Sakaiminato, verano de 2027. David, investigador mexicano de manga de treinta y cuatro años, camina por la Mizuki Shigeru Road, una calle comercial de unos ochocientos metros flanqueada por ciento setenta y siete estatuas de bronce de yōkai.
El ojo-padre Medama-oyaji, la vieja Sunakake-babaa, el muro Nurikabe, la tela voladora Ittan-momen: los personajes de GeGeGe no Kitarō observan en silencio a los transeúntes. David se detiene ante un kappa de bronce con su plato en la cabeza y sonríe.
"En México tenemos a La Llorona y al Chupacabra", piensa, "pero nunca imaginé un folclore con tantas criaturas, tan catalogadas, tan queridas." El mundo sobrenatural japonés es un universo propio donde el miedo y la ternura se mezclan de un modo que ninguna otra tradición reproduce.
Ese universo tiene dos grandes habitantes que el visitante suele confundir: el yōkai y el yūrei. No son lo mismo, y la diferencia es la clave para entenderlo todo. A grandes rasgos, el yūrei es el espíritu de un ser humano muerto, mientras que el yōkai nunca fue humano: es un espíritu de la naturaleza, un objeto animado, una criatura de otro orden.
De esa distinción nacen los tres grandes yōkai —el oni, el kappa, el tengu—, los tres grandes yūrei —Oiwa, Okiku, Otsuyu— y toda una genealogía que llega desde el Kojiki del siglo VIII hasta Kimetsu no Yaiba y Jujutsu Kaisen.
Este artículo es una guía ordenada de ese mundo, pensada tanto para el aficionado al anime como para el curioso del folclore. No trata el culto a los antepasados ni las fiestas del Obon y el Higan, que cubrimos en el artículo dedicado; aquí el foco son las criaturas en sí: qué son, de dónde vienen y por qué siguen tan vivas.
Con él cerramos la serie Religión y Espiritualidad, que ha recorrido santuarios, templos, sellos, bodas y budismo, y termina en el rincón más fascinante —y menos solemne— del imaginario japonés.

Yōkai vs Yūrei: la diferencia esencial
Qué es un yūrei
El yūrei es el espíritu de una persona muerta que no ha logrado descansar. Sus rasgos definitorios:
- Fue humano: es alguien que murió, no una criatura de otro orden.
- Murió dejando apego, rencor o algo sin resolver en este mundo.
- Se aparece ante personas concretas ligadas a su historia.
- Se representa tradicionalmente sin pies, flotando.
- Viste kimono blanco, con el pelo suelto y el rostro pálido.
Cuando se resuelve aquello que lo ataba —una venganza, una despedida—, el yūrei desaparece. Es, en el fondo, un problema del alma humana, emparentado con el culto a los muertos del que hablamos en Obon y Higan.
Qué es un yōkai
El yōkai es un ser dotado de un poder sobrenatural que el sentido común no explica, y su rasgo esencial es el opuesto: nunca fue humano.
- Habita en fenómenos naturales, animales, plantas u objetos.
- Se le llama también mononoke, ayakashi o mamono.
- Tiene una forma fija y reconocible, casi de personaje.
- A lo largo de la historia pasó de ser objeto de terror a objeto de entretenimiento.
Un yūrei es el fantasma de alguien; un yōkai es una criatura del mundo.
Dónde aparece cada uno
La geografía también los separa:
- El yūrei aparece en lugares ligados a su historia personal: una casa, un pozo, una habitación.
- El yōkai habita un entorno natural concreto: la montaña, el río, el bosque, el puerto de montaña.
El yūrei es un fenómeno individual; el yōkai, un fenómeno del lugar, ligado a santuarios y parajes como los que recorrimos en la guía de los diez santuarios.
Un debate abierto
Conviene una honestidad académica: si el yūrei es o no un tipo de yōkai es algo que los propios folcloristas discuten. Algunos estudiosos incluyen los fantasmas dentro de la categoría general de yōkai; la gran "Base de datos de leyendas de fenómenos extraños y yōkai" del Centro Internacional de Investigación de Estudios Japoneses (Nichibunken) los trata a ambos de forma conjunta. La distinción que usamos aquí es la más didáctica, no la única posible.
