba: muchos pilotos escribieron a sus madres con miedo apenas disimulado, con dudas sobre la causa, con conciencia clara de que estaban siendo sacrificados por un mando que no veía salida, con piedad por las novias que no volverían a ver, con confesiones agnósticas de que no creían en el más allá imperial-shintoísta del manual ideológico. La frase 「大和魂で散れ」 que les decían al despegar no expresaba su convicción: expresaba la convicción del Estado militar que los enviaba a morir. Esto es importante mantenerlo claro. Las víctimas kamikaze fueron primero víctimas, antes que verdugos.

La conclusión que cualquier lectura cuidadosa de este periodo debería extraer es doble: por un lado, el yamato damashii fue instrumentalizado por el aparato militar de un Estado expansionista como herramienta de movilización forzosa; por otro lado, la palabra misma no es responsable: nada en su biografía Heian, kokugaku ni siquiera bakumatsu prefiguraba necesariamente esta deriva. La cuestión es histórica, no semántica: en el Japón posterior a 1945, ¿qué se puede hacer con una palabra cuya última gran página la escribieron cuatro mil veinteañeros muertos en aviones-bomba?

Posguerra: tabú, silencio y la imposible recuperación

La respuesta del Japón posbélico a esa pregunta fue, durante varias décadas, el silencio. La derrota del 15 de agosto de 1945 —el 「玉音放送」 (gyokuon hōsō, "transmisión de la voz augusta"), el discurso de rendición del emperador Shōwa por radio, pidiendo a sus súbditos "soportar lo insoportable y aguantar lo inaguantable"— produjo en la sociedad japonesa un colapso ideológico y emocional de proporciones masivas. La maquinaria del yamato damashii militarizado se desmontó en pocas semanas: la ocupación estadounidense liderada por el general MacArthur prohibió la enseñanza del 「修身」 (shūshin, "moral nacional") en las escuelas, censuró los libros de texto patrioticos, depuró del aparato del Estado a los principales ideólogos militares, juzgó a los responsables máximos en el Tribunal Militar Internacional para el Lejano Oriente (1946-1948). El término yamato damashii desapareció, prácticamente de la noche a la mañana, del léxico público respetable.

No desapareció del idioma —se conservó en diccionarios, en estudios académicos, en obras literarias retrospectivas— pero pasó a ocupar un espacio léxicamente quemado: pronunciarlo en serio, en público, sin marcadores irónicos o críticos, sonaba automáticamente como adhesión a la ideología responsable de la catástrofe. Los lingüistas hablan en estos casos de palabras tabuizadas por la historia: el alemán Volk después de 1945, el italiano Patria tras el fascismo, el ruso narod en cierta literatura crítica de la era soviética. El yamato damashii se inscribió en ese conjunto. Una generación entera de japoneses creció sin oír la palabra fuera de contextos críticos o irónicos.

La literatura japonesa de posguerra refleja muy bien esta retirada léxica. Ōoka Shōhei publica en 1951 「野火」 (Nobi, "Fuegos en la llanura"), novela autobiográfica sobre la campaña filipina, en la que el yamato damashii aparece únicamente como ironía amarga en boca de personajes que ya no creen en él. Mishima Yukio, paradójicamente, intentará rescatarlo en sentido reaccionario en los años 60 con su intento ridículo y trágico de golpe militar de 1970 —el más infructuoso intento de rehabilitación posbélica del léxico militarista—. Ibuse Masuji lo evita por completo en su obra magna sobre Hiroshima, 「黒い雨」 (Kuroi ame, "Lluvia negra", 1965). El cine de Kurosawa Akira, Ozu Yasujirō, Naruse Mikio, Imamura Shōhei construye el Japón de los años 50 y 60 sin la palabra: la identidad japonesa moderna se reconstruye, durante esos años, sobre otros léxicos —「ガンバル」 (ganbaru, esforzarse, artículo 188 de esta serie), 「絆」 (kizuna, vínculo, artículo 194), 「和」 (wa, armonía)—. El yamato damashii duerme.

