Yojijukugo del Esfuerzo: Shichiten Hakki y la Filosofía del No Rendirse

Descubre los diez yojijukugo del esfuerzo: shichiten hakki, futō fukutsu, shoshi kantetsu. Historia de Bodhidharma, la muñeca daruma, Ōtani, Ichiro, Inamori. Fi

José Antonio Larraz Cantarero, antiguo empresario riojano de cincuenta y seis años, fundador en 1998 y propietario único hasta 2024 del grupo familiar Bodegas Larraz de la localidad de Cenicero (La Rioja) que durante las dos décadas centrales de su trayectoria comercial había construido una de las marcas más reconocibles del segmento medio-alto de la denominación de origen calificada Rioja en los mercados español, francés y centroeuropeo, llega al Templo Sensōji (浅草寺) del barrio de Asakusa del este de Tokio en la mañana del primero de enero de 2026 a las nueve y media, durante el cuarto día de su viaje de convalecencia personal de tres semanas al archipiélago japonés que le ha sido prescrito médica y profesionalmente como parte de la recuperación integral posterior a los dos eventos catastróficos que han marcado el año 2024 de su vida personal y profesional: el infarto de miocardio anterior masivo que sufrió la noche del veintidós de marzo de 2024 mientras supervisaba la vendimia tardía de la campaña, durante una de las semanas profesionalmente más estresantes de su trayectoria empresarial, y el proceso concursal que su grupo familiar tuvo que iniciar durante el verano del mismo año a consecuencia de la combinación de la crisis cardíaca del propietario, la sobreexposición financiera del grupo a la expansión inmobiliaria de los dos años precedentes, y la coyuntura desfavorable del mercado del vino tinto premium durante el período pospandémico que la sobreproducción europea había generado en los principales mercados de exportación.

El proceso concursal terminó durante el otoño de 2024 con la venta forzada del grupo a la cooperativa Bodegas Riojanas Reunidas del Grupo Faustino, en condiciones económicas que liquidaron sustancialmente el patrimonio empresarial que José Antonio había construido durante las dos décadas anteriores y que dejaron al antiguo empresario en una situación de ruina patrimonial parcial que su esposa Carmen Olivares-Pérez —licenciada en filología hispánica por la Universidad de La Rioja, profesora titular de instituto de educación secundaria en Logroño durante los últimos veinticinco años—

acompañó con la generosidad afectiva que su matrimonio de treinta años había consolidado pero que generó tensiones familiares significativas durante los meses subsiguientes a la liquidación del grupo familiar.

Los dos hijos del matrimonio —Lucía Larraz-Olivares de veintisiete años, médica residente de cardiología en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, y Pablo Larraz-Olivares de veinticuatro años, ingeniero agrónomo recién graduado por la Universidad Pública de Navarra que había trabajado durante los tres veranos anteriores en la propia bodega familiar y que había planificado profesionalmente la sucesión generacional de la dirección de la empresa—

han sostenido emocionalmente al padre durante los meses subsiguientes a la liquidación, y han organizado conjuntamente con Carmen el viaje de convalecencia personal al archipiélago japonés que José Antonio está realizando durante las tres primeras semanas de enero de 2026 como fase final de la recuperación integral posterior a los eventos catastróficos del año anterior.

El viaje fue específicamente recomendado por el doctor Manuel Iriarte-Goicoechea, cardiólogo titular del Hospital de la Rioja que ha seguido a José Antonio durante los doce meses posteriores al infarto, como intervención terapéutica integrada que combina la dimensión fisiológica (caminata sostenida diaria de seis a diez kilómetros, dieta mediterránea adaptada a la oferta gastronómica del archipiélago, descanso nocturno regular), la dimensión psicológica (desplazamiento radical del entorno laboral riojano que ha permanecido asociado emocionalmente a los eventos catastróficos del año precedente) y la dimensión espiritual (exposición a las tradiciones contemplativas del budismo zen y el shintō que el doctor Iriarte —practicante personal del zen durante las últimas tres décadas tras su formación budista en el Templo Bukkoku-ji de Kioto donde realizó tres retiros consecutivos durante los años 1992, 1995 y 1998 con el maestro Harada Tangen del linaje Sōtō—

considera operativamente útiles para la reconstrucción integral del paciente posterior a eventos catastróficos como los que ha experimentado José Antonio durante 2024).

El recorrido turístico-espiritual que el cardiólogo ha sugerido a su paciente incluye específicamente las visitas a los principales templos budistas Zen del archipiélago durante las tres semanas, con énfasis particular en los templos vinculados a la tradición de Bodhidharma —el patriarca chino-indio fundador del zen—

porque la genealogía cultural del concepto japonés de la perseverancia que el cardiólogo quiere que José Antonio internalice durante el viaje deriva específicamente de la figura del patriarca.

El primero de enero de 2026 es el cuarto día del viaje, y la visita matinal al Templo Sensōji durante la celebración tradicional del hatsumōde (初詣, primera visita del año a un santuario o templo) constituye, según la programación que el doctor Iriarte había sugerido, el inicio operativo de la dimensión espiritual del recorrido tras los tres días iniciales dedicados a la dimensión turística general del viaje.

José Antonio llega a la plaza del Hōzōmon (宝蔵門, «portal del depósito del tesoro») del Sensōji entre las nueve treinta y las nueve cuarenta y cinco, formando parte del flujo masivo de aproximadamente trescientas mil personas que el templo recibe específicamente durante la mañana del primero de enero como uno de los eventos colectivos más masivos del calendario cultural del archipiélago, y se dirige hacia el espacio interior del templo donde está montado durante los primeros días del año el Daruma-ichi (達磨市, «mercado de daruma»), el mercado temporal especializado en la venta de las muñecas tradicionales rojas de papel maché que el folklore japonés contemporáneo ha estabilizado como uno de los obsequios canónicos del año nuevo.

Es delante de uno de los puestos del mercado, sostenido por el maestro artesano Watanabe Iwao —septuagésimo segundo daruma-shi (達磨師, «artesano de daruma») del distrito Tōbu de Tokio cuya familia produce muñecas daruma artesanales desde el periodo Tenpō de 1830—

donde José Antonio se detiene fascinado delante de una muñeca daruma roja particularmente grande de aproximadamente cincuenta centímetros de altura, observando la forma redonda característica sin extremidades visibles, los grandes ojos blancos pintados sin pupilas dibujadas, la barba pintada en negro sobre el rostro, y formula al artesano la pregunta que la introducción cultural de la mañana va a generar: **«Disculpe, señor artesano.

Reconozco que esta muñeca es una de las imágenes más reconocibles de la cultura japonesa contemporánea —la veo en restaurantes, comercios y oficinas durante mi viaje desde hace cuatro días—, pero no consigo interpretar correctamente su significado cultural. Mi guía castellano-japonés no ofrece explicación específica.

¿Podría usted darme una introducción cultural que me permita comprender qué representa esta figura?»**.

Watanabe Iwao, septuagésimo segundo daruma-shi del distrito, sesenta y ocho años, formación artesanal heredada del padre y el abuelo en la línea familiar Watanabe que ha producido daruma artesanales durante las últimas ocho generaciones, formación cultural complementaria adquirida durante los años 1990 en el monasterio zen Engaku-ji de Kamakura donde realizó tres retiros monásticos como reconocimiento espiritual al patriarca cultural que sus muñecas representan, sonríe con la satisfacción profesional del artesano que reconoce una oportunidad pedagógica cultural genuina, deja la muñeca daruma específica que José Antonio había estado observando sobre la mesa de exposición de manera que ambos puedan verla simultáneamente, y formula la respuesta extendida que va a constituir el inicio operativo de la transformación cultural del antiguo empresario riojano durante el resto del viaje: **«Señor, le agradezco la pregunta con la apertura cultural que su disposición intelectual demuestra.

Lo que tiene usted delante es una muñeca daruma, daruma-ningyō en japonés, una representación folklórica del monje budista Bodhidharma —Bodaidaruma en pronunciación japonesa estabilizada—, patriarca indio del siglo VI de nuestra era que es considerado por la tradición budista del este asiático como el fundador de la escuela Chan en China y, por filiación cultural posterior, de la escuela Zen en Japón.

La figura específica de esta muñeca articula en una unidad visual extremadamente densa el conjunto de la filosofía japonesa contemporánea sobre la perseverancia, el esfuerzo y la capacidad de levantarse después de las caídas vitales —la filosofía que las cuatro expresiones idiomáticas de cuatro caracteres más frecuentemente reproducidas durante los discursos de año nuevo del archipiélago condensan: shichiten-hakki, siete caídas, ocho levantamientos;

futō-fukutsu, inflexible e indomable; shoshi-kantetsu, llevar hasta el final la voluntad inicial; gashin-shōtan, dormir sobre leña y lamer hiel—.

Las cuatro expresiones derivan de fuentes culturales históricas distintas que tendría sentido presentarle individualmente para que la introducción cultural sea operativamente útil durante el resto de su viaje al archipiélago.

Si me lo permite y si dispone usted de tiempo libre durante esta mañana del primero de enero, le propongo que dediquemos los próximos treinta minutos a una introducción cultural extendida a la filosofía japonesa del esfuerzo perseverante, partiendo de la figura de Bodhidharma del siglo VI hasta llegar a las aplicaciones contemporáneas del jugador profesional de béisbol Ōtani Shōhei que la generación más joven de japoneses asocia paradigmáticamente con la articulación contemporánea del concepto.

Mi experiencia profesional con visitantes europeos durante los últimos años de presencia en este mercado del Sensōji documenta que la introducción extendida de treinta minutos transforma significativamente la comprensión cultural posterior del archipiélago»**.

José Antonio Larraz Cantarero, que reconoce inmediatamente en la oferta del artesano la disponibilidad pedagógica generosa que la cultura japonesa contemporánea reserva para los visitantes extranjeros con disposición receptiva genuina, acepta la propuesta con la fórmula formal correspondiente, se aleja de la posición central del puesto del mercado para liberar espacio para los siguientes visitantes y se ubica a un lateral del puesto donde Watanabe pueda continuar atendiendo discretamente a los clientes habituales mientras desarrolla la introducción cultural extendida que el antiguo empresario va a recibir durante los siguientes treinta minutos.

Lo que ocurre durante esos treinta minutos —y que vamos a reconstruir como hilo narrativo del artículo—

es una clase magistral improvisada sobre la filosofía japonesa del esfuerzo perseverante que va a transformar la disposición espiritual de José Antonio durante el resto del viaje de convalecencia y, según el reporte profesional que el cardiólogo doctor Iriarte recibirá durante la consulta de seguimiento del último viernes de enero de 2026 en el Hospital de la Rioja, constituirá «uno de los catalizadores espirituales más operativamente significativos de la recuperación integral del paciente posterior a los eventos catastróficos de marzo y verano de 2024».