Los Tres Grandes Yōkai: Oni, Kappa y Tengu
Oni: el ogro de cuernos
El oni es un yōkai humanoide con cuernos y colmillos. Sus raíces llegan hasta la Yomotsu-shikome del Kojiki, una hechicera del inframundo. Con el tiempo, moldeado por el budismo y el onmyōdō, tomó su forma clásica:
- Piel roja o azul, a veces dorada o negra.
- Un taparrabos de piel de tigre y una maza de hierro (kanabō).
- Presencia en cuentos como Momotarō o Rashōmon.
En la fiesta de Setsubun, el grito "¡Oni fuera, fortuna dentro!" lo convierte en símbolo de todo lo que se expulsa. Su versión moderna más célebre son los demonios de Kimetsu no Yaiba.
Kappa: el espíritu del agua
El kappa vive junto al agua. Tiene aspecto de niño, cuerpo verde con membranas en manos y pies, un corte de pelo okappa y, sobre todo, un plato de agua en la cabeza: si el plato se seca o se rompe, el kappa muere.
- Se dice que es un dios del agua degradado.
- Es travieso pero, según muchas leyendas, no verdaderamente malvado.
- Otras versiones lo hacen arrastrar a la gente al agua para quitarle el shirikodama.
- Le encantan los pepinos y el sumo.
El escritor Ryūnosuke Akutagawa le dedicó una novela entera, Kappa, prueba de su hondo arraigo cultural. Pocas criaturas resumen tan bien el carácter ambiguo del yōkai: ni del todo bueno ni del todo malo, capaz de ahogar a un niño y, al instante siguiente, de premiar con habilidades de curación a quien lo trata con respeto.
Esa ambivalencia —tan distinta del monstruo puramente maligno del imaginario occidental— es una de las claves de por qué el folclore japonés resulta tan fascinante para el visitante hispano.
Tengu: el señor de la montaña
El tengu habita en lo profundo de las montañas. Llegado de leyendas chinas y transformado en Japón por el shugendō, se representa como:
- Un asceta de montaña (yamabushi) de rostro rojísimo y nariz larga.
- Con alas en la espalda y un abanico de plumas.
- Dotado de poderes sobrenaturales y capaz de volar.
A veces venerado como dios de la montaña, protagoniza la leyenda de Minamoto no Yoshitsune aprendiendo esgrima de los tengu del monte Kurama. El monte Takao es su santuario más famoso, uno de esos parajes sagrados vecinos a los templos de la guía dedicada.
De tres a cinco
Hay quien amplía la lista a los cinco grandes yōkai sumando el zorro (kitsune) y el tejón (tanuki), maestros ambos del disfraz. El zorro es a la vez mensajero de la deidad Inari —la de Fushimi Inari— y embaucador que adopta forma humana.

Los Tres Grandes Yōkai Malignos
Frente a los yōkai cotidianos, la tradición señala tres figuras de poder temible, unidas por una leyenda común.
| Figura | Naturaleza | Escenario |
|---|---|---|
| Shuten-dōji | Jefe de los oni | Monte Ōe (Kioto) |
| Tamamo-no-Mae | Zorro de nueve colas | Corte imperial |
| Emperador Sutoku | Humano vuelto tengu | Exilio en Sanuki |
Shuten-dōji
El Shuten-dōji es el rey de los oni, morador del monte Ōe. Su nombre alude a su afición a la bebida (shuten, "borracho"). Al mando de una banda de demonios, aterrorizó la capital en la época del emperador Ichijō, hasta que el héroe Minamoto no Yorimitsu y sus cuatro fieles lo abatieron. Según la leyenda, su cabeza acabó guardada en el tesoro del Byōdō-in de Uji, el del Pabellón del Fénix.