Hay una excepción posbélica que merece mencionarse, porque ilustra la complejidad del campo: la franja conservadora-tradicionalista de la política japonesa —el ala derecha del Partido Liberal Democrático, los círculos en torno al 「靖国神社」 (Yasukuni-jinja, santuario donde están consagradas las almas de los caídos en las guerras imperiales incluyendo a los kamikaze), los movimientos de revisión histórica— nunca renunció a la palabra. Para esta franja, el yamato damashii siguió siendo, durante toda la posguerra, una herramienta ideológica activa. El uso conservador de la palabra mantuvo el tabú vivo: cada vez que un político conservador la pronunciaba en un mitin o un editorial nacionalista la usaba, el resto de la sociedad japonesa la registraba como palabra políticamente marcada, no neutralizada todavía por el paso del tiempo. La rehabilitación general del término —si es que iba a ocurrir— iba a tener que venir, por tanto, de otro lugar. De un lugar lo suficientemente alejado del campo político como para neutralizar la carga histórica. Ese lugar, como veremos en la sección siguiente, fue el deporte.

Nadeshiko, Samurai Blue, Samurai Japan: el regreso deportivo del Yamato Damashii

La rehabilitación contemporánea del yamato damashii —parcial, condicional, deportiva, todavía ambivalente para muchos— ocurre en las dos últimas décadas y se cristaliza en torno a tres equipos nacionales:

Nadeshiko Japan, la selección femenina de fútbol, fundada con ese nombre en 2004 a partir del término clásico 「大和撫子」 (yamato nadeshiko, "el clavel chino de Yamato"), figura literaria que designa, desde el periodo Heian, la feminidad japonesa idealizada —fuerza interior, elegancia, contención emocional, resiliencia—. El nombre evita deliberadamente el término yamato damashii y elige una variante más pacífica y femenina, pero la asociación está implícita: las Nadeshiko son las hijas culturales del yamato damashii en su acepción Heian femenina original —la de Murasaki Shikibu—. Su victoria en el Mundial de Alemania 2011, cuatro meses después del terremoto del 11 de marzo y del desastre nuclear de Fukushima, las convirtió en icono nacional de la resiliencia colectiva de un Japón en duelo. La capitana Sawa Homare —Balón de Oro de la FIFA en 2011, máxima goleadora del torneo, jugadora del equipo en cinco Mundiales— se convirtió en el rostro del proyecto. La rueda de prensa de la final, donde Sawa habló del 「大和撫子の心」 (Yamato nadeshiko no kokoro, "corazón de las Yamato Nadeshiko"), reactivó el campo léxico del yamato en sentido pacífico, femenino, deportivo y emocionalmente sano que la posguerra había clausurado.

Samurai Blue, la selección masculina de fútbol, registrada con ese nombre en 2005 por la federación japonesa. La asociación entre fútbol y samurái es deliberada y no inocente —recupera el campo léxico marcial, eso es evidente—, pero opera dentro del espacio simbólico-deportivo, lo cual neutraliza los significados literales. Los Samurai Blue no van a la guerra: van al Mundial. Su rendimiento creciente en los últimos quince años —Mundial de Sudáfrica 2010, Mundial de Brasil 2014, Mundial de Rusia 2018, Mundial de Qatar 2022— ha consolidado el proyecto identitario. La famosa victoria sobre Alemania (2-1) el 23 de noviembre de 2022 y sobre España (2-1) el 1 de diciembre del mismo año, durante la fase de grupos del Mundial de Qatar, fueron uno de los momentos deportivos más comentados del Japón contemporáneo. El capitán Yoshida Maya y entrenadores y jugadores han usado el término yamato damashii en entrevistas posteriores, especialmente la expresión 「大和魂を見せた」 (yamato damashii wo miseta, "hemos mostrado el alma de Yamato"), aplicada al esfuerzo colectivo, la resistencia mental, la capacidad de remontar.