La escena de José Antonio en el Templo Sensōji de Asakusa —repetida con variantes en miles de visitantes europeos que cada primero de enero llegan al Daruma-ichi del templo durante la celebración del hatsumōde y descubren por primera vez la centralidad cultural del aparato muñeca-yojijukugo de la perseverancia en la cultura folklórica contemporánea del archipiélago—

es la mejor puerta de entrada posible al campo cultural que vamos a recorrer en este artículo, décimotercer de la serie Historias de Kanji y tercero de la fase yojijukugo que los artículos 224 (introducción general al sistema) y 225 (monografía sobre Ichigo Ichie) han venido estructurando.

El artículo va a desarrollar el catálogo del esfuerzo perseverante que constituye la familia léxica más operativamente densa del corpus yojijukugo contemporáneo, articulando los aproximadamente diez yojijukugo principales que la cultura empresarial, deportiva, educativa y popular contemporánea utiliza sistemáticamente para articular la filosofía cultural del esfuerzo.

El artículo desarrollará el catálogo en once secciones progresivamente operativas: introducción a la clase del maestro Watanabe, 七転八起 (shichiten-hakki) y la genealogía cultural completa del concepto desde Bodhidharma hasta la muñeca daruma contemporánea, 不撓不屈 (futō-fukutsu) y la voluntad inflexible, 初志貫徹 (shoshi-kantetsu) y la lealtad al voto inicial, 臥薪嘗胆 (gashin-shōtan) y la historia del rey Goujian del siglo V a.C., 粉骨砕身 (funkotsu-saishin) y el esfuerzo total, 一所懸命 y 一生懸命 (issho-kenmei y isshō-kenmei) y la evolución histórica del concepto desde el bushidō Kamakura, 継続は力なり (keizoku wa chikara nari) y la familia de las expresiones de la continuidad, las figuras públicas contemporáneas que han adoptado expresiones específicas como lemas personales (Ōtani Shōhei, Suzuki Ichirō, Inamori Kazuo), la comparación contrastiva con los conceptos castellanos análogos (Esfuerzo, Tesón, Constancia, Perseverancia), y conclusión con la previsualización del artículo 227 que cerrará la fase yojijukugo con los diez yojijukugo esenciales del catálogo completo.

Empezamos.

Shichiten Hakki: el monje indio que dormía contra la pared

Empecemos por el yojijukugo paradigmático del catálogo del esfuerzo, articulación cultural que la muñeca daruma roja del puesto de Watanabe Iwao representa visualmente y que el maestro artesano va a desplegar genealógicamente durante los primeros doce minutos de la clase magistral matinal: el yojijukugo 七転八起 (shichiten-hakki, «siete caídas, ocho levantamientos»), cuya genealogía cultural se remonta hasta la figura histórica del monje indio Bodhidharma del siglo VI de nuestra era.

La estructura técnica de shichiten-hakki.

El yojijukugo está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón de repetición numérica que el artículo 224 identificó como uno de los cuatro patrones canónicos del sistema.

Primer carácter 七 (lectura onyomi shichi, lectura kunyomi nana): el numeral cardinal «siete», uno de los primeros caracteres del catálogo jōyō kanji que cualquier estudiante hispanohablante de japonés aprende durante su primera semana.

Segundo carácter 転 (lectura onyomi ten, lectura kunyomi koro-bu «caer rodando», koro-gasu «hacer rodar»): el verbo «caer rodando», con el componente semántico del movimiento giratorio que la caída produce sobre el cuerpo del sujeto. Tercer carácter 八 (lectura onyomi hachi, lectura kunyomi yat-tsu): el numeral cardinal «ocho».

Cuarto carácter 起 (lectura onyomi ki, lectura kunyomi o-kiru «levantarse»): el verbo «levantarse, ponerse en pie».

La estructura paralela del yojijukugo articula la asimetría sutil que constituye el núcleo conceptual de la expresión: el número de levantamientos (ocho) supera al número de caídas (siete) por una unidad, lo que articula matemáticamente el principio de que el sujeto perseverante siempre se levanta una vez más de las que cae.

La asimetría numérica condensa filosóficamente la disposición cultural del esfuerzo perseverante: aunque las caídas son inevitables y frecuentes, el levantamiento posterior es estructuralmente garantizado mientras el sujeto mantenga la voluntad de incorporarse.

La forma alternativa nanakorobi yaoki. El yojijukugo dispone de una forma alternativa en lectura mixta que combina la lectura kunyomi de los caracteres con las partículas gramaticales japonesas: 七転び八起き (nanakorobi yaoki, lectura literal «siete-cayéndose, ocho-levantándose»).

La forma alternativa es operativamente más coloquial que la forma kanji pura y aparece frecuentemente en el discurso oral cotidiano de la cultura japonesa contemporánea, en los manuales infantiles de educación moral, en los discursos motivacionales de profesores y entrenadores deportivos, y en las inscripciones decorativas de las tiendas pequeñas del comercio tradicional.

Las dos formas —七転八起 kanji puro y 七転び八起き mixto— son operativamente equivalentes en su contenido semántico pero diferenciadas culturalmente en el registro estilístico que activan: la primera es más solemne y apropiada para contextos formales escritos, la segunda es más cordial y apropiada para contextos cotidianos orales.

El lector hispanohablante intermedio debe internalizar las dos formas para reconocerlas en sus contextos respectivos de aparición.

La figura histórica de Bodhidharma. La genealogía cultural del yojijukugo se remonta hasta la figura histórica de Bodhidharma —en pronunciación japonesa estabilizada Bodaidaruma (菩提達磨)—, monje budista cuya datación precisa es objeto de debate académico entre los siglos V y VI de nuestra era.

La tradición canónica del budismo zen japonés contemporáneo articula la biografía mítica del patriarca según la siguiente narrativa estabilizada durante los siglos posteriores: Bodhidharma nació hacia finales del siglo V en el reino de Kanchipuram (en la actual región de Tamil Nadu, sur de la India) en el seno de la familia real local;

recibió la educación budista en una de las academias monásticas del reino bajo la dirección del maestro Prajñādhāra, vigesimoséptimo patriarca de la línea sucesoria del Buddha Śākyamuni según la cronología que la tradición zen contemporánea ha estabilizado;

fue oficialmente reconocido como vigesimoctavo patriarca y enviado a China para extender la transmisión budista durante los primeros años del siglo VI; cruzó el continente asiático desde la India hasta la China del norte en una travesía que la tradición describe con notable economía narrativa, llegando a la corte del emperador Wu de Liang (en el actual sur de China) hacia el año 520;

mantuvo un diálogo célebre con el emperador donde el patriarca rechazó la concepción meritoria del budismo de la corte y articuló su propia interpretación rigurosa de la vacuidad (空, ) como principio doctrinal fundamental;

abandonó la corte tras el desacuerdo doctrinal con el emperador, cruzó el río Yangtze sobre un junco de bambú según una leyenda canónica que la iconografía zen contemporánea ha conservado, y se dirigió al norte donde se estableció en el Monasterio Shaolin del monte Song (provincia de Henan);

permaneció en el monasterio durante el resto de su vida, donde sistematizó la transmisión de la escuela Chan que sus discípulos directos y posteriores extenderían progresivamente al resto del este asiático.

La leyenda del menpeki-kyūnen. El episodio biográfico de Bodhidharma culturalmente más densamente relevante para el yojijukugo shichiten-hakki es la leyenda canónica del menpeki-kyūnen (面壁九年, «nueve años mirando la pared»).

Según la tradición zen contemporánea, Bodhidharma permaneció durante nueve años consecutivos practicando zazen (座禅, «meditación sentada») en una pequeña cueva detrás del Monasterio Shaolin, sentado en posición de loto frente a una pared rocosa que el patriarca contemplaba ininterrumpidamente durante las horas operativas de meditación diaria.

La leyenda articula la duración extraordinaria del retiro mediante varios episodios míticos que la tradición posterior ha conservado canónicamente: durante los primeros años del retiro, el patriarca habría sufrido somnolencia recurrente que comprometía la calidad de su meditación, y habría reaccionado arrancándose los párpados y arrojándolos al suelo para asegurar que no podría cerrar los ojos durante la práctica subsiguiente (de los párpados arrojados al suelo, según la leyenda, habrían germinado las primeras plantas de té verde que el budismo Chan utilizaría posteriormente como bebida ceremonial de la práctica meditativa, narrativa mítica que conecta culturalmente el zen con el Camino del Té que estudiamos en el artículo 225 sobre Ichigo Ichie);

durante los últimos años del retiro, el patriarca habría experimentado la atrofia progresiva de las extremidades debido a la inmovilidad sostenida, hasta el punto en que sus brazos y piernas se habrían deteriorado físicamente sin que el patriarca interrumpiera la práctica meditativa.

El episodio del discípulo Huike. Hacia el final del retiro de nueve años, según la leyenda canónica, el patriarca habría sido interrumpido por el monje chino Huike (慧可, en pronunciación japonesa Eka), que se presentó a las puertas del Monasterio Shaolin solicitando ser admitido como discípulo del patriarca extranjero.

Bodhidharma habría rechazado inicialmente al solicitante japonés, considerando que su determinación no era suficientemente probada para los rigores del discipulado zen. Huike, para demostrar la seriedad de su disposición, habría procedido a amputarse el brazo izquierdo delante del patriarca en señal de compromiso absoluto con la formación budista.

La leyenda articula la aceptación de Huike por parte de Bodhidharma como discípulo formal tras la prueba de la mutilación voluntaria, y la subsiguiente designación de Huike como vigesimonoveno patriarca de la línea sucesoria zen tras la muerte del propio Bodhidharma.

La leyenda del brazo amputado, comparable en su densidad narrativa al sacrificio del propio Bodhidharma con la pérdida de las extremidades, articula visualmente la disposición cultural de la dedicación extrema que el budismo zen contemporáneo asocia a la práctica meditativa y al esfuerzo perseverante: la figura de la persona sin extremidades visibles que la muñeca daruma representa visualmente condensa la doble pérdida corporal del patriarca y su discípulo principal como articulación gráfica del concepto.

La transmisión cultural a Japón. La transmisión cultural del budismo Chan que Bodhidharma sistematizó en el continente asiático al archipiélago japonés se produjo durante los siglos XII y XIII a través de los monjes japoneses que viajaron a China para recibir formación específica en los principales monasterios Chan.

