Un anciano pierde su caballo. Una rana cree que un pozo es el mundo entero. Un zorro se pasea fingiendo ser tan temible como un tigre. Un tanuki cuenta las pieles de unos animales que todavía no ha cazado. Bienvenido al bestiario del refranero japonés, uno de los rincones más vívidos, divertidos y sabios de toda la cultura del país.
Los animales son los grandes protagonistas de las kotowaza, los refranes japoneses. Y tiene todo el sentido: convertir una idea abstracta —la suerte caprichosa, la mente estrecha, la falsa fiereza, la ilusión de contar con lo que aún no se tiene— en una pequeña escena protagonizada por un bicho la hace inolvidable. Donde nosotros decimos "no cuentes los pollos antes de nacer", el japonés pinta a un tanuki haciendo cálculos con pieles imaginarias. La imagen se queda grabada para siempre, y de eso, precisamente, va un buen refrán.
En esta guía vas a recorrer todo el zoológico del refranero japonés, agrupado por animales: el caballo que enseña que la suerte es imprevisible, el gato que recibe monedas que no aprecia, el perro que tropieza con la fortuna, la rana del pozo, el tigre y el zorro, las aves modestas y los insectos con alma. Verás qué enseña cada uno, la imagen que esconde y, cuando la hay, su sorprendente coincidencia con nuestro propio refranero. Empezamos por el más sabio de todos: un caballo que se escapa.
塞翁が馬: el caballo del anciano

El refrán más profundo de todo el bestiario japonés es 塞翁が馬 (saiō ga uma), "el caballo del anciano de la frontera", que enseña que la fortuna y la desgracia son imprevisibles, y que lo que parece malo puede ser bueno, y al revés. Detrás hay una de las grandes fábulas de la antigua China.
Cuenta la historia que a un anciano que vivía cerca de la frontera se le escapó su caballo. Los vecinos lo compadecieron —"¡qué desgracia!"—, pero el viejo, sereno, respondió: "¿quién sabe si no será una suerte?". Días después, el caballo volvió acompañado de otro caballo salvaje. "¡Qué suerte!", dijeron los vecinos. "¿Quién sabe si no será una desgracia?", contestó el anciano. Y, en efecto: su hijo, montando el caballo nuevo, se cayó y se rompió una pierna. "¡Qué desgracia!" "¿Quién sabe...?" Poco después estalló una guerra, reclutaron a todos los jóvenes sanos —que murieron casi todos en el frente—, pero el hijo, por su pierna rota, se libró y sobrevivió. La moraleja es de una sabiduría serena e imbatible: nunca sabemos si lo que nos pasa es bueno o malo, porque la vida sigue, y cada suceso es semilla del siguiente. Es el equivalente perfecto de nuestro "no hay mal que por bien no venga", pero contado con un caballo y toda una vida.
Los doce animales del zodíaco

Antes de seguir, conviene saber que los animales tienen en Japón un peso simbólico enorme, empezando por el zodíaco oriental (eto, 干支): un ciclo de doce años, cada uno regido por un animal, que sigue muy vivo hoy. La gente sabe de qué animal es (su "signo"), se felicita el Año Nuevo con el animal de turno, y se le atribuyen rasgos de carácter según el suyo.
Los doce son: rata, buey, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, oveja, mono, gallo, perro y jabalí. Fíjate en un detalle revelador: el gato no está. Una conocida leyenda popular explica por qué: cuando los dioses convocaron a los animales para asignarles los doce puestos, la rata engañó al gato diciéndole una fecha equivocada, y por eso el gato llegó tarde y se quedó fuera, lo que explicaría —según el cuento— por qué los gatos persiguen a las ratas para siempre. Este trasfondo simbólico, en el que cada animal carga con su personalidad y sus historias, es el terreno fértil del que brotan los refranes: cuando un japonés oye "tigre" o "zorro", no piensa solo en el bicho, sino en todo un mundo de significados.
El gato: monedas, patas y máscaras