Samurai Japan, la selección masculina de béisbol, que ganó el World Baseball Classic de 2023 derrotando a Estados Unidos en la final. El equipo, dirigido por Kuriyama Hideki y capitaneado por Darvish Yu con Ōtani Shōhei como figura emblemática (artículo 188 de esta serie), construyó su identidad sobre la fusión entre talento técnico de nivel mundial —Ōtani, único jugador contemporáneo capaz de ser titular como bateador y lanzador simultáneamente— y disciplina colectiva de tipo yamato. Los discursos del capitán y del entrenador en la celebración, los comentarios de Ōtani en las ruedas de prensa posteriores, la cobertura periodística nacional usaron el campo léxico del yamato damashii con una naturalidad que habría sido impensable veinte años antes. La palabra había vuelto al uso público respetable, al menos en este registro deportivo concreto.

A estos tres ejes principales —fútbol femenino, fútbol masculino, béisbol— hay que añadir el rugby japonés con su selección 「桜戦士」 (Sakura no Senshi, "Guerreros del cerezo"), cuya histórica clasificación a cuartos de final en el Mundial de Rugby 2019 organizado en Japón fue otro momento de movilización colectiva con vocabulario yamato. Y, en un plano individual, hay que mencionar a Hanyū Yuzuru, doble oro olímpico de patinaje artístico en Sochi 2014 y PyeongChang 2018, cuya estética performativa explícitamente integra elementos del bushidō visual —vestuario inspirado en samuráis, narrativa de 「弁慶」 (Benkei) en su programa libre olímpico— sin pronunciar la palabra yamato damashii pero invocando todo su campo semántico.

El cambio cultural que estos casos representan es significativo: el deporte ha conseguido, en las últimas dos décadas, reabrir un campo léxico que la historia había clausurado. La pregunta crítica, evidentemente, es si esta reapertura es sana, si está suficientemente blindada contra deslizamientos hacia los significados militaristas originales, si la celebración deportiva del yamato damashii no es, sin querer, un caballo de Troya cultural que permita el regreso silencioso de otras connotaciones. Distintos analistas japoneses contemporáneos —el sociólogo Ueno Chizuko, el historiador Yoshimi Shun'ya, el filósofo Karatani Kōjin— han discutido públicamente la cuestión sin llegar a consenso. La posición pragmática que parece imponerse es: el uso deportivo es legítimo y celebrable mientras se mantenga estrictamente contextual —en estadios, no en parlamentos; en celebraciones, no en discursos políticos; en metáforas, no en programas de partido—. El día que la palabra empiece a aparecer en discursos del Ministerio de Defensa o en plataformas electorales del LDP, la alarma debería volver a sonar. Hasta entonces, el yamato damashii de Nadeshiko Japan y de los Samurai Blue ocupa un espacio cultural sano: emocional, colectivo, deportivo, no marcial.

Lo que el Yamato Damashii nos enseña — y lo que nos advierte

Cerrar este artículo es difícil porque los aprendizajes que extrae son, ineludiblemente, dobles: hay lecciones positivas que el yamato damashii ofrece a un hispanohablante contemporáneo, y hay advertencias serias que el mismo término obliga a registrar. Las dos caras importan por igual.

Primero, la cara positiva. El yamato damashii, leído desde su origen Heian femenino, nos ofrece un concepto que el castellano no lexicaliza con la misma elegancia: la idea de que el saber abstracto necesita un complemento práctico nativo para volverse efectivo en el mundo. Murasaki Shikibu describió, en una sola frase del Genji, una verdad pedagógica que conserva validez universal: la erudición sin sentido común es ornamento, el sentido común sin erudición es ignorancia, las dos juntas producen al ser humano cultivado completo. Esta intuición —que en el siglo XI japonés se expresaba en la oposición zae / yamato damashii— es transportable a cualquier cultura. Cualquier hispanohablante que reflexione sobre la formación de sus hijos, sobre el sistema educativo nacional, sobre la relación entre los expertos académicos y la sabiduría popular, encontrará en el yamato damashii Heian una herramienta conceptual útil. La palabra, en su sentido original, enseña.

Segundo, la cara estética. El yamato damashii de Motoori Norinaga —el del cerezo silvestre en la luz de la mañana— ofrece a quien lo escucha una de las imágenes poéticas más bonitas de la tradición japonesa. La idea de que el alma de un pueblo puede ser definida no por su poder militar ni por su riqueza ni por su productividad sino por la capacidad de emocionarse ante la belleza efímera de la naturaleza es una de esas intuiciones culturales que vale la pena conservar, traducir, transportar. El shikishima no yamato gokoro de Norinaga es patrimonio universal de la sensibilidad, comparable al duende lorquiano o a la saudade portuguesa, conceptos también difíciles de traducir y profundamente arraigados en sus culturas de origen. Aprender el sentido Heian-Norinaga del yamato damashii es una de las maneras de aumentar el repertorio emocional propio en una dirección hacia la que el castellano no tiene léxico equivalente desarrollado. Es ganancia neta.