Los dos transmisores cardinales del Zen al archipiélago fueron Eisai (栄西, 1141-1215) que estableció la escuela Rinzai tras dos viajes formativos a China durante los años 1168 y 1187-1191, y Dōgen (道元, 1200-1253) que estableció la escuela Sōtō tras su viaje formativo a China durante los años 1223-1227.

Las dos escuelas se desarrollaron paralelamente durante los siglos posteriores como las dos tradiciones zen principales del archipiélago, junto con la escuela Ōbaku que Ingen estableció más tardíamente durante el siglo XVII.

Las tres escuelas mantienen la veneración compartida hacia la figura cultural del primer patriarca Bodhidharma como fundador genealógico de la transmisión, y la iconografía folklórica de la muñeca daruma constituye el sustrato visual común que las tres tradiciones zen reconocen.

La muñeca daruma: del fudōō chino al ningyō contemporáneo

Pasemos al segundo bloque de la clase magistral del maestro artesano Watanabe Iwao, dedicado específicamente a la historia cultural de la muñeca daruma como artefacto folklórico contemporáneo que articula visualmente el yojijukugo shichiten-hakki.

La historia cultural del artefacto es operativamente importante porque permite al lector hispanohablante interesado entender por qué la imagen del patriarca zen del siglo VI ha sido conservada durante los últimos siglos en una forma material específica que la cultura folklórica japonesa contemporánea sigue produciendo masivamente.

El origen chino del fudōō. La genealogía material de la muñeca daruma contemporánea no comienza con el patriarca Bodhidharma sino con un artefacto folklórico chino independiente: el fudōō (不倒翁, «anciano que no se cae»), una figura de papel maché o cerámica que durante el periodo Song chino (siglos X-XIII) se popularizó como juguete tradicional para niños.

La característica distintiva del fudōō era la base con contrapeso interno que aseguraba que, cuando el juguete era empujado o golpeado lateralmente, siempre volvía a la posición vertical debido al equilibrio físico que el contrapeso interno generaba.

La figura mecánica articulaba materialmente el principio físico de la estabilidad gravitacional restituyente, que el folklore chino contemporáneo había asociado simbólicamente con la dignidad anciana y la resiliencia vital de las personas de edad avanzada que mantenían su lucidez intelectual a pesar de las dificultades físicas progresivas.

La importación a Japón durante el periodo Muromachi. El juguete fudōō chino fue importado al archipiélago japonés durante el periodo Muromachi (1336-1573) a través de los intercambios culturales con China que el comercio marítimo del periodo había intensificado.

La forma japonesa del juguete se denominó inicialmente okiagari-koboshi (起き上がり小法師, «monjecito que se levanta»), conservando el principio físico de la estabilidad gravitacional restituyente del original chino pero introduciendo dos modificaciones culturales significativas: primera modificación, la referencia explícita al monje budista (koboshi «monjecito») que el original chino no había codificado;

segunda modificación, la estilización visual de la figura humana en una forma más compacta y redondeada que la del original chino.

El juguete okiagari-koboshi se popularizó durante el periodo Muromachi como artefacto folklórico de las regiones de Aizu (en la actual prefectura de Fukushima) que se convirtió en el centro tradicional de producción artesanal del juguete y donde la producción de okiagari-koboshi locales se mantiene activa hasta la actualidad como uno de los productos artesanales más reconocibles de la región.

La fusión con la iconografía de Bodhidharma durante el periodo Edo.

La transformación cultural decisiva del okiagari-koboshi en la muñeca daruma contemporánea se produjo durante el periodo Edo temprano (siglos XVII-XVIII), cuando el juguete fue progresivamente asociado con la iconografía budista del primer patriarca Bodhidharma que las escuelas zen del archipiélago habían venido transmitiendo durante los siglos anteriores.

La fusión cultural fue operativamente catalizada por dos factores convergentes. Factor uno: la iconografía tradicional de Bodhidharma sentado en meditación —representado en las pinturas zen como una figura compacta envuelta en hábitos rojos, sin extremidades visibles según la leyenda del menpeki-kyūnen, con grandes ojos abiertos sin párpados según la leyenda complementaria de la amputación de los párpados—

coincidía visualmente con la silueta del okiagari-koboshi en una homología iconográfica que facilitó la asociación. Factor dos: la filosofía implícita del juguete —la figura que siempre se levanta cuando es derribada—

articulaba visualmente el principio cultural del esfuerzo perseverante que la tradición budista zen había venido enseñando durante los siglos anteriores, generando una convergencia simbólica que la cultura popular del periodo aprovechó para producir una síntesis culturalmente más rica que cualquiera de los dos elementos por separado.

La fusión se estabilizó culturalmente durante el periodo Bunka (1804-1818), cuando los artesanos especializados de las regiones de Takasaki (en la actual prefectura de Gunma), Shirakawa (en Fukushima) y Matsukawa (en Tokio) sistematizaron la producción artesanal de la daruma-ningyō (達磨人形, «muñeca daruma») contemporánea con la iconografía estabilizada que se mantiene hasta la actualidad.

Las características iconográficas canónicas. La iconografía contemporánea estandarizada de la muñeca daruma articula los siguientes elementos canónicos que la familia Watanabe del distrito Tōbu de Tokio que el artesano que atiende a José Antonio representa reproduce artesanalmente generación tras generación. Elemento uno: la forma redonda sin extremidades.

La muñeca no tiene brazos ni piernas visibles, articulando visualmente la leyenda del menpeki-kyūnen y la pérdida progresiva de las extremidades del patriarca durante el retiro de nueve años. Elemento dos: el color rojo dominante.

El cuerpo de la muñeca está pintado tradicionalmente en rojo vermellón, color que la tradición japonesa contemporánea asocia a la protección contra las enfermedades infecciosas (asociación que se consolidó culturalmente durante las epidemias de viruela del periodo Edo, cuando las muñecas rojas se popularizaron como amuletos protectores domésticos) y a la propiciación de la fortuna. Elemento tres: los grandes ojos blancos sin pupilas.

La muñeca se vende tradicionalmente con los dos ojos en blanco sin pupilas dibujadas, dejando la pintura ocular para el ritual posterior de la activación. Elemento cuatro: la barba pintada en negro. El rostro de la muñeca incluye una barba estilizada en color negro que articula la antigüedad del patriarca budista. Elemento cinco: la inscripción central.

El centro del cuerpo de la muñeca incluye frecuentemente la inscripción 福入 (fuku-iri, «entrada de la fortuna») o caracteres equivalentes que la tradición de cada región artesanal específica ha estabilizado.

El ritual del me-ire. La interacción contemporánea estándar con la muñeca daruma incluye el ritual del me-ire (目入れ, «pintura del ojo») que el folklore japonés contemporáneo ha estabilizado durante el periodo Bunka. El ritual articula la secuencia siguiente. Paso uno: la formulación del deseo.

El propietario de la muñeca recién adquirida formula mentalmente o verbalmente un deseo específico que quiere cumplir durante el año (típicamente: aprobar un examen importante, conseguir un nuevo empleo, recuperar la salud, ganar una elección política, alcanzar un objetivo comercial específico). Paso dos: la pintura del primer ojo.

El propietario pinta el ojo izquierdo de la muñeca con tinta sumi, articulando ritualmente la iniciación del compromiso con el cumplimiento del deseo. La elección del ojo izquierdo refleja la convención cultural japonesa que asocia el lado izquierdo del cuerpo con el inicio de los procesos vitales. Paso tres: la espera del año.

Durante el año subsiguiente, el propietario conserva la muñeca daruma con un único ojo pintado en un lugar visible del entorno doméstico o profesional (típicamente: el altar familiar, el escritorio de trabajo, el escaparate del comercio), como recordatorio diario del compromiso con el deseo formulado. Paso cuatro: la pintura del segundo ojo.

Si el deseo se cumple durante el año, el propietario pinta el ojo derecho de la muñeca con tinta sumi, completando ritualmente la conclusión del compromiso y agradeciendo al patriarca budista por la asistencia espiritual durante el año.

Si el deseo no se cumple, la muñeca se conserva con un único ojo durante el año siguiente como continuación del compromiso pendiente, o se devuelve ritualmente al templo donde fue adquirida durante el periodo del dondo-yaki (どんど焼き, «hoguera ritual») de mediados de enero del año siguiente para su incineración ceremonial.

El ritual del me-ire constituye uno de los rituales contemporáneos más operativamente activos del folklore japonés, con presencia documentada en las celebraciones electorales (donde los candidatos políticos pintan el segundo ojo de la muñeca durante la noche de las elecciones si han ganado), las celebraciones empresariales (donde los presidentes de empresas pintan el segundo ojo durante las ceremonias de fin de año fiscal si han alcanzado los objetivos comerciales), las celebraciones académicas (donde los estudiantes pintan el segundo ojo cuando aprueban los exámenes universitarios), las celebraciones deportivas, y las celebraciones familiares de cualquier naturaleza significativa.

Futō Fukutsu: la voluntad inflexible

Pasemos al segundo yojijukugo del catálogo del esfuerzo: 不撓不屈 (futō-fukutsu, «inflexible e indomable»). La expresión articula el principio cultural de la voluntad inflexible que mantiene su orientación operativa a pesar de las presiones externas que intentan deformarla o quebrantarla.

La articulación es complementaria al shichiten-hakki estudiado en las secciones anteriores: si shichiten-hakki articula la capacidad de levantarse después de las caídas inevitables, futō-fukutsu articula la calidad estructural de la voluntad que resiste las presiones deformantes incluso antes de las caídas.

La estructura técnica del compuesto.

El yojijukugo está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón de paralelismo negativo doble. Primer carácter 不 (lectura onyomi fu): el prefijo negativo japonés, equivalente al «no-» castellano, que niega el contenido semántico del carácter inmediatamente siguiente.

Segundo carácter 撓 (lectura onyomi , lectura kunyomi tawa-mu «doblegarse, plegarse»): el verbo «doblegarse bajo presión» o «plegarse ante una fuerza externa», con el componente semántico de la deformación estructural que la presión produce sobre el sujeto resistente. Tercer carácter 不: la segunda aparición del prefijo negativo, aplicado al carácter siguiente.

Cuarto carácter 屈 (lectura onyomi kutsu, lectura kunyomi kuc-suru «doblarse, encorvarse»): el verbo «doblarse, ceder ante una autoridad superior», con el componente semántico de la subordinación voluntaria que el sujeto débil acepta cuando es presionado.

La estructura paralela del yojijukugo articula la doble negación de las dos formas de cesión estructural ante la presión externa: ni se doblega (no se deforma mecánicamente bajo la presión) ni cede (no acepta voluntariamente la subordinación a una autoridad superior).

La articulación condensa filosóficamente la disposición cultural de la integridad estructural que constituye uno de los principios cardinales del bushidō samurái y, por irradiación cultural posterior, de la cultura empresarial japonesa contemporánea.

El origen clásico chino.

El yojijukugo deriva genealógicamente de la literatura clásica china del periodo Han (siglos III a.C. - III d.C.), específicamente de la Hanshu (漢書, en pronunciación japonesa Kanjo, «Libro de Han»), la historia oficial de la dinastía Han Occidental compilada por Ban Gu (32-92 d.C.) y publicada póstumamente por su hija Ban Zhao durante los primeros años del siglo II.

La biografía específica que contiene la formulación original es la del general Wang Shang (王商, del siglo I a.C.), donde el historiador describe el carácter inflexible del general en una fórmula que cito en su traducción aproximada: «Wang Shang permaneció inflexible y no se doblegó, no cedió ante las presiones de la corte imperial».

La formulación original Han fue posteriormente adoptada en el catálogo léxico clásico del este asiático y transmitida al archipiélago japonés durante los siglos VI-VII junto con el sistema gráfico, donde se estabilizó en la forma cuatricarácter del yojijukugo contemporáneo durante el periodo Heian.

Los usos contemporáneos del yojijukugo. El yojijukugo futō-fukutsu es operativamente utilizado en la cultura japonesa contemporánea en tres contextos principales. Contexto uno: la cultura deportiva.

La expresión aparece frecuentemente en los comentarios deportivos y las biografías de los atletas japoneses contemporáneos para articular la resistencia psicológica frente a las adversidades técnicas, las lesiones recurrentes, las críticas mediáticas.

Los atletas contemporáneos que han sido frecuentemente caracterizados con la expresión incluyen el judoca Yamashita Yasuhiro (campeón olímpico de Los Ángeles 1984 cuya victoria con lesión grave del ligamento del tobillo derecho constituye uno de los episodios deportivos más simbólicos del concepto), la nadadora Iwasaki Kyōko (medallista olímpica de Barcelona 1992 cuya trayectoria de recuperación tras enfermedad pulmonar grave articula también el concepto), y el luchador profesional de sumo Hakuhō Shō (yokozuna récord cuya carrera de aproximadamente veinte años en la división superior del sumo profesional incorpora la expresión como articulación de su disposición competitiva).

Contexto dos: la cultura empresarial.

La expresión aparece frecuentemente en los discursos institucionales de los presidentes ejecutivos durante las crisis empresariales específicas (caídas del mercado, fallos técnicos significativos, escándalos corporativos), donde el ejecutivo senior articula su disposición de mantener el liderazgo del grupo a pesar de la presión externa que la situación genera.

Los casos paradigmáticos incluyen el discurso de Tabuchi Sadao (presidente de la compañía Daiwa Securities durante el escándalo financiero de 1995) y el discurso de Toyoda Akio (presidente del grupo Toyota Motor durante el escándalo de las llamadas a revisión masivas de 2009-2010). Contexto tres: la cultura médica.

La expresión aparece frecuentemente en los testimonios de pacientes que están atravesando tratamientos largos contra enfermedades graves (cáncer, enfermedades cardiovasculares como el infarto que sufrió José Antonio Larraz, enfermedades autoinmunes), donde el paciente articula su disposición psicológica de continuar el tratamiento a pesar de las dificultades subjetivas que la enfermedad y los tratamientos generan.

El uso médico es operativamente importante para el protagonista del artículo presente: la disposición psicológica que el yojijukugo articula es exactamente la que el cardiólogo doctor Iriarte ha venido alimentando en su paciente durante los doce meses posteriores al infarto, y que la introducción cultural del maestro Watanabe va a consolidar durante la clase magistral del Sensōji.

Shoshi Kantetsu: la lealtad al voto inicial

Pasemos al tercer yojijukugo del catálogo del esfuerzo: 初志貫徹 (shoshi-kantetsu, «llevar hasta el final la voluntad inicial»), la expresión paradigmática del lema empresarial conservador japonés que apareció en la caligrafía decorativa del despacho del ejecutivo Tanaka Hiroshi durante la reunión bilateral del artículo 224.

La expresión articula el principio cultural de la fidelidad operativa al propósito inicial que el sujeto se ha planteado, a pesar de las distracciones, las tentaciones alternativas y las presiones del entorno que pretenden desviarlo.

La estructura técnica del compuesto.

El yojijukugo está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón sujeto-predicado. Primer carácter 初 (lectura onyomi sho, lectura kunyomi haji-me «comienzo, principio»): el sustantivo «inicio, comienzo», con el componente semántico del momento fundacional del que se deriva la voluntad inicial.

Segundo carácter 志 (lectura onyomi shi, lectura kunyomi kokoroza-shi «voluntad, propósito, aspiración»): el sustantivo «voluntad personal, propósito vital, aspiración existencial», con el componente semántico de la dirección operativa que el sujeto se da a sí mismo.

Tercer carácter 貫 (lectura onyomi kan, lectura kunyomi tsuranu-ku «atravesar, perforar»): el verbo «atravesar perforantemente», con el componente semántico de la continuidad operativa que atraviesa los obstáculos sin desviarse.

Cuarto carácter 徹 (lectura onyomi tetsu, lectura kunyomi inusual): el verbo «llegar hasta el final, completar», con el componente semántico de la terminación efectiva del proceso iniciado.

La estructura sintáctica del yojijukugo articula la sentencia condensada «la voluntad inicial atraviesa y llega hasta el final», donde 初志 (voluntad inicial) funciona como sujeto gramatical y 貫徹 (atravesar-completar) funciona como predicado verbal compuesto.

El origen japonés nativo. El yojijukugo es operativamente una invención japonesa nativa del periodo Edo tardío, sin antecedente directo documentado en la literatura clásica china.

La fuente documental más antigua que registra la formulación específica es el manual filosófico del samurái educador Yoshida Shōin (吉田松陰, 1830-1859), maestro de la academia Shōka-sonjuku (松下村塾, «Academia bajo el pino») de la región de Hagi (provincia de Chōshū, actual prefectura de Yamaguchi), donde durante los últimos años del periodo Bakumatsu formó a la generación de samuráis revolucionarios que conducirían la Restauración Meiji de 1868.

El uso específico de la formulación shoshi-kantetsu por parte de Yoshida Shōin en sus textos formativos para los estudiantes de la academia articulaba específicamente la disposición revolucionaria que el educador quería transmitir a sus discípulos: mantener la voluntad reformista inicial frente a las presiones del régimen Tokugawa que durante los años 1850 estaba intentando reprimir las corrientes intelectuales revolucionarias.

La asociación cultural del yojijukugo con la figura de Yoshida Shōin —ejecutado por el régimen Tokugawa en 1859 durante el Ansei no Taigoku que también ordenó Ii Naosuke, cuya muerte mencionamos en el artículo 225— ha permanecido culturalmente operativa durante las décadas subsiguientes y constituye uno de los componentes implícitos de la densidad simbólica del concepto contemporáneo.

El uso empresarial canónico.

El yojijukugo shoshi-kantetsu es, según los estudios sociolingüísticos de la Asociación Japonesa de Estudios Empresariales que ya citamos en el artículo 224, el lema yojijukugo operativamente más frecuente del corpus empresarial japonés contemporáneo, presente como lema institucional en aproximadamente el quince por ciento de los grupos industriales del archipiélago.

La concentración estadística del lema en la cultura empresarial articula la resonancia cultural específica que el principio de la fidelidad al propósito inicial mantiene en la sensibilidad gerencial contemporánea, particularmente en los sectores tradicionales (manufactura, construcción, industria pesada, comercio mayorista) donde la continuidad multigeneracional de las decisiones empresariales constituye uno de los activos competitivos del grupo.

Los casos paradigmáticos del uso empresarial del lema incluyen los grupos Toyota Motor, Toray Industries, Mitsubishi Heavy Industries y Nippon Steel, cuyos materiales corporativos contemporáneos incluyen la expresión como articulación canónica de la cultura institucional.

La caligrafía decorativa del despacho de Tanaka Hiroshi en Mitsubishi Corporation que estudiamos en el artículo 224 articulaba precisamente esta articulación cultural empresarial estandarizada.

El uso educativo canónico. El yojijukugo es igualmente utilizado de manera operativamente frecuente en el contexto educativo del archipiélago, particularmente en los discursos institucionales de los directores de instituto y los profesores de educación secundaria durante las ceremonias de graduación y las charlas motivacionales a los estudiantes preuniversitarios.

La articulación cultural específica del contexto educativo invita a los jóvenes graduados a mantener la voluntad académica y profesional que les ha llevado a la graduación durante los años subsiguientes de su carrera universitaria y profesional, sin desviarse hacia distracciones que comprometan la trayectoria proyectada.

El uso educativo es particularmente notable durante los discursos del shi-gatsu sō (四月送, «inicio de abril», fecha tradicional del inicio del año académico japonés) y durante las ceremonias de ingreso de los nuevos empleados a las grandes corporaciones del primer lunes de abril de cada año.

El equilibrio cultural con la flexibilidad.

Un aspecto culturalmente importante del shoshi-kantetsu que merece presentación específica para el lector hispanohablante interesado es el equilibrio operativo que la cultura empresarial japonesa contemporánea ha desarrollado entre la fidelidad operativa al propósito inicial que el yojijukugo articula y la flexibilidad adaptativa que las condiciones cambiantes del entorno empresarial contemporáneo exigen.

La articulación tradicional rígida del shoshi-kantetsu —que la generación empresarial de los años 1960-1990 había sostenido sin matices culturales explícitos—

ha sido progresivamente refinada durante las últimas décadas mediante la introducción de yojijukugo complementarios que articulan la adaptabilidad operativa sin contradecir la fidelidad básica al propósito inicial: expresiones como 臨機応変 (rinki-ōhen, «responder según la circunstancia») y 柔軟性 (jūnan-sei, «flexibilidad operativa») se utilizan complementariamente al shoshi-kantetsu en los discursos empresariales contemporáneos para articular el equilibrio cultural específico que la cultura empresarial japonesa contemporánea considera operativamente óptimo: fidelidad estratégica al propósito inicial combinada con flexibilidad táctica para responder a las circunstancias cambiantes.

El equilibrio operativo es particularmente importante para evitar el rigorismo organizacional que la cultura empresarial japonesa de las décadas inmediatamente posteriores a la posguerra había desarrollado y que ha sido culturalmente reconocido como uno de los factores que contribuyeron al fenómeno del karōshi (過労死, «muerte por exceso de trabajo») que estudiamos en el artículo 202 sobre el concepto cultural gaman.

Gashin Shōtan: el rey que durmió sobre leña veinte años

Pasemos al cuarto yojijukugo del catálogo del esfuerzo: 臥薪嘗胆 (gashin-shōtan, «dormir sobre leña, lamer hiel»). La expresión articula el principio cultural de la paciencia operativa sostenida durante años frente a una situación adversa específica, mediante prácticas voluntarias de privación y recordatorio que mantienen viva la determinación de revertir la situación.

La articulación es operativamente densa porque combina la dimensión temporal extendida (años de espera) con la dimensión emocional intensa (humillación recordada activamente).

La estructura técnica del compuesto.

El yojijukugo está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón paralelístico verbo-objeto-verbo-objeto. Primer carácter 臥 (lectura onyomi ga, lectura kunyomi fu-su «acostarse, tumbarse»): el verbo «acostarse en posición horizontal para dormir».

Segundo carácter 薪 (lectura onyomi shin, lectura kunyomi takigi «leña»): el sustantivo «leña», madera cortada para la combustión doméstica, con la connotación específica del material rústico e incómodo. Tercer carácter 嘗 (lectura onyomi shō, lectura kunyomi na-meru «lamer, probar»): el verbo «lamer con la lengua, probar el sabor de algo».

Cuarto carácter 胆 (lectura onyomi tan, lectura kunyomi kimo «vesícula biliar, hiel»): el sustantivo «vesícula biliar», el órgano interno del cuerpo de los mamíferos que produce el líquido amargo de la bilis.

La estructura paralelística del yojijukugo articula las dos acciones complementarias del sujeto histórico: dormir incómodamente sobre la leña áspera que mantiene viva la conciencia de la humillación durante las horas nocturnas de descanso, y lamer durante las horas diurnas la bilis amarga de un animal que mantiene viva la conciencia del sabor desagradable de la situación actual.

La historia histórica del rey Goujian. La genealogía del yojijukugo se remonta hasta un episodio histórico documentado de la China del periodo de las Primaveras y Otoños (春秋時代, siglos VIII-V a.C.), específicamente al conflicto entre los reinos de Wu y Yue durante el siglo V a.C.

El historiador chino Sima Qian (司馬遷, 145-86 a.C.) registra el episodio en el Shiji (史記, «Memorias históricas»), libro 41, biografía del rey Goujian de Yue.

Según el relato del Shiji, el rey Goujian del reino de Yue (越王勾践, Etsuō Kōsen en pronunciación japonesa) sufrió en el año 494 a.C. una derrota militar catastrófica frente al rey Fuchai del reino de Wu (呉王夫差, Goō Fusa en pronunciación japonesa).

La derrota implicó la pérdida del reino, la captura del rey Goujian junto con su esposa, el sometimiento humillante del rey vencido como esclavo doméstico del rey vencedor durante tres años, y la perspectiva del exterminio definitivo del linaje real Yue una vez que la utilidad política del rey cautivo se hubiese agotado.

Durante los tres años de cautividad, el rey Goujian articuló una estrategia compleja de simulación de sumisión voluntaria que incluyó actos extremadamente humillantes (lavar los pies del rey vencedor, probar las muestras de orina del rey vencedor para diagnosticar su salud, comportarse como sirviente humilde durante las ceremonias palaciegas) que persuadieron al rey Fuchai de que el cautivo había aceptado emocionalmente su derrota y no constituía una amenaza política recuperable.

La estrategia de simulación tuvo éxito en el año 491 a.C., cuando el rey Fuchai liberó al rey Goujian permitiéndole regresar al reino de Yue, ahora reducido a un estatuto de vasallaje tributario sin soberanía operativa.

Los veinte años de gashin-shōtan. Tras el regreso a Yue en 491 a.C., el rey Goujian inició la estrategia operativa de recuperación a largo plazo que el yojijukugo gashin-shōtan condensa en su formulación cuatricarácter.

La estrategia incluía las dos prácticas voluntarias que el yojijukugo nombra. Práctica uno: el rey dormía cada noche sobre un lecho de leña áspera colocado en el suelo de su habitación, evitando deliberadamente la comodidad del lecho real tradicional, para mantener viva la conciencia corporal de la humillación de los tres años de cautividad en Wu.

Práctica dos: el rey mantenía colgada del techo de su habitación una vesícula biliar de cerdo que lamía cada mañana al despertar antes de comer cualquier alimento, para mantener viva la conciencia gustativa del sabor amargo de la humillación pasada.

Las dos prácticas voluntarias funcionaban como dispositivos mnemónicos físicos que aseguraban que el rey no olvidaría durante los años subsiguientes la disposición de venganza estratégica que la derrota de 494 a.C. había generado.

Durante los veinte años transcurridos entre 491 y 473 a.C., el rey Goujian reconstruyó sistemáticamente las capacidades militares, económicas, demográficas y diplomáticas del reino de Yue mediante una política integrada de cultivo agrícola intensivo, modernización del armamento militar, alianzas estratégicas con los reinos vecinos del sur de China, y reclutamiento de los mejores asesores políticos y militares del periodo (particularmente el legendario estratega Fan Li y el académico Wen Zhong).

En el año 473 a.C., dos décadas después de la derrota inicial, el rey Goujian condujo una campaña militar decisiva contra el reino de Wu que terminó con la conquista total del territorio enemigo, la captura del rey Fuchai (que se suicidó tras la captura para evitar la humillación recíproca a la que él mismo había sometido a Goujian veinte años antes), y la consolidación del reino de Yue como la potencia hegemónica del sur de China durante las décadas siguientes.

La interpretación contemporánea del yojijukugo.

La interpretación contemporánea del gashin-shōtan en la cultura japonesa moderna ha sido progresivamente reorientada desde la dimensión histórica original de la venganza política hacia una articulación operativa más generalizada que el lector hispanohablante interesado debe internalizar para usar la expresión apropiadamente en los contextos contemporáneos.

La articulación original del yojijukugo enfatizaba específicamente la venganza estratégica que el sujeto humillado proyecta sistemáticamente sobre el sujeto que lo ha humillado, en una articulación cultural que la sensibilidad contemporánea reconoce como problemática por su énfasis en la conservación del rencor durante períodos prolongados.

La articulación contemporánea reorienta el principio operativo hacia la paciencia estratégica sostenida que el sujeto mantiene frente a cualquier situación adversa que requiere años de preparación antes de ser revertida: la preparación para un examen profesional difícil que el candidato persigue durante varios años, la reconstrucción de una empresa familiar después de una quiebra como la que José Antonio Larraz acaba de sufrir en 2024, la recuperación de una enfermedad crónica que requiere años de tratamiento sostenido, la restauración de una relación familiar dañada por un conflicto significativo.

La articulación contemporánea conserva el principio operativo básico del original histórico —la paciencia sostenida durante años combinada con prácticas mnemónicas que mantienen viva la determinación— pero redirige el objeto de la paciencia desde la venganza estratégica hacia la transformación personal o profesional.

La articulación contemporánea es operativamente más universal y más éticamente compatible con la sensibilidad cultural del siglo XXI, y constituye la articulación que el lector hispanohablante intermedio debe utilizar cuando integre la expresión a su repertorio retórico operativo.

Funkotsu Saishin: el esfuerzo total

Pasemos al quinto yojijukugo del catálogo del esfuerzo: 粉骨砕身 (funkotsu-saishin, «pulverizar los huesos, hacer polvo el cuerpo»). La expresión articula el principio cultural del esfuerzo físico total que el sujeto invierte en la realización de un proyecto específico, hasta el límite de la integridad corporal del propio sujeto.

La articulación es operativamente densa porque combina la dimensión voluntarista (el sujeto invierte deliberadamente el máximo esfuerzo disponible) con la dimensión sacrificial (el sujeto acepta el desgaste corporal como precio operativo del proyecto).

La estructura técnica del compuesto.

El yojijukugo está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón paralelístico verbo-objeto-verbo-objeto. Primer carácter 粉 (lectura onyomi fun, lectura kunyomi kona «polvo»): el sustantivo «polvo», material sólido reducido a partículas extremadamente pequeñas.

Segundo carácter 骨 (lectura onyomi kotsu, lectura kunyomi hone «hueso»): el sustantivo «hueso», la estructura interna del cuerpo de los vertebrados. Tercer carácter 砕 (lectura onyomi sai, lectura kunyomi kuda-ku «romper, pulverizar»): el verbo «pulverizar, hacer polvo».

Cuarto carácter 身 (lectura onyomi shin, lectura kunyomi mi «cuerpo»): el sustantivo «cuerpo, persona física».

La estructura paralelística del yojijukugo articula las dos imágenes complementarias del esfuerzo total: pulverizar los huesos hasta convertirlos en polvo, y hacer polvo el cuerpo completo del sujeto. Las dos imágenes son metafóricas y no deben interpretarse literalmente: articulan la disposición voluntaria del sujeto a invertir el esfuerzo físico hasta el límite operativo del propio cuerpo.

El origen budista del yojijukugo.

La genealogía del yojijukugo se remonta hasta la literatura budista Mahāyāna del periodo medieval chino, específicamente al Da Zhidu Lun (大智度論, en pronunciación japonesa Daichidoron, «Tratado de la gran perfección de la sabiduría»), comentario sistemático del Mahāprajñāpāramitā-sūtra atribuido tradicionalmente al filósofo budista Nāgārjuna del siglo II d.C. y traducido al chino por Kumārajīva durante los primeros años del siglo V.

El comentario incluye una formulación equivalente al yojijukugo posterior dentro de su exposición sobre la dimensión sacrificial del Bodhisattva —la disposición voluntaria del aspirante budista a la iluminación de invertir el esfuerzo corporal hasta el límite extremo del propio cuerpo en beneficio de los seres sintientes—.

La formulación budista original articulaba la dimensión sacrificial como virtud cardinal del aspirante budista al despertar (bodhi en sánscrito), donde la disposición de pulverizar los propios huesos y hacer polvo el propio cuerpo articulaba metafóricamente la disposición de olvidar el yo individual en beneficio de la práctica liberadora.

La transmisión cultural del yojijukugo al archipiélago japonés se produjo durante los siglos XII-XIII a través de las escuelas zen mencionadas en la primera sección del artículo, y la articulación budista original se conservó en la cultura empresarial y educativa contemporánea aunque la dimensión específicamente espiritual del concepto se ha atenuado durante los últimos siglos.

Los usos contemporáneos del yojijukugo. El yojijukugo funkotsu-saishin es operativamente utilizado en la cultura japonesa contemporánea en dos contextos principales que conviene presentar específicamente. Contexto uno: los discursos de toma de posesión.

La expresión aparece frecuentemente en los discursos de toma de posesión de cargos públicos y privados en el archipiélago, donde la persona que asume el cargo articula su disposición a invertir el esfuerzo total en el desempeño de las responsabilidades correspondientes.

La formulación canónica es 「粉骨砕身、職務に励みます」 («pulverizando los huesos y haciendo polvo el cuerpo, me esforzaré en el cumplimiento del cargo»).

Los contextos canónicos del uso incluyen los discursos de toma de posesión de los primeros ministros japoneses, los gobernadores provinciales, los presidentes ejecutivos de los grupos industriales, los directores de escuelas e instituciones académicas, los comandantes militares. Contexto dos: los votos matrimoniales.

La expresión aparece frecuentemente en los votos de los novios durante las ceremonias matrimoniales japonesas contemporáneas, donde el novio articula su disposición a proteger y mantener a la familia matrimonial con el esfuerzo total que el yojijukugo nombra. La formulación canónica es 「粉骨砕身、家族を守ります」 («pulverizando los huesos y haciendo polvo el cuerpo, protegeré a la familia»).

El uso matrimonial del yojijukugo es operativamente más tradicional que el uso de toma de posesión y ha experimentado una atenuación progresiva durante las últimas décadas debido a las críticas culturales contemporáneas sobre la articulación implícita de la familia heteronormativa tradicional que el lenguaje del voto presupone.

Las generaciones más jóvenes de novios japoneses contemporáneos utilizan frecuentemente fórmulas alternativas que articulan la disposición de esfuerzo recíproco sin la connotación específicamente masculina del funkotsu-saishin tradicional.

El equilibrio cultural con la salud y el bienestar.

Un aspecto culturalmente importante del funkotsu-saishin que merece presentación específica para el lector hispanohablante interesado, particularmente para el lector que ha pasado por experiencias análogas a las de José Antonio Larraz durante 2024, es el equilibrio operativo que la cultura japonesa contemporánea ha desarrollado entre la dimensión sacrificial del yojijukugo y la protección operativa de la salud física y mental del sujeto.

La articulación tradicional rígida del funkotsu-saishin —que la generación japonesa de la posguerra había sostenido sin matices culturales explícitos durante los años del milagro económico—

ha sido progresivamente refinada durante las últimas décadas a través de la introducción de yojijukugo complementarios que articulan los límites éticos del sacrificio personal sin contradecir la disposición básica de esfuerzo total: expresiones como 健康第一 (kenkō-daiichi, «la salud primero») y 持続可能性 (jizoku-kanōsei, «sostenibilidad operativa») se utilizan complementariamente al funkotsu-saishin en los discursos empresariales contemporáneos para articular el equilibrio cultural específico que la cultura empresarial japonesa contemporánea considera operativamente óptimo: disposición de esfuerzo total combinada con cuidado consciente de la salud personal del sujeto.

La consciencia del equilibrio ha emergido culturalmente como respuesta directa al fenómeno del karōshi mencionado en la sección anterior, y constituye una de las transformaciones culturales más operativamente significativas que la cultura empresarial japonesa contemporánea ha experimentado durante el primer cuarto del siglo XXI.

Para el lector hispanohablante que está atravesando experiencias análogas a las de José Antonio Larraz, el equilibrio cultural es operativamente prerrequisito: la disposición sacrificial del funkotsu-saishin debe ser combinada con la consciencia médica del cuidado integral de la salud que cualquier proceso de recuperación posterior a un evento catastrófico como el infarto y la quiebra empresarial exige.

Issho Kenmei: del bushidō Kamakura al japonés contemporáneo

Pasemos al sexto yojijukugo del catálogo del esfuerzo, una expresión particularmente fascinante por su evolución histórica desde el bushidō samurái medieval hasta la lengua coloquial japonesa contemporánea: 一所懸命 (issho-kenmei, «un lugar, la vida arriesgada») y su forma derivada contemporánea 一生懸命 (isshō-kenmei, «una vida entera, arriesgada»).

La estructura técnica del compuesto original.

El yojijukugo original está formado por cuatro caracteres que articulan el patrón sujeto-predicado. Primer carácter 一 (lectura onyomi ichi): el numeral cardinal «uno». Segundo carácter 所 (lectura onyomi sho, lectura kunyomi tokoro «lugar»): el sustantivo «lugar geográfico específico», con el componente semántico de la localización territorial concreta.

Tercer carácter 懸 (lectura onyomi ken, lectura kunyomi ka-keru «colgar, arriesgar»): el verbo «colgar, suspender, arriesgar», con el componente semántico de la apuesta vital donde el sujeto pone en juego un valor extremo. Cuarto carácter 命 (lectura onyomi myō, mei, lectura kunyomi inochi «vida»): el sustantivo «vida», entendida como el bien supremo del sujeto humano.

La estructura sintáctica del yojijukugo original articula la sentencia condensada «(en) un lugar (único), arriesgar la vida», donde el lugar específico funciona como objeto sobre el que el sujeto invierte el máximo compromiso vital.

El origen en el bushidō Kamakura. La genealogía cultural del yojijukugo se remonta hasta la cultura samurái del periodo Kamakura (1185-1333), específicamente al sistema operativo del bushidō Kamakura temprano que el primer shogunato militar japonés sistematizó durante los siglos XII-XIII como código deontológico de la clase guerrera emergente.

El «un lugar» específico que el yojijukugo nombra hace referencia al feudo territorial (ryōchi, 領地) que el shōgun otorgaba al vasallo samurái como recompensa por los servicios militares y administrativos prestados al régimen, y que constituía la fuente principal de los ingresos económicos del vasallo durante su trayectoria profesional.

El sistema vasallático del bushidō Kamakura articulaba el contrato deontológico específico entre el shōgun y el vasallo en términos del principio del go-on hōkō (御恩奉公, «favor recibido, servicio prestado»): el shōgun otorgaba el feudo territorial como go-on (favor recibido por el vasallo), y el vasallo correspondía con hōkō (servicio militar y administrativo prestado al shōgun) que podía incluir la disposición de arriesgar la propia vida en defensa del feudo territorial ante cualquier amenaza externa que comprometiera la integridad del régimen vasallático.

La articulación específica del issho-kenmei nombraba precisamente esta disposición: el samurái estaba dispuesto a arriesgar la vida (kenmei) en defensa del feudo territorial específico (issho) que el régimen vasallático le había otorgado.

La transición lingüística de issho a isshō. La transición operativa desde la forma original 一所懸命 (issho-kenmei) hasta la forma derivada contemporánea 一生懸命 (isshō-kenmei) se produjo durante el periodo Edo (1603-1868) a través de un proceso de erosión semántica progresiva que el lector hispanohablante interesado debe comprender para distinguir correctamente las dos formas.

La erosión semántica fue catalizada por tres factores convergentes durante el periodo Edo. Factor uno: la abolición progresiva del sistema vasallático Kamakura durante los siglos XV-XVII destruyó la referencia específica al feudo territorial que la forma original presuponía.

El régimen Tokugawa había centralizado la administración territorial del archipiélago de manera radicalmente distinta a la del bushidō Kamakura, y los samuráis del periodo Edo recibían estipendios fijos en arroz (kuramai) en lugar de feudos territoriales, lo que eliminó la referencia específica al «un lugar» del yojijukugo original.

Factor dos: la homofonía fonética entre los sustantivos issho (一所, «un lugar») e isshō (一生, «una vida entera») en la pronunciación coloquial del periodo Edo facilitó la transición léxica desde la forma original técnicamente correcta hacia la forma derivada que articulaba mejor el principio semántico generalizado.

La forma isshō (una vida entera) era más universalmente aplicable que la forma issho (un lugar específico), y permitía articular el principio del compromiso total sin presuponer el sistema vasallático medieval.

Factor tres: la democratización social del concepto durante el periodo Edo tardío y el periodo Meiji-Taishō produjo la extensión cultural del principio del esfuerzo total desde la clase samurái específica hacia el conjunto de la población japonesa, lo que requería una articulación lingüística que no presupusiera la referencia específica al feudo territorial samurái.

La situación contemporánea de las dos formas. La situación contemporánea de las dos formas en el japonés del siglo XXI está caracterizada por la dominancia operativa abrumadora de la forma derivada 一生懸命 (isshō-kenmei) sobre la forma original 一所懸命 (issho-kenmei).

Los recuentos lexicográficos contemporáneos documentan que la forma derivada representa aproximadamente el noventa y cinco por ciento del uso operativo de la familia léxica en la lengua japonesa contemporánea, mientras que la forma original se mantiene activa únicamente en contextos especializados específicos.

Los contextos especializados donde la forma original conserva uso operativo incluyen: la literatura histórica y los manuales académicos sobre el periodo Kamakura, donde la forma original es necesaria para articular la referencia histórica específica al sistema vasallático medieval;

los discursos institucionales de las academias de artes marciales tradicionales (kendō, jūdō, kyūdō, naginata), donde la conservación de la forma original articula la continuidad cultural con la tradición samurái que las artes marciales reivindican como fundamento histórico;

los textos especializados del derecho civil japonés sobre temas patrimoniales medievales que el régimen contemporáneo mantiene como referencias legales históricas (aunque sin valor jurídico operativo).

El lector hispanohablante intermedio debe internalizar la diferenciación contextual entre las dos formas para utilizarlas apropiadamente: la forma derivada isshō-kenmei en los contextos cotidianos contemporáneos (conversaciones laborales, educativas, deportivas, familiares), y la forma original issho-kenmei en los contextos formales académicos o ceremoniales que articulan referencias específicas a la tradición samurái medieval.

El uso contemporáneo de la forma derivada. La forma derivada 一生懸命 (isshō-kenmei) es operativamente uno de los términos más frecuentes del japonés cotidiano contemporáneo, presente en aproximadamente el cinco por ciento de las conversaciones laborales documentadas según los corpus lingüísticos recientes.

Los usos canónicos del término incluyen: la autoarticulación de la disposición operativa que el sujeto manifiesta ante una tarea exigente («一生懸命頑張ります», isshō-kenmei ganbarimasu, «me esforzaré con todo lo que tengo»);

la evaluación positiva del esfuerzo ajeno que el observador reconoce en otra persona («彼は一生懸命働いている», kare wa isshō-kenmei hataraite-iru, «él está trabajando con todo lo que tiene»); la invitación motivacional que el adulto dirige al niño durante los procesos educativos («一生懸命勉強しなさい», isshō-kenmei benkyō shinasai, «estudia con todo lo que tienes»).