El gato, pese a quedar fuera del zodíaco, es protagonista de un montón de refranes y expresiones, reflejo de lo presente que está en la vida japonesa. Estos son algunos imprescindibles:
| Expresión | Literal | Significado |
|---|---|---|
| 猫に小判 | Una moneda de oro a un gato | Dar algo valioso a quien no lo aprecia |
| 猫の手も借りたい | Querer pedir prestada hasta la pata de un gato | Estar ocupadísimo |
| 猫の額 | La frente de un gato | Un espacio diminuto |
| 猫をかぶる | Ponerse un gato encima | Fingir ser inocente o dócil |
El más útil es 猫に小判 (neko ni koban), idéntico a nuestras "margaritas a los cerdos": de nada sirve dar algo valioso a quien no sabe apreciarlo. Pero los demás son una delicia: estar tan ocupado que "pedirías prestada hasta la pata de un gato" (neko no te mo karitai); llamar a un jardín minúsculo "la frente de un gato" (neko no hitai); y, el mejor de todos, 猫をかぶる (neko wo kaburu), "ponerse un gato por encima", que describe a quien finge ser dulce e inocente ocultando su verdadero carácter, justo lo que en español llamamos "hacerse el santito" o "matar callando". El gato, animal de doble cara donde los haya, era el actor perfecto para ese papel.
El perro: la fortuna del que se mueve

El perro, fiel compañero y omnipresente, también da varios refranes memorables. El más famoso es 犬も歩けば棒に当たる (inu mo arukeba bō ni ataru), literalmente "si el perro camina, se topa con un palo". Tiene una doble lectura encantadora: puede significar que quien se mueve y actúa se encuentra con problemas (el palo como golpe), pero también, en su uso más común hoy, que quien sale y se mueve encuentra oportunidades inesperadas (el palo como golpe de suerte). Es decir, "el que busca, halla", para bien o para mal.
Otro muy usado es 犬猿の仲 (ken'en no naka), "la relación perro-mono", que describe a dos personas que se llevan fatal, como el perro y el mono, enemigos proverbiales: es nuestro "llevarse como el perro y el gato", solo que en Japón el rival del perro no es el gato, sino el mono. Y aunque no sea un refrán, no se puede hablar del perro japonés sin mencionar a Hachikō, el perro que durante años siguió acudiendo a la estación a esperar a su dueño ya fallecido: la encarnación de la lealtad canina, hoy con estatua propia en Shibuya. El perro, en el imaginario japonés, es a la vez el que tropieza con la suerte y el símbolo supremo de la fidelidad.
El caballo: oídos sordos y buena química

Además del sabio caballo del anciano, este animal protagoniza otros dichos muy usados. El más citado es 馬の耳に念仏 (uma no mimi ni nenbutsu), "un rezo budista en la oreja de un caballo": por más que recites una plegaria sagrada al oído de un caballo, el animal no entenderá ni apreciará nada. Describe el consejo o la enseñanza que cae en saco roto, dicho a quien no es capaz de valorarlo. Es primo de nuestro "predicar en el desierto" o "hablarle a la pared".
En el lado positivo está 馬が合う (uma ga au), "los caballos encajan", una expresión preciosa que significa llevarse bien, tener buena química con alguien, congeniar sin esfuerzo. La imagen viene del mundo de la equitación: cuando el caballo y el jinete se entienden y se mueven como uno solo, todo fluye. Por eso, cuando dos personas conectan de maravilla, los japoneses dicen que "sus caballos encajan". Es nuestro "hacer buenas migas", pero con una imagen ecuestre mucho más elegante. Dos caras del caballo —el que no oye y el que congenia— para dos verdades de la convivencia humana.
La rana: el pozo y la herencia