Tercero, la cara contemporánea. Las Nadeshiko Japan, los Samurai Blue, los Samurai Japan han demostrado, en las últimas dos décadas, que un término léxicamente quemado por la historia puede recuperarse para el uso público sano si se respetan ciertas condiciones contextuales. La operación cultural en marcha en el Japón deportivo contemporáneo —reapertura cautelosa del término en contextos pacíficos, asociación con esfuerzo colectivo en lugar de sacrificio individual, énfasis en la resiliencia emocional en lugar del coraje marcial, vinculación con el polo Heian-femenino (Nadeshiko) tanto como con el polo guerrero-masculino (Samurai)— es un ejemplo de gestión cultural madura del léxico histórico que otras sociedades —incluida la hispanohablante, con su propio léxico históricamente quemado tras Franco, Pinochet, Videla, Stroessner, Trujillo— pueden estudiar con provecho.

Y ahora, la cara difícil. El yamato damashii del periodo 1930-1945 nos advierte sobre cómo una palabra culturalmente densa puede ser secuestrada por un aparato estatal violento y reducida a herramienta de movilización forzosa. La historia es transferible: cualquier hispanohablante familiarizado con el franquismo español —"España, una, grande y libre"—, con el peronismo argentino —"para un argentino no hay nada mejor que otro argentino"—, con el nacional-catolicismo latinoamericano, con el bolivarianismo venezolano, con el lavajatismo brasileño, con cualquier movimiento que instrumentalice el patriotismo cultural como justificación de la violencia política, reconocerá en el yamato damashii de los kamikazes un familiar oscuro. Las palabras culturalmente densas son vulnerables al secuestro, y el secuestro siempre va de la mano de un aparato estatal —o paraestatal— dispuesto a redefinir el término según sus propios intereses violentos. La advertencia del yamato damashii es universal.

Y, sobre todo, está la piedad histórica debida a las víctimas. Cuatro mil jóvenes de entre dieciocho y veinticuatro años murieron, en los últimos diez meses de la guerra, despegando aviones-bomba con la frase yamato damashii resonando en sus oídos. Sus cartas, conservadas en Chiran y en otros museos, son lectura obligada para cualquiera que pretenda entender esta palabra a fondo. Aprendí, leyendo algunas, que la inmensa mayoría de aquellos pilotos eran estudiantes universitarios —humanistas, ingenieros, médicos en formación—, que en sus cartas a sus madres hablaban de los libros que estaban leyendo, de las novias con las que no iban a casarse, del miedo que tenían, de la conciencia clara que tenían de estar siendo sacrificados sin salida posible. El yamato damashii con el que murieron no era el suyo: era el del Estado militar que los enviaba. Cualquier discusión contemporánea de la palabra que olvide esto comete una falta de respeto histórico imperdonable. La cara difícil del yamato damashii no es solo política: es humana.

Con este artículo abrimos la trilogía final de Palabras y Cultura —los artículos 201, 202 y 203, dedicados a los conceptos psicológicos profundos del japonés contemporáneo—. El artículo 202 abordará 「我慢」 (gaman, "la paciencia silenciosa"), el ethos del aguante japonés —emparentado con el yamato damashii pero con biografía propia—. El artículo 203, 「甘え」 (amae, "la dependencia legítima"), cerrará la trilogía con el concepto que el psiquiatra Doi Takeo identificó en los años 70 como llave maestra de la psicología japonesa contemporánea. Tres palabras que, juntas, mapean el interior emocional del Japón actual. El yamato damashii ha sido la apertura más compleja y más cargada de los tres. Te espero, lector hispanohablante que ha llegado hasta aquí, en el siguiente.

Yamato Damashii: El Espíritu Japonés y su Legado Complejo