El término funciona como fórmula motivacional cardinal de la cultura japonesa contemporánea, comparable funcionalmente a las fórmulas castellanas «hacerlo lo mejor que se puede», «poner toda la carne en el asador» o «echar el resto», aunque con la densidad cultural específica que la genealogía bushidō del concepto activa para el oyente japonés culto.

Las figuras públicas contemporáneas: Ōtani, Ichirō, Inamori

La presentación del catálogo del esfuerzo no estaría completa sin una sección específicamente dedicada a las figuras públicas contemporáneas que han adoptado expresiones específicas de la familia yojijukugo como lemas personales y que han contribuido significativamente a la articulación cultural del esfuerzo perseverante para las generaciones japonesas y, por irradiación cultural internacional, para los lectores hispanohablantes contemporáneos.

Las tres figuras paradigmáticas que merecen presentación específica son el jugador profesional de béisbol Ōtani Shōhei, el jugador profesional de béisbol retirado Suzuki Ichirō, y el fundador del grupo Kyocera Inamori Kazuo.

Ōtani Shōhei: la mandala chart del compromiso adolescente. Ōtani Shōhei —que ya mencionamos en el artículo 222 sobre kanji de nombres japoneses como articulación contemporánea del kanji 翔— constituye la figura pública contemporánea más operativamente asociada al catálogo del esfuerzo perseverante en la cultura japonesa del primer cuarto del siglo XXI.

La articulación cultural específica que Ōtani ha contribuido al catálogo deriva de la documentación de la mandala chart (マンダラチャート, mandara-chāto, también conocida como 目標達成シート, mokuhyō-tassei shīto, «hoja de logro de objetivos») que el jugador construyó cuando tenía dieciséis años durante su primer año de educación secundaria superior en la Escuela de Béisbol de Hanamaki Higashi de la prefectura de Iwate.

La mandala chart de Ōtani —que ha sido reproducida masivamente en los medios deportivos japoneses durante los últimos años como artefacto cultural ejemplar de la cultura del esfuerzo perseverante—

consistía en una matriz cuadrada de 3 por 3 celdas donde el adolescente Ōtani había articulado su objetivo central («ser drafteado en primera ronda por las ocho franquicias de la NPB japonesa») y los ocho subobjetivos que el adolescente consideró operativamente necesarios para alcanzar el objetivo central, expandiendo subsecuentemente cada subobjetivo en otra matriz de 3x3 con ocho acciones concretas específicas, generando un total de sesenta y cuatro acciones operativas que Ōtani implementó sistemáticamente durante los años subsiguientes de su carrera adolescente y juvenil.

Las acciones específicas de la mandala chart incluyen elementos técnicos deportivos (mejorar la velocidad de lanzamiento hasta los 160 km/h, desarrollar la potencia de bateo, aumentar la masa muscular), elementos físicos generales (descansar adecuadamente, alimentarse de manera equilibrada, mantener la flexibilidad articular), y elementos culturalmente notables que articulan la dimensión específicamente japonesa del concepto del esfuerzo: recoger basura del suelo (que articula la disposición de atención al detalle y la humildad operativa), saludar respetuosamente a los mayores (que articula la dimensión cultural del respeto jerárquico que la cultura japonesa contemporánea valora), mantener una actitud agradecida (que articula la dimensión cultural de la gratitud explícita hacia los compañeros, entrenadores y familiares que contribuyen al éxito personal).

La documentación contemporánea de la mandala chart de Ōtani constituye uno de los testimonios culturales más operativamente densos de la articulación japonesa contemporánea del esfuerzo perseverante, y ha sido adoptada masivamente durante los últimos años por los educadores deportivos, los entrenadores de niños y adolescentes, y los profesionales del desarrollo personal como instrumento operativo replicable para la articulación de objetivos vitales y profesionales en cualquier dominio operativo.

Suzuki Ichirō: la cita de las pequeñas acciones acumuladas. Suzuki Ichirō —jugador profesional de béisbol de la generación inmediatamente anterior a la de Ōtani, nacido en 1973 en la prefectura de Aichi, retirado en 2019 tras una carrera de aproximadamente treinta años en el béisbol profesional japonés y estadounidense con récords históricos en ambos países— constituye la segunda figura pública contemporánea operativamente asociada al catálogo del esfuerzo perseverante.

La articulación cultural específica que Suzuki ha contribuido al catálogo deriva de la cita canónica que el jugador ha repetido sistemáticamente en sus entrevistas durante las últimas dos décadas y que la cultura deportiva japonesa contemporánea ha estabilizado como fórmula motivacional cardinal: 「夢や目標を達成するには、一つしか方法がない。小さなことを積み重ねること」 (*yume ya mokuhyō wo tassei suru ni wa, hitotsu shika hōhō ga nai.

Chīsa-na koto wo tsumikasaneru koto*, «para alcanzar los sueños y los objetivos solo hay un método: acumular sistemáticamente las pequeñas acciones»).

La articulación cultural de la cita condensa filosóficamente el principio del yojijukugo no-formal 継続は力なり (keizoku wa chikara nari, «la continuidad es poder») que mencionamos brevemente en la sección sobre futō-fukutsu, y articula la disposición operativa del esfuerzo distribuido a lo largo de meses y años en lugar de los esfuerzos puntuales intensos que la cultura mediática contemporánea privilegia narrativamente.

La articulación de Suzuki es operativamente complementaria a la mandala chart de Ōtani: si la mandala chart articula la arquitectura sistemática del esfuerzo perseverante en términos de objetivos y subobjetivos jerarquizados, la cita de Suzuki articula la textura temporal del esfuerzo en términos de las acciones cotidianas pequeñas que acumulativamente producen los logros extraordinarios.

Las dos articulaciones se combinan operativamente para constituir el paradigma cultural contemporáneo del esfuerzo perseverante en la cultura japonesa del primer cuarto del siglo XXI.

Inamori Kazuo: la ecuación filosófica del éxito. Inamori Kazuo —fundador del grupo industrial Kyocera, presidente que reconstruyó el grupo Japan Airlines durante los años 2010-2013 tras la quiebra del transportista aéreo en 2010, autor cultural que mencionamos previamente en el artículo 224 como ejemplo paradigmático del lema corporativo yojijukugo (su selección del lema 敬天愛人)— constituye la tercera figura pública contemporánea operativamente asociada al catálogo del esfuerzo.

La articulación cultural específica que Inamori ha contribuido al catálogo deriva de la ecuación filosófica del éxito que el fundador formuló durante los años 1980 como articulación condensada de su filosofía empresarial y vital: 「人生・仕事の結果=考え方×熱意×能力」 («el resultado de la vida y del trabajo es igual al pensamiento multiplicado por la pasión multiplicada por la capacidad»).

La ecuación de Inamori articula tres dimensiones operativas del esfuerzo —el pensamiento estratégico, la pasión emocional, la capacidad técnica—

en una estructura multiplicativa que tiene operativamente dos consecuencias culturales importantes. Consecuencia uno: si cualquiera de los tres factores es cero, el resultado total también es cero, lo que articula la necesidad operativa de que las tres dimensiones del esfuerzo estén simultáneamente presentes para producir resultados significativos.

Consecuencia dos: si cualquiera de los tres factores es negativo (particularmente el pensamiento estratégico, que puede ser positivo cuando articula valores éticos compatibles con el bien común y negativo cuando articula valores destructivos para el bien común), el resultado total también puede ser negativo, lo que articula la necesidad operativa de la orientación ética del esfuerzo perseverante.

La articulación filosófica de Inamori es operativamente más sofisticada que las articulaciones previas de Ōtani y Suzuki porque introduce explícitamente la dimensión ética del esfuerzo, evitando que el principio del esfuerzo perseverante sea instrumentalizado para fines socialmente destructivos.

La articulación de Inamori ha sido adoptada masivamente durante las últimas décadas por la cultura empresarial japonesa contemporánea como principio ético operativo que articula la responsabilidad social del esfuerzo perseverante, y constituye una de las contribuciones culturalmente más significativas que la generación industrial japonesa de la posguerra ha legado a las generaciones contemporáneas.

Esfuerzo, Tesón, Constancia, Perseverancia: la familia léxica castellana

Cerremos la presentación cultural del catálogo del esfuerzo perseverante con la comparación contrastiva con la familia léxica castellana análoga que el lector hispanohablante interesado debe internalizar para situar correctamente el catálogo japonés en el contexto cultural occidental específico que el castellano contemporáneo articula.

La comparación es operativamente útil porque las dos tradiciones culturales codifican el principio del esfuerzo perseverante con énfasis culturalmente distintos que enriquecen mutuamente la sensibilidad del lector bicultural.

El sustantivo Esfuerzo. El sustantivo castellano esfuerzo deriva etimológicamente del verbo latino fortiare (variante medieval del clásico fortis, «fuerte»), articulando semánticamente la inversión de fuerza física o moral que el sujeto aplica deliberadamente para superar un obstáculo o alcanzar un objetivo.

El término es operativamente el más genérico de la familia léxica del esfuerzo en castellano contemporáneo, equivalente funcional al concepto japonés 努力 (doryoku, lectura mixta que combina los caracteres 努 «esforzarse» y 力 «fuerza»).

El esfuerzo castellano articula la dimensión voluntarista del compromiso sin especificar la dimensión temporal (puede ser puntual o sostenido) ni la dimensión estructural (puede ser físico, mental, emocional o moral), lo que lo hace operativamente versátil pero menos específico que algunos de los yojijukugo japoneses estudiados en las secciones anteriores.

La fórmula castellana «hacer un esfuerzo» condensa la disposición voluntarista de la inversión específica para superar una dificultad concreta.

El sustantivo Tesón. El sustantivo castellano tesón deriva etimológicamente del latín tensione, «tensión», articulando semánticamente la tensión sostenida de la voluntad que el sujeto mantiene durante períodos prolongados para alcanzar objetivos exigentes.

El término es operativamente más específico que el esfuerzo genérico porque introduce la dimensión temporal sostenida como característica distintiva: el tesón no es la inversión puntual de fuerza sino la persistencia inquebrantable durante meses, años o décadas.

La articulación cultural del tesón en castellano contemporáneo es equivalente funcional al yojijukugo japonés 不撓不屈 (futō-fukutsu) estudiado en la sección 3 del artículo, y comparte con éste la dimensión de la inflexibilidad voluntaria frente a las presiones externas que pretenden quebrantar el compromiso.

La fórmula castellana «con tesón» se utiliza adverbialmente para articular la disposición persistente que caracteriza al sujeto en el momento específico de la acción.

El sustantivo Constancia. El sustantivo castellano constancia deriva etimológicamente del latín constantia («firmeza, estabilidad»), articulando semánticamente la regularidad sostenida del comportamiento operativo del sujeto durante períodos prolongados.

El término es operativamente equivalente al yojijukugo japonés no-formal 継続 (keizoku, «continuidad») y a la articulación de 継続は力なり (keizoku wa chikara nari, «la continuidad es poder») que estudiamos como articulación cultural de Suzuki Ichirō en la sección anterior.

La constancia castellana articula específicamente la dimensión de la repetición sistemática que distingue al sujeto disciplinado del sujeto errático: no es la intensidad puntual del esfuerzo sino la regularidad estructural del comportamiento la que produce los resultados extraordinarios.

La fórmula refranera castellana «la constancia es la madre del éxito» condensa el principio cultural del esfuerzo distribuido temporalmente que ambas tradiciones —castellana y japonesa contemporánea— comparten con énfasis culturalmente específicos.

El sustantivo Perseverancia. El sustantivo castellano perseverancia deriva etimológicamente del latín perseverantia (compuesto de per- «a través de» y severus «severo, riguroso»), articulando semánticamente la continuidad rigurosa del comportamiento a través de las dificultades sucesivas que el entorno presenta.

El término es operativamente equivalente combinado de los yojijukugo japoneses 七転八起 (shichiten-hakki) y 臥薪嘗胆 (gashin-shōtan) estudiados en las secciones 2 y 5 del artículo, articulando simultáneamente la disposición de levantarse después de las caídas inevitables y la disposición de mantener el rigor operativo durante períodos prolongados de adversidad.

La fórmula refranera castellana «quien la sigue, la consigue» articula el principio operativo de la perseverancia como condición de posibilidad del logro final, en una articulación que la cultura hispanohablante contemporánea comparte estructuralmente con la cultura japonesa contemporánea aunque con énfasis culturalmente distintos.

La complementariedad cultural de las dos tradiciones. La articulación de las dos tradiciones del esfuerzo perseverante —castellana e japonesa contemporánea— constituye una de las dotaciones culturales más rentables que el lector hispanohablante bicultural puede desarrollar durante su trayectoria personal y profesional.

Las dos tradiciones no son operativamente sustitutivas sino complementarias: articulan dimensiones distintas del esfuerzo perseverante que el lector puede aplicar diferenciadamente según el contexto específico.

La tradición castellana enfatiza específicamente las dimensiones vitalmente activas del esfuerzo (la inversión de fuerza, la tensión voluntaria, la regularidad operativa, la rigurosidad procesal), mientras que la tradición japonesa enfatiza específicamente las dimensiones espiritualmente perseverantes del esfuerzo (la capacidad de levantarse después de las caídas, la voluntad inflexible frente a las presiones, la fidelidad al voto inicial, la paciencia estratégica sostenida durante años).

La integración cultural de las dos tradiciones permite al lector hispanohablante bicultural articular el principio del esfuerzo perseverante con una densidad simbólica significativamente mayor que la disponible para los lectores monoculturales, y constituye una de las ventajas culturales que la familia internacional hispano-japonesa que estudiamos en el artículo 222 (la pareja Carlos Ribera y Yuki Tanaka que ahora estudiamos retrospectivamente) puede transmitir a sus hijos como dotación bicultural compartida.

El cierre de la clase: la decisión de comprar daruma

Al final de los treinta minutos de la clase magistral en el puesto del mercado del Sensōji, sobre las diez horas y diez minutos de la mañana del primero de enero de 2026, Watanabe Iwao —septuagésimo segundo daruma-shi del distrito Tōbu de Tokio—

cierra la exposición cultural extendida que ha venido desarrollando para José Antonio Larraz Cantarero durante la última media hora con la fórmula culturalmente apropiada que el maestro artesano reserva para los visitantes extranjeros con disposición receptiva genuina: **«Señor Larraz, le he ofrecido durante estos treinta minutos una introducción cultural extendida a la filosofía japonesa del esfuerzo perseverante que articula el sustrato simbólico de las muñecas daruma que produzco profesionalmente.

Le agradezco la disposición receptiva con la que ha recibido la exposición. La decisión final sobre la adquisición de una muñeca daruma durante su visita al mercado del Sensōji es enteramente suya, y no implica obligación operativa de comprar nada.

Si decide adquirir una muñeca, le sugiero que tome unos minutos adicionales para examinar las opciones disponibles en mi puesto y en los puestos vecinos del mercado antes de tomar la decisión final.

La muñeca específica que adquiera debe resonar emocionalmente con su disposición personal específica durante el primer día del año, y esa resonancia no puede ser sustituida por la recomendación del artesano.

Le deseo un excelente primero de enero, un viaje productivo durante las próximas dos semanas, una recuperación integral de los eventos catastróficos que su familia ha mencionado discretamente al inicio de la conversación, y una nueva etapa profesional venturosa cuando regrese a la región riojana donde reside permanentemente»**.

José Antonio Larraz, que durante los treinta minutos ha experimentado la transformación cultural que el maestro artesano ha venido catalizando con notable habilidad pedagógica, agradece la generosidad expositiva con la fórmula formal correspondiente, se aleja del puesto del mercado durante aproximadamente quince minutos para examinar discretamente las opciones disponibles en el conjunto del Daruma-ichi del Sensōji, regresa al puesto de Watanabe sobre las diez horas y veinticinco minutos con la decisión final tomada, y adquiere efectivamente la muñeca daruma roja de cincuenta centímetros que había llamado su atención al inicio de la conversación, formulando al artesano la observación final que articulará el cierre del encuentro y la dirección de la disposición espiritual del comprador durante el resto del viaje: **«Maestro Watanabe, agradezco profundamente la introducción cultural extendida que ha ofrecido durante los últimos cuarenta minutos.

Acepto el regalo simbólico de la muñeca daruma como articulación visual de mi propio proceso de recuperación integral durante el año 2026 y los años subsiguientes.

Voy a pintar el ojo izquierdo de la muñeca durante esta misma noche en el hotel del barrio de Asakusa donde estoy alojado, formulando el deseo específico de la recuperación cardiovascular completa y el reinicio operativo de la actividad profesional vitivinícola durante el segundo semestre del año.

Conservaré la muñeca con un único ojo pintado en mi despacho personal de Logroño durante los meses subsiguientes a mi regreso a España, y pintaré el ojo derecho cuando los deseos formulados se hayan cumplido durante el calendario del año.

La muñeca constituirá durante los meses subsiguientes un recordatorio diario del principio cultural que usted ha articulado magistralmente esta mañana: shichiten-hakki, siete caídas, ocho levantamientos.

La filosofía japonesa del esfuerzo perseverante constituye exactamente la articulación cultural que mi proceso de recuperación integral necesitaba como complemento espiritual del tratamiento cardiológico que mi médico personal ha venido administrando durante los últimos meses.

Le agradezco profundamente la generosidad pedagógica de esta mañana del primero de enero, y le deseo a usted y a su familia profesional un año venturoso. Buen día, maestro»**.

Invitación final al lector. Cerremos el décimotercer artículo de la serie Historias de Kanji —tercero de la fase yojijukugo, dedicado monográficamente al catálogo del esfuerzo perseverante— con la invitación correspondiente al lector hispanohablante interesado en la integración cultural del catálogo a su propia trayectoria personal y profesional.

La invitación de este artículo es triple. Primera invitación: integrar los diez yojijukugo del esfuerzo que el artículo ha presentado como catálogo léxico operativo durante los próximos meses, dedicando aproximadamente quince minutos diarios a la memorización de las expresiones específicas junto con sus genealogías culturales, sus contextos canónicos de uso, y sus aplicaciones contemporáneas operativas.

La inversión cognitiva acumulada de aproximadamente quince horas durante el primer trimestre del año subsiguiente a la lectura del artículo es operativamente extraordinaria. Segunda invitación: considerar la adopción personal de un yojijukugo específico del catálogo del esfuerzo como lema vital operativo para los meses o años subsiguientes, mediante el proceso deliberativo en tres pasos que presentamos en el artículo 224 sobre la selección del zayū no mei.

Las opciones culturalmente más operativamente recomendables para los lectores hispanohablantes contemporáneos incluyen 七転八起 (shichiten-hakki) para los lectores que están atravesando procesos de recuperación posterior a eventos catastróficos como los que ha experimentado José Antonio Larraz; 初志貫徹 (shoshi-kantetsu) para los lectores que están construyendo proyectos profesionales o personales a largo plazo y necesitan articulación cultural de la fidelidad al propósito inicial; 臥薪嘗胆 (gashin-shōtan) en su articulación contemporánea reorientada para los lectores que están atravesando procesos de preparación para objetivos exigentes que requieren años de paciencia estratégica sostenida.

Tercera invitación: si el lector tiene disposición receptiva para los rituales culturales japoneses, considerar la adopción del ritual del me-ire de la muñeca daruma como articulación operativa material del compromiso con un objetivo vital específico durante el año 2026 o el año subsiguiente a la lectura del artículo.

El ritual es culturalmente accesible incluso para los lectores hispanohablantes que no han viajado al archipiélago: las muñecas daruma artesanales japonesas están disponibles en los principales mercados internacionales (Amazon, eBay, sitios web especializados de cultura japonesa) y la articulación cultural del compromiso anual con un ojo pintado constituye una de las prácticas folklóricas japonesas más operativamente replicables en el contexto vital contemporáneo del lector hispanohablante interesado.

En el próximo artículo de la serie, artículo 227, cerraremos la fase yojijukugo con la presentación sistemática de los diez yojijukugo esenciales del catálogo completo que el lector hispanohablante intermedio debe internalizar como dotación cultural mínima durante los meses subsiguientes a la conclusión de la fase yojijukugo de la serie.

El artículo articulará los diez yojijukugo en una taxonomía sistemática organizada por la categoría cultural (esfuerzo, relación, contemplación, sabiduría, advertencia), por la genealogía histórica (chino clásico, budista, japonés nativo), y por el contexto canónico de uso (empresarial, educativo, ceremonial, familiar).

El artículo 227 cerrará la fase yojijukugo de la serie Historias de Kanji y abrirá la fase final dedicada a los kotowaza (los proverbios populares japoneses) que estudiaremos durante los artículos 228 a 232 antes de cerrar definitivamente la serie completa. Nos vemos allí.

Yojijukugo del Esfuerzo: Shichiten Hakki y la Filosofía del No Rendirse