La humilde rana protagoniza dos de los refranes más sabios. El primero es 井の中の蛙大海を知らず (i no naka no kawazu, taikai wo shirazu), "la rana del pozo no conoce el océano". Una rana que ha vivido siempre en un pozo cree que ese pequeño círculo de cielo que ve desde el fondo es el mundo entero, y no imagina la inmensidad del mar. Describe, con compasión y un punto de crítica, a quien tiene una visión estrecha del mundo por falta de experiencia: el que cree que su pueblo, su empresa o su forma de pensar son todo lo que existe. Es un aviso contra la estrechez de miras, y una invitación a salir del pozo.
El segundo es 蛙の子は蛙 (kaeru no ko wa kaeru), "el hijo de la rana es una rana": los hijos se parecen a sus padres y suelen seguir su mismo camino. Es exactamente nuestro "de tal palo, tal astilla", aunque con un matiz a veces resignado: el renacuajo acabará siendo una rana como su madre, ni más ni menos, así que no esperes que un hijo sea muy distinto de sus progenitores. La rana, animal de los arrozales japoneses, presente por todas partes en la vida rural, era la protagonista perfecta para estas lecciones sobre los límites de la propia perspectiva y la fuerza de la herencia.
El tigre y el zorro: poder prestado y riesgo

El tigre, animal temible que no vive en Japón pero llegó con la cultura china, protagoniza dos refranes potentes. El primero es 虎の威を借る狐 (tora no i wo karu kitsune), "el zorro que toma prestada la autoridad del tigre". Viene de una fábula china: un zorro, a punto de ser devorado por un tigre, lo engaña diciéndole que él es el rey de los animales y que todos le temen; lo hace caminar detrás de él por el bosque, y al ver huir a las demás bestias (que en realidad huían del tigre), el tigre se lo cree. Describe al don nadie que se da importancia usando el poder de otro: el subordinado que abusa de su cargo amparándose en su jefe, el que presume de influencias ajenas. Un tipo humano que todos reconocemos.
El segundo es un canto al valor: 虎穴に入らずんば虎子を得ず (koketsu ni irazunba koji wo ezu), "si no entras en la guarida del tigre, no conseguirás su cría". Para lograr algo valioso, hay que arriesgarse; sin atreverse a entrar en la peligrosa cueva, jamás se obtendrá el preciado cachorro de tigre. Es el equivalente exacto de nuestro "quien no arriesga, no gana", con una imagen mucho más dramática. Entre el zorro cobarde que finge fiereza y el héroe que entra en la guarida, el refranero dibuja los dos polos del coraje: el falso y el verdadero.
Las aves: garras ocultas y rastros limpios

Las aves dan algunos de los refranes más elegantes. El más bello es 能ある鷹は爪を隠す (nō aru taka wa tsume wo kakusu), "el halcón capaz oculta sus garras". El halcón realmente diestro no va exhibiendo sus armas: las esconde, y solo las saca cuando hace falta. Describe a la persona de verdadero talento, que no presume de sus capacidades sino que las mantiene discretas. Es uno de los refranes que mejor capturan el valor japonés de la modestia: aquí, alardear es de mediocres; el que de verdad vale, calla. Un consejo precioso, y muy japonés.
Otros dos aviares imprescindibles: 立つ鳥跡を濁さず (tatsu tori ato wo nigosazu), "el pájaro que alza el vuelo no enturbia el agua que deja atrás", que aconseja marcharse de un sitio dejándolo todo limpio y en orden, sin dejar mal rastro: aplícalo a dejar un trabajo, una casa o una relación con dignidad. Y 雀の涙 (suzume no namida), "lágrimas de gorrión", una imagen tierna para decir una cantidad ridículamente pequeña (de dinero, sobre todo): "me pagaron lágrimas de gorrión". El halcón modesto, el pájaro pulcro y el gorrión llorón: tres aves para tres lecciones de carácter.
El tanuki: contar las pieles antes de cazar

El tanuki (el perro mapache japonés, una especie real muy presente en el folclore) protagoniza uno de los refranes más útiles y graciosos: 取らぬ狸の皮算用 (toranu tanuki no kawazan'yō), "calcular el valor de las pieles de un tanuki que aún no has cazado".
La imagen es perfecta y un poco absurda: alguien tan ilusionado que ya está echando cuentas de lo que ganará vendiendo las pieles de unos tanuki que ni siquiera ha atrapado todavía. Describe al que da por seguro y planifica con algo que aún no tiene, contando con un beneficio o un éxito que está lejos de estar garantizado. Es el gemelo exacto de nuestro "no cuentes los pollos antes de nacer" o "hacer las cuentas de la lechera". El tanuki, animal escurridizo y travieso del folclore japonés (famoso también por transformarse y por su barriga abultada), era el protagonista ideal para esta advertencia contra la ilusión prematura. Pocos refranes son tan útiles en la vida real: todos hemos contado, alguna vez, pieles de tanuki sin cazar.
Los insectos: el alma de lo pequeño