Tamamo-no-Mae
Tamamo-no-Mae era una cortesana de belleza sin igual, favorita del emperador retirado Toba. Pero su verdadera naturaleza era la de un zorro blanco de nueve colas. Fue el adivino Abe no Yasunari —descendiente del célebre Abe no Seimei— quien desveló el engaño, y los guerreros la abatieron. Su figura, la del kyūbi no kitsune, resuena aún en el imaginario de muchas obras contemporáneas.
El emperador Sutoku
El caso del emperador Sutoku es singular: un humano convertido en tengu. Derrotado en la rebelión de Hōgen y exiliado a Sanuki, murió lleno de rencor y se convirtió, según la creencia, en el mayor onryō —espíritu vengativo— de la historia de Japón, uno de los "tres grandes espíritus rencorosos" junto a Sugawara no Michizane y Taira no Masakado. Hoy se le venera en el santuario Shiramine de Kioto para apaciguar su ira.
La figura del onryō —el espíritu que regresa para vengar una injusticia— es una de las claves del folclore japonés y merece una nota aparte. A diferencia del fantasma occidental, que suele limitarse a asustar, el onryō actúa: provoca desastres, epidemias, muertes.
Por eso la cultura japonesa desarrolló todo un sistema de ritos de apaciguamiento —el goryō shinkō— para convertir al espíritu rencoroso en deidad protectora. Sugawara no Michizane, deificado como Tenjin tras una serie de catástrofes atribuidas a su ira, es el ejemplo perfecto: de víctima política a dios de los estudios, venerado hoy en miles de santuarios.
El miedo, en el Japón antiguo, no se combatía ignorándolo, sino integrándolo en la religión.
Los Tres Grandes Yūrei
Si los yōkai vienen de la montaña, los tres grandes yūrei vienen todos del teatro y el relato de terror del período Edo, y todos son mujeres traicionadas.
Oiwa, de Yotsuya Kaidan
Oiwa es la protagonista del Yotsuya Kaidan, popularizado por la obra de kabuki de Tsuruya Nanboku. Envenenada por la traición de su marido Iemon, su rostro queda espantosamente desfigurado y regresa como espíritu vengador. Su leyenda es tan poderosa que aún hoy muchos actores visitan el santuario Oiwa Inari de Yotsuya antes de representar la obra, para pedir permiso.
Okiku, de Banchō Sarayashiki
Okiku protagoniza el Banchō Sarayashiki. Sirvienta acusada de romper uno de los diez platos valiosos de su señor, es arrojada a un pozo. Desde el fondo, su espíritu cuenta los platos —"uno... dos..."— hasta llegar a nueve y romper a llorar, incapaz de encontrar el décimo. Existe también una versión de Himeji, el Banshū Sarayashiki.
Otsuyu, de Botan Dōrō
Otsuyu es la figura del Botan Dōrō ("La linterna de peonías"), célebre por el rakugo de San'yūtei Enchō. La difunta Otsuyu regresa cada noche a visitar a su amado Shinzaburō llevando una linterna con motivos de peonías, anunciada por el karan-koron de sus zuecos. Es, de los tres, el más romántico y melancólico.
Los "tres grandes" de hoy
El folclore no se detiene: los niños japoneses hablan hoy de sus propios tres grandes fantasmas escolares, nacidos de la leyenda urbana: Hanako-san del baño, la mujer de la boca rota (Kuchisake-onna) y Teke-Teke. Son yūrei nuevos, hijos del rumor y de la escuela.

Historia del yōkai: de la antigüedad al presente
De los mitos a las imágenes
El recorrido histórico explica por qué estas criaturas son hoy personajes:
- Kojiki (712) y Nihon Shoki (720): aparecen las primeras criaturas —la serpiente Yamata-no-Orochi, la hechicera Yomotsu-shikome—, pero sin forma dibujada.
- Konjaku Monogatari (s. XII) y otras colecciones: abundan los relatos de lo extraño y nace la idea del hyakki yagyō, el "desfile nocturno de cien demonios".
- Otogizōshi y rollos pintados (s. XV–XVI): los yōkai adquieren por fin cuerpo, y sorprendentemente se los dibuja casi tiernos, como mascotas.
El siglo de oro de Edo
El período Edo convirtió el miedo en cultura popular:
- El hyaku-monogatari, la reunión en que se apagaban cien velas contando cien historias de terror, se puso de moda.
- Toriyama Sekien completó en 1776 su Gazu Hyakki Yagyō, un auténtico "atlas ilustrado" de yōkai.
- Maestros del ukiyo-e como Hokusai y Kuniyoshi hicieron de fantasmas y monstruos un gran tema artístico.
El nacimiento del estudio
Ya en la era moderna, el mundo sobrenatural se volvió objeto de estudio. Lafcadio Hearn (Koizumi Yakumo) recopiló sus Kwaidan en 1904, y Kunio Yanagita fundó prácticamente el folclore japonés con su Tōno Monogatari (1910). El yōkai dejaba de ser superstición para volverse patrimonio cultural.
Mizuki Shigeru: el padre del yōkai moderno
Una vida marcada por el otro mundo
Ningún nombre pesa tanto en el yōkai contemporáneo como el de Mizuki Shigeru (1922-2015). Nacido en Sakaiminato, perdió el brazo izquierdo en la Segunda Guerra Mundial y, ya de vuelta, se hizo dibujante. En 1965 empezó a publicar GeGeGe no Kitarō, la obra que lo cambió todo: por primera vez, los yōkai dejaban de ser un susto para convertirse en personajes con carácter, historia y hasta ternura.
GeGeGe no Kitarō
La serie sigue a Kitarō, el último superviviente de una tribu de espíritus, acompañado de Medama-oyaji, Nezumi-otoko y una galería inolvidable. Adaptada al anime y al cine en varias generaciones, ha fascinado a japoneses del Shōwa, el Heisei y el Reiwa, y elevó el folclore a cultura pop de primer orden.
La Mizuki Shigeru Road
En su ciudad natal, Sakaiminato (prefectura de Tottori), el homenaje es físico: unos ochocientos metros de calle con ciento setenta y siete estatuas de bronce de yōkai, más el Museo Memorial Mizuki Shigeru. Es el gran lugar de peregrinación para los amantes del género, un destino tan singular como los santuarios de nuestra guía.
Hasta los trenes que llevan hasta allí van decorados con yōkai, y las alcantarillas, los buzones y las farolas del pueblo repiten los motivos de la obra: toda una ciudad convertida en homenaje al folclore.


El yōkai en la cultura pop moderna
Lejos de apagarse, el folclore vive hoy su mejor momento en manga, anime y videojuegos.
| Obra | Año | Criatura central |
|---|---|---|
| Yōkai Watch | 2013 | Yōkai coleccionables |
| Kimetsu no Yaiba | 2016 | Oni (demonios) |
| Jujutsu Kaisen | 2018 | Jujigen (maldiciones) |
| El viaje de Chihiro | 2001 | Espíritus varios |
Yōkai Watch y Kimetsu no Yaiba
Yōkai Watch (2013) convirtió a los yōkai en criaturas coleccionables y amigables —Jibanyan, Komasan— y fue la puerta de entrada de toda una generación infantil: el yōkai hecho kawaii. En el extremo opuesto, Kimetsu no Yaiba (2016) reinterpretó al oni en un drama del período Taishō que batió récords mundiales de taquilla, prueba de que el yōkai clásico aún puede conquistar el planeta.
Jujutsu Kaisen y el legado Ghibli
Jujutsu Kaisen (2018) creó un nuevo tipo de entidad, los jujigen o "maldiciones", que funden yōkai, fantasma y magia. Y antes que todos ellos, el cine de Studio Ghibli —El viaje de Chihiro (2001), La princesa Mononoke (1997)— pobló la gran pantalla de espíritus y deidades, como recordamos en nuestro artículo sobre Ghibli. A ellos se suma la ternura de Natsume Yūjinchō, prueba de que el yōkai también puede ser dulce.
Los yōkai que aún nacen
El folclore sigue engendrando criaturas: Hanako-san, la Kuchisake-onna y otras nacen de la leyenda urbana, y las redes sociales alumbran ya sus propios "yōkai de la era Reiwa". El desfile nocturno de cien demonios no ha terminado nunca.
Comparativa con el folclore hispanohablante
Para el lector hispano, el paralelo es esclarecedor: no estamos ante algo exótico, sino ante la misma imaginación humana con otro rostro.
- La Llorona: la mujer que llora buscando a sus hijos junto al río es, en esencia, un yūrei femenino y trágico como Oiwa u Okiku.
- El Cucuy / El Coco: el ser con que se asusta a los niños desobedientes cumple la misma función que el namahage japonés.
- El Chupacabra: criatura de la leyenda urbana surgida en los años noventa, nace igual que la Kuchisake-onna, del rumor moderno.
Los temas de fondo coinciden a ambos lados del Pacífico: el fantasma femenino trágico, el monstruo educativo para los niños y la leyenda urbana contemporánea. Son universales que una familia bicultural, como las de nuestro artículo sobre familias internacionales, puede transmitir por partida doble.

Lugares para conocer yōkai en Japón
Para quien quiera pasar del libro al viaje, hay auténticos santuarios del folclore:
- Sakaiminato (Tottori): la Mizuki Shigeru Road y su museo, la cumbre del turismo yōkai.
- Tōno (Iwate): el escenario del Tōno Monogatari, con su estanque de kappa; la meca del folclore.
- Monte Ōe (Kioto): la tierra de Shuten-dōji, con su museo del oni.
- Miyoshi (Hiroshima): el Museo Yumoto Kōichi de Yōkai de Japón, primer museo público del género (2019), con unas cinco mil piezas.
- Fukusaki (Hyōgo): la cuna de Yanagita Kunio, con un parque donde emerge un kappa robótico de un estanque.
Cada uno combina el placer del folclore con el descubrimiento de un Japón rural poco transitado, otra forma de viajar que complementa la ruta de templos y santuarios.
Conviene visitarlos, además, en la estación adecuada: el verano es la temporada tradicional de las historias de fantasmas en Japón —se dice que el escalofrío ayuda a combatir el calor—, y muchos de estos lugares programan en julio y agosto exposiciones especiales, recorridos nocturnos y festivales de yōkai que multiplican la experiencia.
Conclusión: el universo folclórico japonés
David volvió a Ciudad de México con una libreta llena de bocetos de yōkai y la certeza de haber tocado algo profundo: el mismo pueblo que levantó el Gran Buda de Nara pobló también sus noches de ogros, kappa y zorros de nueve colas.
El yōkai y el yūrei no son "cuentos de miedo": son una forma de ver el mundo, una manera de dar cuerpo a lo inexplicable que va del Kojiki a Jujutsu Kaisen sin perder el hilo. Y son, además, un espejo donde el lector hispano reconoce a su propia Llorona y a su propio Cucuy.
Con este artículo cerramos la serie Religión y Espiritualidad, que ha recorrido los santuarios y los templos, el sello del goshuin, la boda internacional y las dos grandes ramas del budismo, para terminar aquí, en la noche poblada de criaturas. La siguiente serie de NDV cambiará de registro hacia el japonés práctico, el idioma del día a día.
Pero eso, como el desfile de los cien demonios, será otra historia.
Para seguir leyendo
- Obon y Higan: honrando a los ancestros — el culto a los muertos, no a los monstruos.
- Los 10 santuarios más famosos de Japón — parajes donde habita lo sagrado.
- Los 10 templos budistas más famosos de Japón — el Byōdō-in y la cabeza de Shuten-dōji.
- Budismo japonés vs sudeste asiático — el trasfondo religioso del oni.
- Estudio Ghibli y Miyazaki — los espíritus en el cine.
- Familias internacionales: la fusión en casa — transmitir dos folclores a la vez.