Hasta los bichos más diminutos tienen su refrán, y de los más conmovedores. El mejor es 一寸の虫にも五分の魂 (issun no mushi ni mo gobu no tamashii), "hasta el insecto de un sun tiene un alma de cinco bu". Aunque un insecto sea minúsculo (un sun es una medida pequeña), tiene dentro un alma proporcionalmente grande (cinco bu, la mitad de un sun). El significado es magnífico: hasta el ser más pequeño y débil tiene su dignidad y su orgullo, así que no lo subestimes ni lo humilles. Es una defensa preciosa de los humildes, un recordatorio de que el tamaño o la posición no miden el valor de un ser. Pocos refranes son tan nobles.
Y para reír, 飛んで火に入る夏の虫 (tonde hi ni iru natsu no mushi), "el insecto de verano que vuela hacia el fuego". Como las polillas que se lanzan a la llama y se queman, describe a quien se mete por su propia voluntad en un peligro evidente, atraído por algo que lo destruirá. Es nuestro "buscársela" o "ir como cordero al matadero", pero con la imagen universal de la polilla y la llama. El insecto, lo más pequeño de la creación, le sirve al japonés tanto para enseñar respeto por los débiles como para retratar la insensatez humana.
El buey y el ratón: lentitud y desesperación

Dos animales del zodíaco dan refranes muy distintos pero igual de sabios. El buey protagoniza 牛に引かれて善光寺参り (ushi ni hikarete Zenkōji mairi), "ir de peregrinación a Zenkō-ji arrastrado por un buey". Viene de una vieja leyenda: una anciana avara, persiguiendo a un buey que se había llevado enganchada una tela suya, acabó sin querer en el gran templo de Zenkō-ji, y aquella casualidad la convirtió en una persona devota. El refrán enseña que, a veces, uno llega a algo bueno por casualidad o llevado por otro, sin haberlo buscado: un golpe de fortuna que nos arrastra, como el buey, hacia donde no sabíamos que debíamos ir.
El ratón, en cambio, da uno de los refranes más fieros: 窮鼠猫を噛む (kyūso neko wo kamu), "el ratón acorralado muerde al gato". Un ratón jamás se atrevería a atacar a un gato... salvo cuando está arrinconado, sin escapatoria, y entonces, desesperado, se vuelve y muerde a su enorme depredador. Describe cómo hasta el más débil, llevado al límite, puede contraatacar con una fuerza inesperada. Es un aviso muy práctico: no acorrales del todo a nadie, ni siquiera a quien crees inofensivo, porque la desesperación da fuerzas. El buey que nos guía a la fortuna y el ratón que muerde al gato: dos lecciones opuestas sobre cómo la vida nos sorprende.
Grullas, tortugas y dragones: los animales auspiciosos

No todos los animales del refranero enseñan o critican; algunos simplemente traen buena suerte y larga vida. La pareja más célebre es 鶴は千年亀は万年 (tsuru wa sennen, kame wa mannen), "la grulla vive mil años, la tortuga diez mil". Aunque biológicamente no sea cierto, ambos animales son símbolos de longevidad y buena fortuna, y aparecen por todas partes en el arte, las bodas y las celebraciones de Año Nuevo como augurio de una vida larga y próspera. Ver una grulla y una tortuga juntas en una decoración japonesa es un deseo de salud y años.
La grulla da además 鶴の一声 (tsuru no hitokoe), "el único grito de la grulla", que describe la palabra autoritaria de alguien importante que zanja una discusión: en una reunión donde todos discuten sin ponerse de acuerdo, el "grito de la grulla" del jefe o del veterano lo decide todo de golpe. Y el dragón (ryū), criatura mítica venida de China, aporta el majestuoso 登竜門 (tōryūmon), "la puerta del dragón ascendente", que nombra una prueba difícil que, superada, abre las puertas del éxito (de una leyenda china sobre las carpas que, remontando una cascada, se convertían en dragones). Grullas, tortugas y dragones demuestran que el bestiario japonés no solo retrata defectos humanos: también guarda los símbolos más luminosos de la esperanza y la fortuna.
El pez que se escapó y el porqué de tantos animales

Cerramos el zoológico con un refrán pesquero muy humano: 逃した魚は大きい (nigashita sakana wa ōkii), "el pez que se escapó era grande". Siempre nos parece que lo que perdimos o dejamos escapar —un trabajo, un amor, una oportunidad— era mejor de lo que en realidad era; la nostalgia agranda lo que ya no tenemos. Es una verdad psicológica certera, contada con la imagen del pescador que jura que el pez que se le escapó de la red era enorme.
¿Y por qué tantos, tantísimos animales en el refranero japonés? Por las mismas razones que en casi todas las culturas, pero acentuadas: Japón fue durante milenios una sociedad agrícola y rural, en estrecho contacto diario con animales domésticos y salvajes; su religión, el sintoísmo, venera la naturaleza y puebla el mundo de espíritus animales; y su folclore está repleto de bestias con poderes y personalidad (zorros, tanuki, kappa). En ese mundo, los animales eran el espejo más natural y cercano para hablar de los humanos. Observando al gato, la rana o el tanuki, los japoneses se observaban a sí mismos.
Comparación con el refranero español

Para un hispanohablante, lo fascinante es cuántos de estos refranes tienen un gemelo casi exacto en nuestro idioma, prueba de que ciertas verdades sobre la vida las descubren todos los pueblos:
| Refrán japonés | Equivalente español |
|---|---|
| 取らぬ狸の皮算用 | No cuentes los pollos antes de nacer |
| 猫に小判 | Echar margaritas a los cerdos |
| 虎穴に入らずんば… | Quien no arriesga, no gana |
| 蛙の子は蛙 | De tal palo, tal astilla |
| 塞翁が馬 | No hay mal que por bien no venga |
La coincidencia es asombrosa, y demuestra que la sabiduría popular es, en buena parte, universal. Pero también hay diferencias reveladoras en el reparto de papeles: donde el español pone una lechera contando su fortuna imaginaria, el japonés pone un tanuki con pieles sin cazar; donde nosotros enfrentamos al perro y al gato, ellos enfrentan al perro y al mono. Cada cultura escribe la misma fábula con los actores de su propio mundo. Y ahí, en el reparto de cada refrán, se cuela la geografía, la fauna y el alma de cada pueblo. Comparar los dos bestiarios no es solo divertido: es una de las formas más rápidas de ver en qué nos parecemos y en qué nos diferenciamos los humanos.
Conclusión: un espejo con pelo, plumas y escamas

El bestiario del refranero japonés es uno de los tesoros más vivos y entrañables de la cultura del país: un zoológico entero de monos que caen, gatos que fingen, ranas de pozo, zorros fanfarrones, halcones modestos y tanuki que cuentan pieles, en el que cada animal nos devuelve, como un espejo con pelo y plumas, una verdad sobre nosotros mismos. No son lecciones de libro, sino imágenes nacidas de siglos de observar la naturaleza y reírse de la condición humana.
La próxima vez que te enfrentes a una de estas situaciones tan humanas —contar con algo que aún no tienes, dar valor a quien no lo aprecia, fingir lo que no eres, ver muy grande lo que perdiste—, acuérdate del animal que la retrata: el tanuki, el gato, el zorro, el pez que se escapó. Verás que sonríes, porque reconocerte en un bicho es una de las maneras más sabias y amables de entenderse a uno mismo. Y esa, en el fondo, es la magia del refranero animal de Japón.
Para seguir explorando el mundo de los kanji, continúa con:








